Erika Rivera · 30 de abril de 2026
En una ciudad donde las barras compiten por sorprender, Long Story Short apuesta por algo más ambicioso que buenos drinks: contar historias profundas en cada trago. Y su nuevo menú de coctelería lo deja claro desde el primer sorbo.
Ubicado en el corazón de la Ciudad de México, este bar se ha consolidado como un spot para quienes buscan una experiencia más sensorial que fiestera: luz tenue, diseño cuidado, música bien curada y una barra donde el detalle importa tanto como el destilado.

La edición más reciente de su carta, creada por los bartenders Ramón Tovar y Natalia Soto, gira en torno a las “Frecuencias” y la sinestesia… ese mágico atributo de saborear y estimular todos nuestros sentidos al grado que se confunden las percepciones. La idea es simple pero sugerente: cómo vibramos al interior y cómo hace sinergia con algo más universal.
Los 18 cocteles se dividen en tres momentos: Melodías suaves, Notas graves y Tempo alto, cada uno 6 tragos que reflejan su naturaleza. Melodías suaves se compone por City Pop, Melody and Silence, Pretty Mama, Valiente, Low Tide y Reflexión, y son composiciones con sabores equilibrados, justos, que no irrumpen y que se van integrando en capas discretas, frutales, florales o cremosas. En Notas graves (con los cocteles Olvidarte, nunca; Time to time; Mantra; Historia de un amor; Hidden y My everything) se juega con lo complejo, apostando por los toques amargos, umami, especiados y ahumados, que dejan un eco largo y honesto desde el primer sorbo. Por su parte, Feels good, Pero te encontré, Neon Lights, Give, A Devil Out of me y El Rey laten en Tempo alto, donde la acidez y la frescura despiertan el paladar y marcan el ritmo de lo que viene después.
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Detrás de la cocina está la chef Ximena Aréchaga, quien propone un menú diseñado para acompañar la experiencia líquida sin robarle protagonismo. La lógica es clara: platillos al centro, ingredientes de temporada y combinaciones que juegan con textura y contraste. La propuesta funciona especialmente bien en grupo: pides varios platos, pruebas distintos cocteles y dejas que la mesa se convierta en una conversación larga. Sin prisas, como debería ser.
Long Story Short no es un lugar para shots rápidos ni para música estridente. Es un bar para ir con tiempo, para poner atención a lo que estás bebiendo y para dejarte llevar por una narrativa poco común en la escena local contemporáneas que elevan ingredientes aparentemente simples. No es coctelería pretenciosa, pero sí pensada.
Ubicación: Londres 178, Juárez
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