Emilio Flores Escalona · 11 de enero de 2026
El término queerbaiting proviene de queer —un concepto que engloba identidades sexuales y de género fuera de la heteronorma y la cisnorma— y baiting, que significa “carnada”. Sin embargo, se trata de una estrategia para insinuar diversidad de manera superficial o ambigua, pero sin representarla de forma explícita ni transformadora.
Nala Xr (Alan Xavier), vicepresidente de Plural Ibero, asociación estudiantil para la diversidad en la Universidad Iberoamericana, explica a El Sabueso los riesgos de esta práctica para la comunidad queer: “El peligro del queerbaiting es que parece que hay un avance, pero realmente mantiene todo en el mismo lugar. Es decir, no censura lo queer, pero sí lo diluye”.
El queerbaiting se presenta cuando personas, instituciones o narrativas que no pertenecen a la diversidad ocupan espacios destinados a ella. Por ejemplo, los investigadores Juan-José Sánchez-Soriano y Leonarda García-Jiménez analizaron los éxitos cinematográficos de la última década como Star Wars, Thor y La Bella y la Bestia, y durante su investigación encontraron que se eliminó cualquier mención explícita a la diversidad sexual, pese a haber sido promocionados como películas inclusivas.
Además, los pocos personajes LGTB+ aparecieron de forma estereotipada y como antítesis del héroe o heroína heterosexual.
La investigación titulada La construcción mediática del colectivo LGTB+ en el cine blockbuster de Hollywood concluye: “Su objetivo es limpiar su imagen ante acciones negativas, como las denuncias que desde 2013 viene haciendo la asociación GLAAD (Alianza de Gays y Lesbianas contra la Difamación) en sus informes anuales debido a la falta de diversidad sexual en los largometrajes tipo blockbuster”.
En la práctica, el queerbaiting ofrece una representación a medias: suficiente para atraer legitimidad social o atención mediática, pero insuficiente para generar cambios reales. Se capitaliza lo queer sin asumir los costos políticos, sociales o culturales que implica reconocerlo plenamente.
Vero Amadeu, presidenta de la sociedad estudiantil Plural Ibero, lo resume así: “Al final es una manera de dar una falsa representación de las personas y las identidades que entran dentro de la comunidad del LGBT para decir ‘No somos parte de una heteronorma, pero no vamos a incomodar a la heteronorma’”.
El pinkwashing suele referirse al uso superficial de símbolos de la diversidad, como la bandera arcoíris, campañas publicitarias o mensajes institucionales, para mejorar la imagen de marcas, gobiernos o empresas, sin que esto se traduzca en políticas reales de inclusión o respeto a los derechos humanos.
El queerbaiting, en cambio, opera a un nivel más profundo. No se limita a la imagen institucional, sino que atraviesa narrativas, políticas públicas, espacios educativos y discursos de poder, donde la diversidad se menciona, pero queda vacía de contenido político y transformador.
El queerbaiting no se limita a piezas de entretenimiento, sino que también aparece en espacios políticos. En este contexto surge lo que activistas denominan como agenda arcoíris: un conjunto de discursos, programas o espacios institucionales que incorporan la diversidad sexogenérica como un eje formal, pero que muchas veces priorizan la representación simbólica sobre la transformación real.
Andrea Alegría, activista comunitaria en temas de diversidad sexual, lo explica así: “La agenda arcoíris son espacios políticos que buscan cierta representación de la diversidad sexogenérica. El problema es que muchas veces personas que no pertenecen a la diversidad toman esos espacios para apoderarse de esos puestos”.
Una de las características centrales del queerbaiting es que personas que no pertenecen a la diversidad ocupan los espacios creados para ella, ya sea en cargos políticos, representación mediática o liderazgos.
La problemática aquí surge porque las identidades sexogenéricas no se pueden comprobar de manera objetiva y, a partir de ello, el sistema permite que la diversidad se convierta en un requisito administrativo, más que en una experiencia vivida.
En las elecciones estatales de 2024 en Michoacán, por ejemplo, al menos ocho hombres registrados como candidatos bajo la acción afirmativa de diversidad sexual y autodenominados mujeres trans ganaron puestos municipales. El caso derivó en investigaciones por usurpación de cuota LGBT+ ante las autoridades electorales.
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