Avelina Velázquez · 4 de febrero de 2025
Para evaluar si una persona padece de obesidad, los nutriólogos, endocrinólogos y otros especialistas del sector salud tradicionalmente utilizan el Índice de Masa Corporal (IMC) como parámetro. Pero ahora la Comisión Global de Obesidad —conformada por 75 organizaciones médicas— propone redefinir el concepto.
Actualmente el Índice de Masa Corporal (IMC) es el resultado de un cálculo basado en el peso y estatura de una persona, pero la apuesta es incluir parámetros adicionales de grasa corporal, como medir la circunferencia de la cintura o la medición directa de la grasa, detalla la propuesta publicada en la revista de ciencia The Lancet Diabetes& Endocrinology.
La idea es que el IMC no sea el único parámetro que determine la obesidad, con el fin de reducir el riesgo de una clasificación errónea y proporcionar un tratamiento personalizado y adecuado para cada paciente.
El IMC sirve para indicar si una persona tiene o no sobrepeso, y con ello identificar el desarrollo de algún problema de salud.
Para hacer el cálculo solo se necesita dividir el peso de la persona entre el cuadrado de su estatura —en centímetros—. Por ejemplo, una persona que pesa 68 kilos y mide 165 centímetros, tiene un índice de masa corporal de casi 25.

De acuerdo con los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades, para considerar que una persona tiene un peso saludable debe mantener un rango de entre los 18.5 y los 24.9 en su índice de masa corporal. Quienes superan los 25 se considera tienen sobrepeso, y quienes superan los 30 tienen obesidad.

Sin embargo, en este cálculo el IMC no determina realmente si la masa corporal es de músculo o de grasa, explica el doctor José Luis Cabrera González, nutriólogo y académico del Departamento de Reproducción Humana, Crecimiento y Desarrollo Infantil de la Universidad de Guadalajara.
“Si una persona es activa físicamente muy probablemente la masa muscular le dé un IMC alto”, explicó el nutriólogo.
La Comisión Global de Obesidad reconoce que el IMC es útil, pero es una herramienta imprecisa porque no distingue entre masa muscular y masa grasa, y tampoco refleja si la masa corporal está distribuida equilibradamente.
“Dadas las limitaciones del IMC, la Comisión utiliza otras mediciones del tamaño corporal —circunferencia de la cintura, índice cintura-cadera o índice cintura-estatura—, además del IMC, para definir el estado de obesidad”, refiere el artículo en la revista científica.

En la actualidad existen formas para calcular la grasa corporal, por ejemplo, medir el espesor del pliegue cutáneo con ayuda del plicómetro o exámenes más sofisticados como la absorciometría de rayos X que consiste en ver cuánto y dónde se ubica el tejido adiposo en un cuerpo.

Pero, los resultados de estas mediciones pueden variar si las personas que las toman no están bien capacitadas, y en algunos casos las variaciones también dependen de cuánta agua o retención de líquidos tenga un paciente. En otros casos los exámenes son costosos e inaccesibles para la población en general.
“El IMC es el parámetro de referencia debido a su facilidad de uso sin necesidad de recursos costosos, por lo que las nuevas mediciones del tamaño corporal deberían ser igualmente fáciles de realizar. Sin embargo, la necesidad de una evaluación médica más exhaustiva de la obesidad podría aumentar la carga de trabajo y las presiones de tiempo de los trabajadores de la salud y, con ello, los costos”, advierte el artículo científico frente al nuevo reto de la redefinición.
La Comisión explica que justo por estas razones el IMC se volvió un método práctico y fácil para determinar si una persona puede tener sobrepeso. Pero, de continuar con el actual marco de diagnóstico –que considera inexacto– podría generar una carga y costos mucho mayores a los sistemas de salud, y a las personas que viven con obesidad.
El artículo científico propone dos categorías diagnósticas para la obesidad: obesidad clínica y obesidad preclínica. Si bien, estos conceptos ya se utilizan, la Comisión señala que aún no se tiene un consenso mundial sobre esta clasificación y definición de la obesidad.
“Al proporcionar una nueva definición y un marco de diagnóstico, la Comisión identifica cuándo la obesidad es un factor de riesgo (obesidad preclínica) y cuándo representa una enfermedad independiente (obesidad clínica)”, explica el escrito.
La obesidad clínica –como la define la Organización Mundial de la Salud (OMS)–, se refiere a una enfermedad crónica asociada a la falla funcional de un órgano debido al exceso de grasa.
Esto puede provocar el aumento del riesgo de padecer diabetes tipo 3, cardiopatías, afecciones en los huesos, la reproducción, y también aumenta el riesgo de padecer algunos tipos de cáncer, menciona la OMS.
Este tipo de obesidad se determina por el IMC. Sin embargo, el estudio señala que debe de cambiar, pues se ha encontrado que personas con un IMC de peso saludable, en realidad pueden tener problemas de salud relacionados con la grasa corporal. Mientras personas con un IMC con sobrepeso pueden estar bien de salud.
Por otro lado, la obesidad preclínica, la definen como una variable de riesgo para la salud, pero sin considerarse como una enfermedad. Además, consideran que para disminuir el riesgo podría tratarse con cambios en su estilo de vida, como una mejor alimentación y realizar ejercicio.
Mariana Váldes Moreno, nutrióloga y jefa de la carrera de nutrición de la UNAM, explicó a El Sabueso que la propuesta de tener un consenso sobre obesidad preclìnica es un reto, pues puede entenderse sólo como un síntoma, pero en su experiencia este padecimiento es más complejo.
“Por un lado no ofrece una visión integral de la complejidad de la obesidad, porque la obesidad no solamente es una condición, no solamente se debe a aspectos químicos, biológicos o a la ingestión de los alimentos, si no que puede tener otros orígenes, es multifactorial”, agregó la también maestra en ciencias bioquímicas.
Frente a los retos de la definición del IMC, ambos especialistas consultados aconsejan que cualquier persona que desee atender su salud debe acudir con médicos y nutriólogos profesionales, para un enfoque más integral. Incluso debe tratarse también desde la salud mental.
“Ahora tenemos la oportunidad de transformar la atención de la obesidad, alejándonos de un sistema en el que se ve a las personas bajo una sola etiqueta, hacia un sistema que reconozca la salud y las necesidades únicas de cada persona”, concluye el artículo que busca redefinir el concepto del índice de masa corporal.