Itzaxaya Campos · 11 de julio de 2025
El Gobierno de Querétaro propuso desarrollar el proyecto del sistema El Batán, con el que busca reutilizar las aguas residuales tratadas para consumo humano, en actividades domésticas y uso personal, aunque especialistas explicaron que esta agua no es apta para ese fin.

La iniciativa establece que se cumplirá con las Normas Oficiales Mexicanas (NOM) que regulan la calidad del agua para consumo humano. Sin embargo, especialistas y activistas ambientales advierten que estas normativas técnicas están obsoletas porque no contemplan la presencia de muchos contaminantes emergentes.
“Tal y como se presenta el proyecto por parte del gobernador de Querétaro no es posible utilizar aguas residuales tratadas para consumo humano”, aseguró Teresa García Gasca, doctora en Ciencia de los Alimentos y exrectora de la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ).
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Además, actualmente -advirtió la docente-, el agua potable que beben los mexicanos deja pasar contaminantes emergentes que no han sido detectados y regulados.
La iniciativa fue enviada por el gobernador Mauricio Kuri el pasado 3 de junio al Congreso estatal y está pendiente de aprobarse. Este proyecto contempla una inversión total de 35 mil 722 millones 384 mil 982 de pesos para regenerar aguas residuales y plantea un esquema de asociación público-privada durante 30 años.
El 17 de junio el secretario de Finanzas estatal, Gustavo Leal Maya, presentó ante comisiones los detalles financieros del proyecto. Ante las dudas sobre la seguridad de potabilizar aguas residuales tratadas, organizaciones civiles convocaron a un foro ciudadano y académico el 22 de julio.
Para analizar el proyecto, también activistas y organizaciones como Bajo Tierra Museo del Agua y Awita Vida y Territorio solicitaron una audiencia pública con el gobernador a través de la recolección de más de 600 firmas ciudadanas.
Saúl Acevedo, ingeniero Químico Ambiental e integrante del colectivo Vocer@s de la Madre Tierra, dijo que se busca lograr justicia hídrica en el control de los pozos de la entidad: “La propuesta es mejor darle a las empresas esta agua tratada que no va a tener impacto directo en la salud humana”.
Las aguas residuales son aquellas que derivan de alguna actividad humana, doméstica, comercial, hospitalaria, industrial, agropecuaria, entre otras. Es decir, las aguas residuales tratadas son el resultado de un proceso de eliminación de componentes químicos, físicos o microbiológicos.
Una vez que las aguas residuales entran a plantas tratadoras, pueden ser aptas para un segundo uso, pero no para el consumo humano. Por ejemplo, son adecuadas para el riego, la limpieza de calles o en la industria como agua de refrigeración.
Para consumo humano se considera únicamente el agua destinada a beber, cocinar, bañarse o lavar trastes y ropa. Todo aquello que entra en contacto directo con la piel, la boca o el cabello.
Según el proyecto, el proceso del sistema El Batán iniciará con la recolección de agua en dos plantas de regeneración -en la Planta Sur y en la planta de San Pedro Mártir-, posteriormente llegará a un humedal para su filtrado natural y continuará con el almacenamiento en una presa, donde se mezclará agua residual con agua de lluvia durante 35 días.
Este procedimiento prevé que tanto el agua residual tratada como el agua de lluvia siga su proceso biológico y pase por una nueva planta potabilizadora que se construirá en Arroyo Hondo, en el municipio de Corregidora, para después distribuirla en las redes de suministro del estado, incluido el doméstico.
La presa El Batán será el sitio en el que se pretende vaciar los afluentes de las plantas tratadoras. Esta presa está ubicada en el municipio de Corregidora, en la zona metropolitana de Querétaro.
“Los humedales son bioprocesos de purificación de agua, pero no quiere decir que ya purifiquen el agua para consumo humano”, detalló Teresa García Gasca.
La ingeniera Bioquímica Industrial explicó que existen varios procesos para potabilizar el agua, como osmosis inversa, filtros por membranas o ultrasonificación. No obstante, aclaró que México todavía no tiene ni experiencia ni tecnología ni legislación específica sobre el tratamiento de aguas residuales para consumo humano, a diferencia de otros países.
“Incluso las plantas más avanzadas de México, la de Atotonilco, por ejemplo, que es la más grande de América Latina, no potabiliza agua para consumo humano, simplemente trata agua para otros destinos”, agregó.
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La planta de tratamiento de aguas residuales de Atotonilco, situada en Hidalgo, se considera la más grande de Latinoamérica por su superficie de 161 hectáreas y una capacidad de saneamiento de 35 metros cúbicos por segundo y hasta 50 metros cúbicos por segundo en temporada de lluvia.
Esta planta se encarga de tratar el 60 por ciento de aguas residuales de Ciudad de México y Estado de México. Se coloca por encima de plantas en Chile, Nicaragua y Bolivia, todas con capacidad de tratar agua en metros cúbicos por día.
Hasta 2023, la Comisión Nacional del Agua (Conagua) registró 2 mil 928 plantas de tratamiento de aguas residuales en operación en todo el país. Estas aguas residuales tratadas se utilizan en la agricultura, construcción, lavado de autos y calles, baños públicos, control de incendios, cementerios, entre otros, pero no para consumo humano.
Saúl Acevedo explicó que el agua potable que se consume en México se obtiene de fuentes subterráneas que han pasado por un proceso de limpieza natural, a diferencia de las aguas residuales: “Incluso en estos pozos hay presencia de contaminantes emergentes”.
La iniciativa para el proyecto El Batán plantea el cumplimiento de cuatro Normas Oficiales Mexicanas de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) y de la Secretaría de Salud (Ssa).
Entre las que está la NOM-127-SSA1-2021, que indica los límites permisibles de la calidad del agua para uso y consumo humano, los cuales están basados en parámetros microbiológicos, químicos, compuestos orgánicos e inorgánicos y radiactivos.
Pero también puntualiza que no debe haber agua residual tratada en los sistemas de abastecimiento y define que el agua para uso y consumo humano es “toda aquella que no causa efectos nocivos a la salud y que no presenta propiedades objetables o contaminantes en concentraciones fuera de los límites permisibles y que no proviene de aguas residuales tratadas”.

Esto, para Teresa García Gasca, es una disposición “completamente desfasada de las normativas internacionales” como la Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos (EPA, por sus siglas en inglés) que sí incluye el estudio sobre la presencia de contaminantes emergentes tanto en las aguas residuales de entrada como en el agua potable de salida.
A diferencia de la NOM-127-SSA1-2021 que no incorpora la detección y la eliminación de todos los contaminantes emergentes que existen en México.
“La norma 127 no puede garantizar que las aguas tratadas estén libres de muchos contaminantes que incluso la misma norma no identifica”, manifestó la investigadora.
El proyecto El Batán prevé, sin la necesidad de nuevas fuentes de agua, cubrir el 36 por ciento de la demanda de agua potable prevista para 2050 en Querétaro, pero cómo se cumplirá con la NOM-127-SSA1-2021 aún no es claro.
En un video publicado en la página oficial del proyecto se estipula que las aguas servidas (o captadas) se tratarán en las plantas de regeneración Sur y San Pedro Mártir. Se consultó al gobierno del estado sobre la estrategia para que el proyecto se ajuste a la norma, pero no se ha recibido respuesta.
“Finalmente, 1.800 litros de agua por segundo ya purificada se distribuirán a la zona metropolitana de Querétaro para el consumo humano, cumpliendo con las estrictas normas mexicanas del agua, garantizando un suministro seguro para los habitantes de la región”, narra un video oficial del proyecto.
Otra norma que menciona el proyecto es la NOM-001-SEMARNAT-2021 que establece los límites permisibles de contaminantes en las descargas de aguas residuales a cuerpos naturales receptores como ríos, lagos o mares.
“Esta norma 001 no cumple con los parámetros necesarios para poder potabilizar en términos de lo que se considera un agua residual, son aguas tratadas. Ninguna de las normas establece que estas aguas sean aptas para ser potabilizadas para consumo humano”, destacó.
Para la especialista de la UAQ, las normas mexicanas están limitadas porque no regulan contaminantes emergentes y, por lo tanto, no tienen forma de medirlos para garantizar la calidad del agua, por lo que propone una actualización con estándares internacionales: “El problema es que la norma 127 por sí misma es obsoleta”.
Saúl Acevedo coincide en que el Gobierno de Querétaro está implementando una estrategia técnica para “hacer pasar agua como si fuera de fuentes naturales”, cuando en realidad el agua que llega a la Planta Sur y a la planta de San Pedro Mártir proviene de los desechos de industrias y hogares.
“Existe este riesgo de que sabemos que no se va a poder remover todos los contaminantes y ni siquiera se van a monitorear porque se limitan a la NOM 127”, comentó el ingeniero.
La investigadora de la UAQ señaló que “el agua potable que bebemos en México deja pasar contaminantes emergentes porque no se están regulando”. Esto significa que puede contener residuos de drogas de abuso, antibióticos, hormonas, microplásticos, disruptores endocrinos o metales pesados y productos de cuidado y de higiene personal que son dañinos para la salud.
Se trata de contaminantes emergentes para los cuales México no tiene análisis de cuantificación y tampoco los ha catalogado para poder eliminarlos de las aguas residuales: “Ni siquiera sabemos qué tipo de contaminantes se vierten al agua”.
El Instituto Mexicano de Tecnología del Agua (IMTA) realizó en 2014 estudios preliminares sobre la detección de contaminantes emergentes en las aguas residuales de México, pero halló que su depuración no es completa y a pesar de que existen nuevas tecnologías de mayor eficacia para su detección y eliminación su costo de adquisición y manejo es alto.
La especialista en Biomedicina apuntó que el principal problema técnico del proyecto de El Batán es que ninguna de las normas mexicanas establece los límites máximos permitidos de una gran cantidad de compuestos emergentes que están presentes en las aguas residuales.
“El proyecto (El Batán) lo que propone es hacer un concentrado de aguas residuales con una mayor concentración de contaminantes emergentes, o sea, es incrementar el riesgo por muchas veces”, afirmó García Gasca.
Aseveró que, de origen, no se identificó que era necesario eliminar los compuestos emergentes presentes en el agua, “no se conoce exactamente qué compuestos emergentes contiene el agua residual que están pensando utilizar. Están pensando realmente utilizar agua prácticamente del drenaje, de las que llegan a las plantas tratadoras de origen”.
Pese a que otros países ya tienen experiencia en el tratamiento de aguas residuales y se ajustan a las normas internacionales, no todos ocupan esa agua para el consumo humano, sino para otras actividades como la agricultura.
“Algunos otros países, no muchos, ya tienen experiencias sobre el tratamiento de aguas residuales, no de cualquier fuente, sino de determinadas aguas residuales para su potabilización”, añadió la académica de la UAQ.
Los países que utilizan las aguas residuales tratadas son Singapur -con un avanzado sistema llamado NEWater-, Estados Unidos, Israel y algunos miembros de la Unión Europea. Namibia fue el primer país en implementar el consumo humano, cuyos habitantes hacen uso de las aguas residuales tratadas mediante un proceso directo en la planta potabilizadora de Windhoek.