Daniel Medrano · 7 de julio de 2026
El Programa de Investigación de Aurora Activa de Alta Frecuencia (conocido mejor como Proyecto HAARP, por sus siglas en inglés) ha sido vinculado, por medio de redes sociales, con diferentes teorías que han desinformado a los usuarios.
Cada que ocurre un desastre natural, como sismos, terremotos, huracanes o incluso fuertes lluvias, es común encontrar en redes sociales publicaciones en donde se señala que el Proyecto HAARP es el responsable de esto, ya que se menciona que tiene la posibilidad de controlar el clima.
No todo se queda en el control del clima, sino que en ocasiones también se le ha atribuido al proyecto científico la habilidad para controlar las mentes, teoría que se ha difundido sin ningún tipo de fundamento científico.
Se trata de un programa de investigación científica dedicado al estudio de la ionosfera, la capa más alta y ionizada de la atmósfera terrestre, así como de la termosfera, la cuarta capa de la atmósfera terrestre.
La sede del proyecto se ubica en Gakona, en el estado de Alaska, Estados Unidos. Es operado desde el año 2015 por la Universidad de Alaska Fairbanks (UAF), sin embargo, originalmente fue desarrollado desde los años noventa por la Fuerza Aérea y la Marina de Estados Unidos, así como por la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzados de Defensa (Darpa) y la universidad antes mencionada.
De acuerdo con el propio proyecto, la ionosfera es una capa de la atmósfera —ubicada entre los 60 y más de 500 kilómetros de altura— llena de partículas cargadas de electricidad –electrones e iones–. Debido a esta carga, las ondas de radio pueden interactuar con ella. Lo que hace HAARP es lanzar ondas de radio para calentar esos electrones y provocar pequeñas alteraciones, imitando lo que hace la propia naturaleza.
En este sentido, mientras los fenómenos naturales ocurren de forma caótica e impredecible, HAARP permite a los científicos decidir exactamente cuándo y dónde crear estas alteraciones. Así pueden estudiar sus efectos con precisión y repetir los experimentos las veces que sea necesario para comprobar sus resultados.
Las investigaciones de este programa avanzan a través de dos momentos, la primera es la etapa activa y la otra es la etapa pasiva. La fase activa se caracteriza por el uso de un “instrumento de investigación ionosférica”, un complejo tecnológico de 180 antenas que emite ondas electromagnéticas hacia las capas más altas de la atmósfera. Al ajustar estas ondas a una frecuencia particular, se consigue que las partículas de la ionosfera vibren con mayor intensidad y aumenten su calor.
“El Instrumento de Investigación Ionosférica (IRI) es un transmisor de alta potencia que opera en el rango de alta frecuencia. El IRI se puede utilizar para excitar temporalmente un área limitada de la ionosfera con fines de estudio científico”, explica el propio proyecto en su sitio web oficial.
A través de transmisores de alta frecuencia, HAARP calienta regiones específicas de la ionosfera para observar sus reacciones. Los métodos tradicionales –como cohetes sonda o satélites– tardan meses o años en recolectar datos porque dependen de que las condiciones espaciales ocurran por azar, además de que es difícil coordinar el paso de los satélites con el fenómeno a estudiar.
En este sentido, el proyecto elimina dicha barrera al permitir experimentos controlados y al instante. Con esta tecnología, los investigadores pueden crear estructuras de plasma artificiales, transformar la ionosfera en una antena emisora de ondas de baja frecuencia y generar débiles destellos luminosos similares a una aurora boreal.
Pese a las teorías que circulan en redes sociales sobre este proyecto, han declarado que no se trata de un trabajo que esté bajo el estatus de “clasificado”, ya que entre 1992 y 1993 se realizó un Estudio de Impacto Ambiental (EIA) de conformidad con la Ley Nacional de Política Ambiental y los documentos del proceso de evaluación son de dominio público.
Un proyecto clasificado es cualquier estudio, operación, desarrollo tecnológico o documento gubernamental cuyo acceso está estrictamente restringido por la ley debido a que su divulgación podría poner en riesgo la seguridad nacional o los intereses estratégicos de un país.
Debido a que la estación de HAARP opera con un equipo de personal muy reducido, no es posible ofrecer recorridos turísticos o visitas guiadas todos los días, no obstante, la Universidad de Alaska Fairbanks tiene la tradición de organizar una jornada de “puertas abiertas” una vez al año, un evento público donde cualquiera puede entrar a recorrer las instalaciones y conocer de cerca el trabajo de los científicos, de acuerdo con información del sitio web del proyecto.
Una de las desinformaciones más populares con respecto a este proyecto son en relación con el cambio climático y con desastres naturales, ya que a lo largo de los años se ha difundido en redes sociales que por medio de HAARP, los científicos pueden alterar el clima.
El Sabueso verificó recientemente publicaciones que se viralizaron en redes sociales en donde se mencionaba que, Irán había bombardeado bases del proyecto HAARP ubicadas en Emiratos Árabes y que después de esto, tras años de sequía, comenzó a llover en territorio iraní.
La idea anterior refiere que, debido al ataque de Irán, el proyecto generó cambios climáticos para que lloviera en el país del Medio Oriente, sin embargo, es completamente falso.
Es cierto que llovió en Irán, pero no fue por influencia externa o por algún control del clima, en realidad la Organización Meteorológica Mundial ya había pronosticado previamente lluvias moderadas, localmente intensas y tormentas eléctricas, así como posibles inundaciones repentinas”, en dicho país.
Debido a la ola de desinformación con respecto a la relación entre el proyecto y el cambio climático, el propio equipo de HAARP ha aclarado que no hay forma de controlar el clima mediante sus actividades, ya que las ondas de radios en los rangos de frecuencia que transmiten no son absorbidas ni en la troposfera ni en la estratosfera, las dos capas de la atmósfera que generan el clima terrestre, es decir, no existe interacción.
Añade que si las potentes tormentas ionosféricas provocadas por el Sol son incapaces de alterar el estado del tiempo en la superficie, HAARP tampoco puede hacerlo. La razón es que estas reacciones electromagnéticas solo suceden en la ionosfera, una zona enrarecida y con baja densidad de aire ubicada a más de 60 kilómetros de altura. Esta capa, cargada de partículas eléctricas, es un subproducto directo de la radiación solar al impactar contra los límites exteriores de la atmósfera, un entorno completamente ajeno a la lluvia o los vientos terrestres.
El medio de verificación Chequeado, que también es integrante de la Red Internacional de Verificación de Datos, también ha señalado en más de una ocasión que la desinformación sobre el vínculo entre HAARP y el cambio climático se remonta a más de una década, tachandola de “teoría conspirativa”.
Chequeado al igual que El Sabueso, ha desmentido en diferentes ocasiones que el proyecto de investigación cause terremotos, sismo, tormentas, huracanes o cualquier desastre natural. El resultado al que siempre ha llegado el medio de verificación en torno a las diferentes premisas que circulan es que son insostenibles científicamente.
Otros de los eventos específicos con los que se ha relacionado al proyecto es con el sismo de Haití en 2010, con el impacto del huracán Otis en el Puerto de Acapulco en 2023 y con el terremoto y tsunami ocurrido en Japón en 2011.
La desinformación que se concentra en plataformas digitales sobre el proyecto científico no solamente se ha potencializado en temas relacionados con el clima, sino que también se ha asegurado que tiene la posibilidad de controlar las mentes humanas.
Sin embargo, el proyecto HAARP ha mencionado que el campo de la neurociencia –estudio científico del sistema nervioso– es llevado a cabo por profesionales médicos y que sus investigadores no tienen conocimiento sobre esta rama.
De acuerdo con la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) no es posible actualmente controlar de manera absoluta la mente humana, pero la ciencia sí permite influir, manipular y modificar la actividad cerebral mediante tecnología, psicología y persuasión social.