Erika Rivera · 13 de mayo de 2026
Hay cocteles que nunca pasan de moda y el Tom Collins es uno de ellos. Refrescante, ligero y perfecto para tardes calurosas, este clásico con ginebra ha sobrevivido generaciones gracias a una fórmula simple, pero efectiva: cítricos, burbujas y equilibrio. ¿Qué más se puede pedir? Aunque hoy aparece en barras clásicas y hasta las contemporáneas, su historia se remonta al siglo XIX y está rodeada de curiosidades. Hoy te cuento cómo hacerlo y su historia.
Preparación:
TIP ANIMAL: si quieres darle un twist, agrega una ramita de romero fresco y un poco de refresco de toronja.
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El origen exacto del Tom Collins sigue siendo un misterio. Una de las versiones más populares apunta a un chisme del siglo XIX, en Estados Unidos. En 1874, comenzó a circular el rumor de que un hombre llamado “Tom Collins” estaba hablando mal de otras personas en bares y cantinas. La gente preguntaba furiosa dónde estaba ese tal Tom Collins, pero ese personaje no existía. La broma se volvió tan popular que terminó inspirando el nombre del coctel.
Otra teoría señala que su antecedente es el John Collins, que en 1860 popularizó un bartender del mismo nombre y quien servía un “ponche” de ginebra holandesa tipo genever, limón, azúcar y soda, en un bar llamado Limmer’s Old House de Londres. Se cree que el nombre cambió a “Tom” porque en vez del London Dry se usaba Old Tom, una ginebra más dulce y maltosa.
Sea cual sea su origen, este coctel ayudó a consolidar la popularidad de la ginebra fuera de Inglaterra. Su perfil fácil y refrescante hizo que muchos lo vieran como una alternativa menos intensa a otras.
Sigue siendo un clásico por su sencillez. No requiere técnicas complicadas ni ingredientes difíciles de encontrar, pero logra algo que pocos cócteles hacen tan bien: ser elegante y refrescante al mismo tiempo. Y quizá por eso, más de un siglo después, sigue apareciendo en barras de todo el mundo.
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