¿Congelar el limón aumenta sus propiedades y ayuda a combatir el cáncer?

Kenia Hernández Rivera · 13 de septiembre de 2026

¿Congelar el limón aumenta sus propiedades y ayuda a combatir el cáncer?

¿La terapia del limón congelado es más eficaz que la quimioterapia? ¿Consumir este fruto cura o previene el cáncer? No. Hasta ahora no existe evidencia científica sólida que demuestre que el limón pueda tratar o curar esta enfermedad, que causa más de 26 mil muertes cada día en el mundo, según la Organización Mundial de la Salud (OMS).      

En plataformas digitales circulan distintas publicaciones desinformantes. Un contenido en X, que acumula alrededor de 3 mil interacciones, mil guardados y cerca de 100 mil visualizaciones, señala: “Su sabor es agradable y no produce los horribles efectos de la quimioterapia. ¿Cuántas personas mueren mientras este secreto se mantiene a fin de no poner en peligro las grandes corporaciones millonarias? (…) Se le atribuyen muchas virtudes, pero lo más interesante es el efecto que produce sobre los quistes y los tumores”.   

Aunque esta publicación apareció en agosto de 2026, la misma narrativa circula desde al menos 2022. Estos posteos virales aseguran que la supuesta evidencia “procede de uno de los fabricantes de medicinas más grandes del mundo” y que, tras más de 20 pruebas de laboratorio realizadas desde 1970, los extractos de limón demostraron capacidad para destruir células malignas de 12 tipos de cáncer: colon, mama, próstata, pulmón y páncreas. Pero estas afirmaciones son falsas.   

El contenido desinformante de la izquierda fue publicado en X el 17 de agosto de 2026; el de la derecha en Facebook el 29 de julio de 2022. Sin embargo, ambos contienen la misma narrativa de los supuestos beneficios del limón frente al cáncer. Imagen: El Sabueso.

El limón contiene compuestos que han mostrado actividad frente a células cancerosas en estudios de laboratorio, pero eso no significa que comerlo —fresco, congelado, en jugo o de cualquier otra forma— pueda curar el cáncer.  

Kioko Rubí Guzmán Ramos, docente de la División de Ciencias Biológicas y de la Salud de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), explica en entrevista con El Sabueso que parte de la desinformación y la confusión surge de interpretaciones incorrectas de investigaciones sobre sustancias presentes en productos naturales. 

Una de ellas es el limoneno, un compuesto que se encuentra principalmente en los aceites de la cáscara de los cítricos y que, bajo determinadas condiciones experimentales, ha mostrado capacidad para reducir la proliferación de algunas líneas celulares de cáncer.   

“Es una malinterpretación de evidencia que abonan en estudios sobre compuestos de productos naturales. En el caso particular del limoneno se ha visto que puede reducir la proliferación de cultivos de líneas celulares de algunos tipos de cáncer, pero esto es muy distinto de poder asumirlo como un tratamiento que va a disminuir el tamaño de tumores, porque las condiciones in vitro (medios de cultivo controlados con células muy específicas) no pueden generar resultados que se deban generalizar”, explica.

De acuerdo con la especialista, una célula cancerosa cultivada en un laboratorio se encuentra en condiciones controladas muy distintas a las de un tumor dentro del cuerpo. Un tumor puede desarrollar irrigación sanguínea, interactuar con el sistema inmunitario y desenvolverse en un entorno biológico complejo que favorece su crecimiento.

Del laboratorio al cuerpo humano hay un largo camino

Un artículo publicado en abril de 2025 en la International Journal of Nanomedicine y disponible en la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos (NLM, por sus siglas en inglés), describe al limoneno como un monoterpeno, es decir, un compuesto natural presente en limones, naranjas, hinojo, comino de prado y que forma parte de los aceites esenciales de diversas plantas. 

El limoneno puede presentarse en dos formas: D-limoneno y L-limoneno. Ambas tienen la misma composición química, pero sus átomos presentan una disposición diferente en el espacio, similar a la relación entre una mano derecha y una izquierda. El D-limoneno es la forma que predomina de manera natural en cítricos como el limón, la naranja y la toronja, sobre todo en la cáscara, y contribuye a su aroma característico. El L-limoneno, en cambio, es menos común en los cítricos y presenta un aroma diferente; se ha identificado, por ejemplo, en algunas especies de menta, pinos y abetos.        

En ese sentido, según el artículo, D-limoneno ha mostrado distintas propiedades biológicas con posibles aplicaciones médicas: efectos antioxidantes, antiinflamatorios, antimicrobianos y cicatrizantes. La revisión científica publicada por la NLM recopila estudios preclínicos en los que el compuesto mostró efectos sobre distintos tipos de cáncer. Se observó inhibición del crecimiento tumoral en modelos de cáncer gástrico en ratones y una reducción de tumores mamarios inducidos experimentalmente en ratas. Sin embargo, los estudios preclínicos se realizan en células, tejidos o animales y constituyen una etapa previa a determinar si una sustancia es segura y eficaz como tratamiento en humanos.           

La evidencia clínica es mucho más limitada. Uno de los trabajos citados por la revisión corresponde a un ensayo publicado en 1998 en el que participaron 32 pacientes con tumores sólidos avanzados que habían resultado resistentes a tratamientos previos. Los investigadores administraron D-limoneno por vía oral en dosis de entre 0.5 y 12 gramos por metro cuadrado de superficie corporal al día, durante ciclos de 21 días.          

Una paciente con cáncer de mama presentó una respuesta parcial que se mantuvo durante 11 meses y tres pacientes con cáncer colorrectal tuvieron periodos prolongados de enfermedad estable. No obstante, una evaluación posterior de fase II realizada en otros 10 pacientes con cáncer de mama no encontró respuestas tumorales. Los propios autores concluyeron que “los resultados justificaban continuar estudiando el compuesto”, no que su eficacia contra el cáncer estuviera demostrada.            

Además, las concentraciones de una sustancia que producen algún efecto en un experimento no necesariamente pueden alcanzarse mediante el consumo habitual de la fruta. Por eso, encontrar “actividad antiproliferativa” de un compuesto aislado no permite concluir que ingerir el alimento que lo contiene tendrá propiedades anticancerígenas, según Guzmán Ramos.    

“Que un alimento contenga algún compuesto que se haya probado que puede disminuir el crecimiento de estas células in vitro no necesariamente implica que cuando nosotros lo consumamos vamos a tener el mismo efecto”, aclara.   

La investigación farmacológica tampoco consiste simplemente en consumir limones. El D-limoneno es una sustancia hidrofóbica, en otras palabras: tiene poca capacidad para disolverse en agua y sus características físicas dificultan aspectos como estabilidad y administración.   

Por esta razón, los investigadores prueban sistemas como nanopartículas, liposomas, niosomas, nanoemulsiones y micelas que pueden encapsular el compuesto para mejorar su solubilidad, protegerlo de la degradación, controlar su liberación o facilitar que alcance determinados tejidos. La revisión de 2025 identifica estas limitaciones como una de las razones para desarrollar nuevas formulaciones farmacéuticas.                

El limón no es una cura ni con jengibre ni congelado

Otras de las narrativas desinformantes sobre el consumo de este cítrico giran en torno a que el jugo de limón con jengibre ayuda a “inhibir el crecimiento del cáncer”. Sin embargo, otro artículo publicado en la NLM en 2022 indica que, aunque esta infusión es muy popular a escala mundial, faltan estudios sobre sus beneficios para la salud. 

Algo similar ocurre con la idea de que congelar el limón potencia sus propiedades anticancerígenas. La doctora en Ciencias Biomédica apunta que la congelación puede romper estructuras celulares del fruto y facilitar la liberación de algunos de sus componentes, pero esto no eleva su concentración hasta niveles capaces de tratar un tumor.

“Realmente nunca se va a llegar a una concentración efectiva. Ningún alimento por sí solo puede eliminar células cancerosas dentro del organismo”, puntualiza a esta unidad de verificación de Animal Político.

El limón puede formar parte de la dieta, pero no sustituye un tratamiento

El sitio National Academies of Sciences, Engineering, and Medicine refiere que el limón puede formar parte de una dieta saludable durante el tratamiento contra el cáncer por su valor nutricional, además de tener utilidades prácticas. Añadir limón al agua puede hacerla más agradable y favorecer la ingesta de líquidos. En algunas personas, los sabores ácidos ayudan con las náuseas o los cambios en el gusto asociados al tratamiento. La Sociedad Americana contra el Cáncer (ACS, por sus siglas en inglés), por ejemplo, incluye los limones y las limas entre los alimentos benéficos para estas circunstancias.

Pero el limón no siempre resulta adecuado. La quimioterapia, la inmunoterapia y la radioterapia dirigida a la cabeza o el cuello pueden provocar llagas o sensibilidad en la boca, así como molestias en la garganta. En estos casos, el Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos (NCI en inglés) recomienda evitar cítricos como el limón, la naranja y la lima, ya que los productos ácidos pueden irritar las zonas afectadas.

Aunque el limón aporta vitamina C y otras sustancias antioxidantes, sus posibles beneficios deben entenderse como parte de una alimentación equilibrada. Hasta el día de hoy, la evidencia científica no demuestra que comer limón, beber su jugo, combinarlo con jengibre o consumirlo congelado prevenga o cure el cáncer, tampoco que pueda sustituir los tratamientos oncológicos como la quimioterapia.

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