Buscadoras: palas, rastrillos, drones y la esperanza de encontrar algo en el Río de los Remedios

Jennifer Flores · 6 de marzo de 2026

Buscadoras: palas, rastrillos, drones y la esperanza de encontrar algo en el Río de los Remedios

Benita Ornelas Rivas, madre buscadora desde hace siete años, asegura que, en el papel, la coordinación para llevar a cabo una búsqueda existe, pero en el terreno no siempre, pese al uso de tecnologías y la presencia de autoridades en las jornadas de búsqueda. “Nosotras estamos aquí porque la delincuencia nos trajo aquí. Ellos (las autoridades) están aquí porque es su trabajo”, agrega. 

La metodología no elimina la precariedad. “Hay días en los que no hay lo suficiente para efectuar una jornada”, explica Benita. Faltan trajes tyvek —los cuales son resistentes al agua y la abrasión, además de evitar la penetración bacteriana—, guantes y herramientas como palas y rastrillos. Aún así, la búsqueda continúa. 

También carecen de insumos básicos como agua, suero y fruta, señalan otras madres buscadoras que pintan mandalas con Benita en el centro de mando de la búsqueda. “La mayoría de nuestros casos son de larga data y el cansancio se va acumulando. Por eso hoy que es el último día de la jornada descansamos un poco, cargar una pala bajo el sol con el fuerte olor de las aguas negras es muy pesado para nosotras”, explica. 

Madres buscadoras del colectivo Uniendo Esperanzas del Estado de México pintan mandalas durante la búsqueda. Foto: Jennifer Flores
Madres buscadoras del colectivo Uniendo Esperanzas del Estado de México pintan mandalas durante la búsqueda. Foto: Jennifer Flores

Benita señala una ausencia más en la jornada: la del Estado. Reconoce el apoyo de las personas solidarias, pero cuestiona la falta de compromiso institucional. “Muchas veces vienen de espectadores”, dice Benita, y las demás madres buscadoras asienten y ríen con ella. “Si pides ayuda todos te dicen que están cuidando el perímetro de la búsqueda”.  

Cuando no se cumplen las condiciones mínimas de seguridad, la jornada se suspende. No solo por el riesgo físico, sino por el impacto emocional para las y los familiares. Sin embargo, detenerse también es doloroso, aseguran las madres buscadoras, pues cada búsqueda es una posibilidad de esclarecer sus casos. 

Antes de pisar el terreno de la búsqueda, los grupos se reúnen para acordar rutas, revisar medidas de seguridad y definir los roles de cada persona que participará en la jornada: desde autoridades capitalinas hasta solidarios —como los colectivos llaman a las personas voluntarias—. Después vienen las caminatas largas y el rastreo con palas, varillas y rastrillos en lugares con escombros e incluso canales de aguas negras. 

Cada indicio detiene la indagación: un fragmento de ropa, un zapato o un hueso pueden ser una señal que  debe registrarse como un hallazgo. Al final del día, lo encontrado —o lo no encontrado— se documenta, se reporta y se guarda como parte de una búsqueda que, para las familias, no termina con el fin de la jornada. 

Una búsqueda en el Río de los Remedios de Edomex-CDMX

El Sabueso asistió al último día de la jornada de búsqueda de personas desaparecidas de febrero organizada por la Comisión de Búsqueda de Personas (CBP) capitalina y el colectivo Hasta Encontrarles CDMX, el cual unió fuerzas con el grupo Uniendo Esperanzas del Estado de México para buscar en el Río de los Remedios indicios sobre la desaparición de Diego Maximiliano, ocurrida en 2015 en el municipio de Ecatepec. 

El Río de los Remedios, ubicado en la zona metropolitana entre la Ciudad de México y el Estado de México, se ha convertido en un perímetro común en las búsquedas de personas desaparecidas debido a las condiciones de abandono y la falta de vigilancia de autoridades. Colectivos de buscadores como Uniendo Esperanzas y Hasta Encontrarles han documentado reportes de personas desaparecidas vinculadas con este cauce, así como el hallazgo recurrente de restos humanos. 

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Una jornada de búsqueda: Rastrillos, palas y drones

Con trajes tyvek, buscadores esperan su turno para relevar al grupo de personas que busca en un punto de interés para la jornada. Foto: Jennifer Flores
Con trajes tyvek, buscadores esperan su turno para relevar al grupo de personas que busca en un punto de interés para la jornada. Foto: Jennifer Flores

Antes de iniciar la búsqueda, las y los familiares, autoridades y solidarios se reúnen para orar por un buen día en el que esperan encontrar indicios relevantes para sus casos y que ninguna persona buscadora sufra algún accidente durante la jornada. 

“Pedimos nuestras búsquedas según los indicios que hay y los puntos que nos dan las investigaciones de las autoridades”, explica Benita. “No se sale al campo sin información previa, por ello cada jornada depende de denuncias, reportes anónimos o datos acumulados durante años”. 

Desde el aire, los drones sobrevuelan el área y transmiten imágenes en tiempo real. En tierra, se instala un centro de mando operado por la CBP, desde el cual se administra toda la información que se genera en el lugar: cuántas personas participan, qué autoridades están presentes, los movimientos de entrada y salida del personal, los vehículos utilizados y cualquier eventualidad relevante, como hallazgos o lesiones.

Además de las herramientas tradicionales de búsqueda como los rastrillos y las palas, en las jornadas se emplea tecnología especializada. Se utilizan drones, radares y sistemas de comunicación satelital como Starlink, lo que permite garantizar conectividad en zonas sin cobertura. También se recurre a sistemas de cartografía, plataformas geográficas y dispositivos GPS que transmiten información en tiempo real al puesto de mando.

Con palos y rastrillos, madres buscadoras y “solidarios” inician el último día de búsqueda en el Río de los Remedios. Foto: Fernanda Zamora
Con palos y rastrillos, madres buscadoras y “solidarios” inician el último día de búsqueda en el Río de los Remedios. Foto: Fernanda Zamora

Dependencias como la CBP, la Guardia Nacional, la Comisión de Recursos Naturales y Desarrollo Rural (Corenadr), el Escuadrón de Rescate y Urgencias Médicas (ERUM) y agrupamientos de la Secretaría de Seguridad Ciudadana de la Ciudad de México, como peritos y la Fuerza de Tarea “Zorros”, participan con funciones específicas: resguardan la zona, apoyan con la operación de maquinaria, operan binomios caninos y documentan la búsqueda.

Los instrumentos utilizados en cada jornada varían según el terreno y contexto, pues algunas búsquedas se realizan en zonas planas y otras, en áreas montañosas. Se emplean distintos drones con cámaras térmicas, sensores lidar —dispositivo de teledetección activa que mide distancias emitiendo pulsos de luz láser— e incluso acuáticos. 

Durante la jornada el tiempo se vuelve irregular: hay momentos de avance rápido y otros de espera absoluta. Si se localiza un objeto como una prenda de ropa, un zapato o un hueso, el equipo se detiene para registrar el hallazgo, se marca el punto con un GPS, se fotografía y se notifica al puesto de mando —el cual se instala en el perímetro de la búsqueda y es responsabilidad de la CBP—. Después del registro, especialistas determinan si se trata de restos humanos o de animales y si las prendas pueden ser parecidas a las que vestían las personas desaparecidas. 

Incluso lo que no es considerado relevante queda asentado en los reportes, ya que quizá son objetos que no se relacionan con la búsqueda específica de la jornada, pero sí con otro caso, explican los peritos. 

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Familiares denuncian falta de herramientas y personal 

Benita forma parte del colectivo fundado en el Estado de México, encabezado por Verónica Rosas Valenzuela. Ambas buscan a sus hijos desaparecidos en Ecatepec. En el caso de Benita, su hijo, Fernando Iván Ornelas Ornelas, desapareció en 2019 y, desde entonces, los indicios de su caso la han llevado a buscar en cerros, brechas y sobre todo, en canales de aguas negras.

“Desde su desaparición he promovido estas búsquedas, pero comúnmente me dicen que no hay personal, ni herramientas, ni permisos”. Y cuando se autorizan, duran poco; por ejemplo, en noviembre de 2025, Benita obtuvo una búsqueda en vías y aguas negras del Estado de México, pero “a los dos días llegó Ferromex —consorcio ferroviario privado que opera el ferrocarril más grande del país– y nos dijo que no podíamos continuar con la jornada porque no se les avisó, entonces me di cuenta de que los oficios nunca se mandaron”.  

Después de la suspensión de la búsqueda, las autoridades le ofrecieron a Benita una difusión de boletines con la ficha de búsqueda de su hijo. “Después de siete años, la difusión de boletines ya no basta. Y esto también les ha pasado a otras buscadoras, esto nos afecta a nosotras y directamente a las víctimas, quienes tienen derecho a ser buscadas”, demanda. 

Para las madres buscadoras, la violencia no solo significa la desaparición de sus hijos e hijas, sino la falta de compromiso y de continuidad de las autoridades. “La espera desgasta, vas perdiendo la esperanza, hasta vieja te haces”, platican. 

La jornada de búsqueda en el Cerro del Chiquihuite y el Río de los Remedios concluyó sin hallazgos 

Algunos de los indicios recolectados en el último día de búsqueda en el Río de los Remedios. Foto: Fernanda Zamora
Algunos de los indicios recolectados en el último día de búsqueda en el Río de los Remedios. Foto: Fernanda Zamora

Para documentar los recorridos y hallazgos de la jornada, la CBP cuenta con un equipo de geografía que trabaja a partir de la información generada por las y los buscadores. Una vez que concluye la jornada, esos datos —mapas, registros y reportes— se resguardan como parte de la investigación.

Durante estos cuatro días no se registraron hallazgos relacionados con personas no localizadas. Todos los elementos de interés fueron analizados por servicios periciales y descartados, informó la CBP. Participaron 476 personas —112 fueron familiares en búsqueda y personas solidarias— y ocho binomios caninos.

De acuerdo con la comisión capitalina, en total se recorrieron 54,989 metros cuadrados de terreno: 3,250 corresponden a la búsqueda en el Río de los Remedios y 51, 738 a la del Cerro del Chiquihuite. 

Mediante el uso de GPS se registraron las rutas, trayectorias y puntos de interés, con los cuales se elaboran mapas que permiten visualizar de manera general qué zonas fueron recorridas y qué se encontró en la jornada. Los documentos se entregan a las autoridades correspondientes y se integran a los informes oficiales; en algunos casos, también se comparten con los colectivos que participan en las búsquedas.

Bajo la consigna “los buscamos porque los amamos”, el colectivo Hasta Encontrarles Ciudad de México realizará otra jornada de búsqueda en el Cerro del Chiquihuite los próximos 17 y 18 de marzo, a la cual pueden asistir personas solidarias y familiares.

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