Erika Rivera · 3 de septiembre de 2026
Jalisco tiene una expresión propia de la gastronomía mexicana, algo que se refleja en sus bebidas y platillos. Ahí nace el destilado nacional por excelencia: el tequila, pero también es la cuna de la raicilla, otra bebida con denominación de origen que ha tomado fuerza en últimos años.
Aunque hay tragos muy famosos como la Paloma y la Batanga, hay otras bebidas tradicionales que vale la pena probar en tu siguiente viaje a Jalisco. Acá te cuento de 8 bebidas que, además, son refrescantes e ideales para el calor.
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Estas bebidas son tan tradicionales que las puedes encontrar tanto en diversos establecimientos como locales, mercados y restaurantes a lo largo y ancho del estado.

Se elabora con maíz fermentado y piloncillo, y al servirse se le pone jugo de limón natural, sal en grano, lo que la hace una bebida dulce, refrescante y ligeramente ácida. En muchos lugares, en vez del jugo, se agrega una bola de nieve de limón, haciéndolo aún más único. Esta bebida reconforta en días soleados es un respiro para el alma.

Es un fermentado sin alcohol y su producción es artesanal, se incorpora agua purificada, fermento de maguey de lechuguilla y azúcar refinada, luego la mezcla se deja reposar por tres o cuatro días para su fermentación para después ser empaquetadas. Existen de diferentes sabores como las naturales, coco, naranja, fresa, manzana, uva, piña, mandarina, chicle, etc. Es muy común verlas en los municipios del sur del estado de Jalisco, enmarcados por la Sierra de Amula.

Este licor se elabora con jugo de granadas agrias, azúcar, un poco de agua y tequila o mezcal, para después embotellarlo y así poder empezar el proceso de fermentación. Al ser una bebida artesanal, el sabor es único y se caracteriza por su ligera acidez. Además de ser una bebida tradicional es refrescante, ya que sirve frío. En Colima hay una bebida similar, pero que hacen con tuxca.

Es un coctel hecho a base de jugo de naranja, limón, granadina y cubos de frutas frescas como piña, sandía, melón, papaya, fresas, plátano, naranja y jícama. Para terminar se le añade sal y chile piquín o chamoy, para realzar sus sabores refrescantes. Además de ser una bebida es un postre típico de los jaliscienses. Obvio lleva cucharita para comerte las frutas.

Es un coctel picante servido en una bolsa con popote. Lleva jugo de limón y naranja, refresco de toronja, sal, tequila y sangrita casera, la cual se prepara mezclando jugos de naranja y de jitomate, chile, limón, sal y salsa picante. Son ideales para convivir con amigos en una tarde calurosa acompañada de botanas. También se pueden consumir sin alcohol. Los puedes encontrar en San Luis Soyatlán en el municipio de Tuxcueca, Jalisco.
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Es una bebida que se acostumbra en las mañanas del campo jalisciense: el chorro a presión de la leche bronca —que sale a la temperatura perfecta del cuerpo de la vaca— funciona como un espumador natural de alta velocidad. Esto crea una emulsión inmediata con el chocolate, el café y el alcohol de caña, dando como resultado un elixir ultracremoso, con una espuma densa y tibia que equilibra perfectamente la potencia del destilado con el dulzor del cacao. Disfrútalo del campo a la mesa en las rancherías del interior del estado. Aquí te cuento más curiosidades sobre el pajarete.

Quizá los Cantaritos y las Cazuelas sean las más conocidas de la lista, por eso las dejamos al final. Se originaron en el municipio de La Barca, Jalisco, pero El Parián de San Pedro Tlaquepaque las volvió famosas. Se hacen con tequila, refresco de toronja, jugo de naranja y limón, mucho hielo y rodajas de cítricos. Su nombre se debe al recipiente en el que se sirve, literalmente una cazuela de barro. Su frescura y su sabor cítrico calma de inmediato la sed y se han vuelto el acompañante perfecto para antojitos regionales. Disfrútalas al realizar un viaje colonial por las calles adoquinadas y andadores llenos de artesanías de Tlaquepaque.

Esta bebida es sinónimo de cultura y la tradición jalisciense y tiene una preparación parecida a las Cazuelas, ya que tiene tequila, jugo de naranja, toronja y limón, refresco de toronja y un toque de sal. El secreto de su frescura es que se sirven en jarritos de barro rojo, que le dan ese toque terroso. Generalmente, la orilla lleva chamoy, chile piquín o sal, y una rodaja de naranja como garnitura. El mejor lugar para degustarlos es en Amatitán y Tequila, mientras recorres los campos de agave azul y las destilerías más antiguas de la región.
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