Daniel Medrano · 21 de marzo de 2026
México enfrenta obstáculos que limitan que las personas que lo requieran puedan acceder a un trasplante de un órgano o tejido, pues, pese a que en 2025 se concretaron 6,522 operaciones de esta naturaleza, hoy en día hay 17,525 personas en lista de espera.
De estas más de 17,000 personas, 15,371 requieren riñón; 1,923 ocupan córnea; 188 esperan hígado; 23 aguardan un corazón; 12 necesitan hígado-riñón; 6 precisan de riñón-páncreas, y a 2 les urge páncreas, de acuerdo con el Registro Nacional de Trasplantes, con corte al 7 de enero de 2026.
Durante 2025 se concretaron 6,522 trasplantes, no obstante, existe un gran contraste entre el número de procedimientos quirúrgicos de este tipo que se realiza cada año en comparación con las personas que esperan su turno.
Factores como la falta de donación, la fragmentación del sistema de salud en México y el complejo proceso logístico que implica un trasplante han limitado que más personas puedan acceder a un órgano vital o un tejido, que en muchos casos nunca llega.
Los donantes de órganos se clasifican principalmente en vivos, que son personas sanas que donan un órgano o parte de él, como un riñón o tejido, y fallecidos o cadavéricos, que son quienes presentaron muerte encefálica o paro cardiaco.
La muerte cerebral o encefálica es el cese irreversible y completo de toda actividad cerebral y del tronco encefálico.
El Centro Nacional de Trasplantes (Cenatra) explica que, cuando a una persona se le diagnostica muerte encefálica, puede donar órganos como el corazón, pulmones, hígado, riñones, intestino y páncreas. También tejidos como las córneas, huesos, piel, tendones y vasos sanguíneos.
Por otro lado, cuando la persona fallece de paro cardiaco o cuando deja de tener función puede donar córneas, huesos, piel, tendones y vasos sanguíneos.
Sin embargo, debe considerarse que no es igual la capacidad de respuesta que se debe tener cuando se dona un órgano sólido a diferencia de cuando la donación es de un tejido, destaca el doctor Mario Vilatobá, presidente de la Sociedad Mexicana de Trasplantes.
Detalla que cuando una persona presenta muerte encefálica, es decir, que ya no tiene ningún tipo de actividad cerebral, su corazón sigue latiendo porque el automatismo se posiciona en el pecho, aunque ya no respira; por ello es necesario conectarlo a un ventilador para mantener artificialmente la oxigenación en los órganos y que estos se mantengan en buenas condiciones para, en su caso, ser donados.
“Cuando hay una donación de tejidos, como las córneas, puede haber pérdida de los signos vitales y un tiempo prolongado de isquemia, que es la reducción o interrupción del flujo sanguíneo a un tejido u órgano”, explica el doctor Vilatobá.
La donación de órganos y el trasplante son procesos extremadamente complejos que involucran múltiples etapas críticas, donde cada minuto cuenta para preservar la viabilidad del órgano. Esto genera una necesidad alta de recursos humanos, tecnológicos, financieros y logísticos.
Cuando se trata de un órgano sólido es necesario actuar con rapidez para que se mantenga en las mejores condiciones, lo que involucra la actuación de una cadena importante de especialistas que comienza en el área de terapia intensiva, donde se encargan de la reanimación, mantenimiento y de todo el proceso requerido para evitar daños a sus funciones.
Cuando la donación es cadavérica o por muerte encefálica, es necesario que el personal médico entreviste a los familiares, explicar la situación y pedir el consentimiento para la donación de órganos, incluso si la persona tenía tarjeta de donador voluntario.
Posteriormente, según detalla el especialista, se debe notificar al Centro Nacional de Trasplantes que hay un donador y se comienza con la búsqueda de la mejor opción en cuanto a receptor se refiere.
Algunos donantes cadavéricos ofrecen más de un órgano, por lo que pueden salvar más de una vida. El problema es el traslado, pues uno se puede requerir con urgencia en el norte del país y, el otro, en un estado del sur.
“Si un paciente en la Ciudad de México está en lista de espera para recibir un corazón y el donador está en Mérida, el equipo encargado tiene que viajar hasta Mérida; pero si también dona los riñones y el paciente está en Tabasco, pues también tienen que ir a esa entidad por el órgano. O sea, la cantidad de recursos que se necesitan para desplazarse son muchos”, apunta Mario Vilatobá.
Aunado a lo anterior, cuando se traslada un órgano también se requiere de personal capacitado y que tenga los conocimientos necesarios para que el órgano llegue de la mejor manera a su destino.
La UNAM afirma que un donador cadavérico puede salvar la vida de cinco a siete personas a través de la donación de sus órganos sólidos.
En México, por otra parte, la tasa de donación de órganos es muy baja, pues aproximadamente solo hay de uno a cuatro personas donantes por cada millón de habitantes, de acuerdo con el Centro Nacional de Trasplantes.
Sin embargo, las cifras más recientes de la institución revelan un aumento de esta práctica, pues mientras que en 2023 se concretaron 2,681 donaciones de órganos, en 2024 la cifra creció a 2,823.
Un artículo de la UNAM detalla que los principales motivos por los cuales las personas dudan para donar son la falta de confianza en las instituciones y la carencia de información para llevar a cabo el proceso, además del impedimento generado por las creencias religiosas.
Pese a todo, los órganos y tejidos que más se donan son la córnea, que ocupa casi el 50 % de los trasplantes; el riñón, con un 44 % de estos procesos, que generalmente se hacen con donador vivo; el hígado, con 3.9 %; el corazón, con un 0.7 %; y en quinto el pulmón en 0.2 %, indica la UNAM.
Para el doctor Mario Vilatobá, México es un país muy solidario y considera que cada vez son más las personas que toman la decisión de donar sus órganos: “Me parece que hay una falsa excepción porque pensamos que no tenemos trasplantes por falta de concientización en la gente sobre sus órganos, pero nuestro país es muy solidario. Entonces, es necesario fortalecer eso”.
La compatibilidad es fundamental para que una persona pueda recibir un trasplante de órgano o tejido y que la operación sea exitosa, pues no todos los individuos son candidatos a donar e, incluso, no todos los familiares podrían ser compatibles con quien necesita el trasplante, de acuerdo con la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
El Programa Nacional de Donadores de Médula Ósea (NMDP, por sus siglas en inglés) explica a El Sabueso que, en su área de especialidad, a diferencia de otros trasplantes, la médula ósea es un tejido, lo que permite que la donación se realice en vida a través de sangre periférica por medio de aféresis, un procedimiento médico que extrae sangre, la pasa por una máquina para separar y recolectar componentes específicos y devuelve el resto al paciente o donante.
No obstante, aunque se trata de la donación de un tejido, el NMDP señala que solo tres de cada diez pacientes encuentran compatibilidad dentro de su familia, pues la mayoría de personas que requieren de médula ósea dependen de donadores altruistas.
“En México, la diversidad genética hace que encontrar esa compatibilidad sea todo un desafío. No basta con el tipo de sangre, intervienen múltiples factores como los genes llamados HLA o antígenos leucocitarios humanos”, destaca la organización.
“Tradicionalmente, los mejores resultados de los trasplantes de células progenitoras sanguíneas ocurren cuando los genes HLA de un donante o unidad de sangre de cordón coinciden estrechamente con los del paciente”.
Existen varios niveles de evaluación para saber si el órgano o tejido es compatible con el receptor, uno de los más comunes es el grupo sanguíneo ABO, en donde la víscera sólida debe ser compatible con el grupo sanguíneo del receptor.
Otra es la prueba cruzada, mediante la cual se detecta si el receptor tiene anticuerpos preexistentes que atacarían directamente al órgano del donante, causando un rechazo hiperagudo.
En México, el sistema de salud no es unificado ni centralizado como en otros países que ofrecen una cobertura universal. Está fragmentado en varios subsistemas o instituciones que operan de forma paralela y con poca integración, lo que genera una distribución desigual de los órganos donados por personas y de los trasplantes realizados, de acuerdo con el estudio Donación de órganos y trasplantes en México, ¿todo está resuelto?.
En el país existe el Instituto Mexicanos del Seguro Social (IMSS), para trabajadores formales del sector privado; el IMSS-Bienestar, dirigido a las personas que no tienen seguridad social; el Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE), enfocado en empleados del gobierno federal; Pemex, la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) y la Secretaría de la Marina (Semar) también ofrecen sus servicios de salud a un sector en específico. También está el sector privado, que son hospitales y clínicas pagados directamente o con seguros privados.
El Centro Nacional de Trasplantes es la entidad encargada de la lista de espera y coordinar las donaciones, pero la falta de integración de las instituciones antes nombradas limita su alcance.
En cuanto a la lista de espera, el doctor Mario Vilatobá especifica que no se trata de esperar un turno, más bien, se evalúan diferentes criterios para conocer quién será el receptor. Uno de los más importantes es la gravedad del paciente, por ejemplo, si hay un riesgo inminente de muerte.
“Cada subsistema de salud busca el beneficio de sus receptores y asigna presupuesto para realizar los trasplantes en sus derechohabientes, lo cual no lo vuelve tan eficiente. Sería mejor si existiera un solo presupuesto a nivel nacional”, concluye Vilatobá.