Jennifer Flores · 6 de marzo de 2026
¿Y si el verdadero plot twist del libro lo escribieran las voces que durante años te dijeron que no existían? ¿Qué ocurre cuando te encuentras con un texto que te vuela la cabeza y está escrito por una mujer? Ahí empieza la conversación, en la necesidad de hablar de autoras.
Aunque cada vez más mujeres escriben y publican, su trabajo continúa recibiendo menos visibilidad y reconocimientos. Desde la creación del Premio Nobel de Literatura en 1901, únicamente 18 de los galardones se han otorgado a mujeres, es decir, solo 15.25 % de 118 reconocimientos en más de un siglo; a esto se suma que los libros escritos por autoras tienen menos probabilidades de ser reseñados en medios culturales influyentes, lo que limita su circulación e impacto, según un artículo de ScienceDirect.
La discusión sobre la importancia de leer autoras está atravesada por frases que aparentan neutralidad, pero que en realidad reproducen desigualdades estructurales. Expresiones como “la buena literatura no tiene género” y “ya existe igualdad” se repiten sin considerar que, históricamente, las autoras fueron excluidas del canon, de los programas de estudio y del reconocimiento literario
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Para desmitificar estas frases, El Sabueso, la unidad de verificación de desinformación de Animal Político, entrevistó a editoras y autoras mexicanas como Dahlia de la Cerda, Andrea Chapela, Lydiette Carrión, Esther M. García y Arianna Aquino.
Se dice que “la literatura escrita por mujeres es solo para mujeres”, pero en realidad aborda temas universales como el amor, la muerte y la memoria que pueden impactar a las personas lectoras sin importar su género. Desde un extremo puedes leer “La novela del verano” de Emily Henry, que cuenta la historia de amor entre dos adultos con metas propias, y desde otro a Fernanda Melchor con “Aquí no es Miami”, un libro en el que narra la realidad del puerto de Veracruz, México, durante la llamada guerra contra el narcotráfico.
También es común escuchar que “las autoras solo escriben desde su experiencia personal” o que “su literatura es menor o de nicho”, pero estos son prejuicios que ignoran la imaginación, la investigación y la construcción literaria que sostienen sus obras como las de cualquier otro autor, coinciden las entrevistadas. “Usualmente, en el canon literario, se suele catalogar a la literatura escrita por mujeres como un producto cultural menor, cuando no necesariamente es así. Existe una predisposición a juzgarla como algo menor”, señala Lydiette Carrión, periodista y escritora.
“Las autoras escriben principalmente novela rosa”. Falso, su escritura abarca diversos géneros como el ensayo, el terror, la novela policíaca, la crónica y la ciencia ficción. Andrea Chapela, escritora y química, explica en entrevista con El Sabueso que hay temas como la maternidad que los hombres no pueden narrar desde la experiencia corporal o fisiológica, “y aunque el oficio de escribir implica imaginar más allá de lo vivido, sus aproximaciones suelen quedarse cortas”.
“Pienso en un cuento de Carmen María Machado titulado ‘La puntada del marido’, donde habla de una práctica médica que consiste en ‘cerrar’ a las mujeres después del parto. Es un texto con tintes de horror, pero lo verdaderamente terrorífico es que es —y ha sido— una práctica real y normalizada. Yo no tenía idea de que eso existía hasta que lo leí ahí. Probablemente es una experiencia sobre la que la literatura escrita por hombres prácticamente no había hablado”, ejemplifica Chapela.
Otro mito que desacredita su trabajo y talento es aquel que asegura que “si una autora destaca es por cuotas o corrección política”. La realidad es diferente. Por ejemplo, Aura García Junco, escritora, poeta visual, traductora y narradora, está entre las y los cinco finalistas del Premio Ribera del Duero —un prestigioso certamen bienal internacional que premia al mejor libro de cuentos inédito en español— con su libro “El fin del mundo (y otras utopías)”.
Además, en 2024, la escritora Cristina Rivera Garza ganó el Premio Pulitzer 2024 en la categoría Memoria o Autobiografía con su libro “El invencible verano de Liliana”, una obra de no ficción que investiga y honra la vida de su hermana, Liliana, víctima de feminicidio en 1990. Con este título también obtuvo reconocimientos como el Premio Rodolfo Walsh 2022, el Premio Xavier Villaurrutia de Escritores para Escritores 2021 y el Premio Mazatlán de Literatura 2022.
“¿La literatura escrita por mujeres es repetitiva?”. No, en realidad esta frase asume erróneamente que las autoras conforman un bloque homogéneo. La argentina Mariana Enríquez mezcla en sus textos lo fantástico con el realismo social, mientras que la estadounidense Sylvia Plath escribía sobre temas considerados íntimos como la muerte, la maternidad como un “encierro” o las limitaciones sociales impuestas a las mujeres. En tanto, la irlandesa Sally Rooney crea novelas contemporáneas centradas en las relaciones afectivosexuales y la amistad entre jóvenes adultos.
Otro ejemplo, son los títulos de la mexicana Lydiette Carrión, autora de “La fosa de agua” —sobre los feminicidios y desapariciones en el Río de los Remedios— y “Feminicidio mítico”. En entrevista explica que, durante la escritura de su última obra, buscó bosquejar cómo los productos culturales han convertido a la violencia de género en un objeto de consumo. “Es una práctica que hemos visto desde hace años, algunos de los cuentos de Edgar Allan Poe estuvieron basados en feminicidios como ‘El gato negro’, siempre ha habido esta correlación que me parece más explícita cada vez y que, en estos momentos específicos, es una problemática por la mediatización de los hechos”.
Además, muchas escritoras han sido radicales, experimentales y disruptivas al escribir sus obras, Dahlia de la Cerda es una de ellas. La activista y autora de “Medea me cantó un corrido” y “Perras de reserva” cuenta sus historias con modismos del español mexicano, contextos tercermundistas y crónicas que nacen de lo que ve en la calle y en su comunidad, sin suavizar para “agradar”; por lo que decir que “el lenguaje de las autoras es más ‘suave’ o menos arriesgado” es falso.
“Amo crear mundos narrativos, hacer que la gente piense en temas importantes como el reclutamiento forzado de jóvenes e infancias me parece tan rescatable”, comenta en entrevista con El Sabueso. Dahlia también afirma que la narrativa es su propio caballo de troya, pues “la gente piensa que va a leer un cuento o una novela y ¡traka! cuando menos se dan cuenta están empatizando con la historia de un hombre que vive sumido en un contexto de violencias estructurales, como muchos en este país.”
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Durante muchos años —pareciera que desde siempre— el patriarcado ha abarcado a la sociedad, pues los hombres ocupan mayormente las posiciones de poder y decisión en cientos de temas, incluida la literatura, asegura Arianna Aquino, editora de “Nuestras Resistencias. Escritoras que nos vuelan la cabeza”, una antología interactiva que homenajea al legado de las mujeres en la literatura y el feminismo en México.
Desde pequeña, Arianna ama leer terror, pero las historias escritas por hombres sobre estos temas no le provocaban miedo. Fue hasta la preparatoria que una profesora les recomendó leer a Amparo Dávila, pionera mexicana de la literatura fantástica. “Fue un shock, descubrí que había una mujer —y miles más— escribiendo terror y que era increíble. Esto me llevó a mi primera pregunta en torno a la literatura escrita por mujeres: ¿por qué en los planes de estudio no te hablan sobre ellas?”, recuerda.
Leer a escritoras cambia completamente la manera en la que entendemos el mundo, destaca Arianna. Las sensibilidades son distintas, aunque se escriba sobre los mismos temas. “Sin las autoras nos estábamos perdiendo la mitad de las perspectivas de una misma realidad”, reflexiona.
Por ejemplo, existen diversos textos acerca de la guerra desde el frente de la batalla, es decir, desde el punto de vista masculino, pero son pocas las historias sobre lo que ocurrió en las enfermerías, en las casas, en los espacios que eran —y son— comúnmente sostenidos por mujeres. “Tener una sola versión es doloroso y limitante incluso, como mujeres, es probable que no conectemos con esas narrativas”, agrega.
“Cuando se habla de literatura universal, en realidad se habla solo de autores. Con la cuarta ola del feminismo, eso ha cambiado. Empezamos a alzar la voz, a tejer redes, y esa realidad se ha movido. Al inicio se decía que era una moda, pero esa tendencia ya lleva más de diez años. Además, hoy las mujeres somos las principales lectoras —datos del Módulo sobre Lectura (MOLEC) 2025 señalan que 80.4 % de las mujeres leyeron libros frente al 77.5 % de los hombres—, y eso también ha impactado al mercado editorial”, señala Esther M. García, creadora del “Mapa de escritoras mexicanas contemporáneas”, el cual busca visibilizar y descentralizar la obra de autoras.
En las mesas de novedades ya se ven más títulos de mujeres que de hombres, resalta Esther, pero también reitera que hay un canon que se repite con las mismas autoras, “muchas otras escritoras buenísimas quedan fuera de los estantes por falta de promoción, mercadeo e incluso de impulso, porque se nos habla muy poco de que podemos ser escritoras. Ahí todavía hay un trabajo pendiente”, complementa.
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En una gran parte de la literatura tradicional, la mujer es el objeto, el sacrificio o el premio del héroe, no lo que en realidad es: una persona, coinciden las autoras y editoras.
La lectura desarrolla el pensamiento crítico, por lo que leer historias escritas por mujeres puede ampliar tus horizontes y mostrarte modelos a seguir. “Te permite ver que alguien como tú —desde un contexto similar— logró cosas importantes. Eso te motiva: si ella pudo, yo también puedo”, destaca Esther.
“Cuando empiezas a leer otras voces, incluso sin saber quién escribió el texto, el mundo empieza a encajar. Se abre una luz distinta, aparecen otras formas de ver la vida, por ello al leer una verdadera literatura universal escrita por cualquier género es más sencillo comprender cada complejidad”, afirma Arianna.
Existen libros que resaltan a las mujeres como las protagonistas de su propia historia, ediciones contemporáneas como “Los juegos del hambre”, un best-seller que narra cómo Katniss se convierte en un signo de resistencia colectiva al desafiar al sistema o títulos clásicos como “Matilda”, la historia de una niña valiente e inteligente que usa sus poderes mágicos para enfrentarse a situaciones injustas y proteger a quienes quiere.
“Leer autoras puede ayudar a encontrarte a ti misma, te da herramientas para defenderte en un mundo que muchas veces está hecho para destruirte, y esto no es una visión pesimista, es la realidad de muchas mujeres”, asegura Esther. Cada uno de estos textos suma una pieza al rompecabezas que construye la sociedad. Para que la literatura esté completa, necesita de todas las voces humanas.
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