Fracking: cómo opera esta técnica y qué riesgos están en juego

Daniel Medrano · 15 de abril de 2026

Fracking: cómo opera esta técnica y qué riesgos están en juego

El fracking es una técnica que permite extraer gas y petróleo atrapados en rocas de baja permeabilidad, aunque genera impactos ambientales graves y, en muchos casos, irreversibles. Cada uno de los pozos que se crean para este proceso consume entre 9 millones y 29 millones de litros de agua, requiere la inyección a alta presión una mezcla que incluye aditivos químicos altamente tóxicos e incluso es causante de sismicidad inducida, es decir, durante la fracturación de las rocas se pueden sentir microsismos en las zonas aledañas.

Pese a los impactos, y como respuesta a la fuerte dependencia de México del gas natural importado desde Estados Unidos –que representa el 75 % de lo que se consume–, el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum dio a conocer que está contemplando la posibilidad de explotar yacimientos no convencionales ––acumulación de hidrocarburos, como petróleo o gas, atrapados en rocas de muy baja permeabilidad y porosidad– para obtener ese combustible.

La mandataria federal rechazó implementar lo que denominó “fracking tradicional” y aseguró que optará por alternativas menos perjudiciales para el ecosistema a partir del uso de alta tecnología; sin embargo, especialistas consultados por El Sabueso explican que esta práctica tiene un impacto fuerte e irreversible en el medioambiente, además de ser una operación muy costosa y poco redituable a largo plazo.

En ese sentido, el uso de esta técnica representa un riesgo grande por los daños que puede provocar al medioambiente y a la salud de las personas, indica Luca Ferrari, doctor en Ciencias de la Tierra e investigador titular en el Instituto de Geociencias de la UNAM.

En tanto, para Oscar Ocampo, director de Desarrollo Económico del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), el uso del fracking puede ayudar a incrementar la producción de gas natural; sin embargo, puntualiza que la falta de inversión e infraestructura puede provocar una mala ejecución de esta técnica. 

La Alianza Mexicana contra el Fracking reveló que desde 2003 se han perforado pozos de hidrocarburos mediante la fracturación hidráulica y ubica por lo menos 924 pozos distribuidos en el país: 47 en Coahuila; 182 en Nuevo León; 233 en Puebla, 13 en Tabasco; 100 en Tamaulipas y 349 en Veracruz.

¿Qué es el fracking y cómo funciona?

El fracking es una técnica de extracción de hidrocarburos que consiste en la inyección a presión de grandes volúmenes de fluidos con el fin de fracturar rocas que tienen atrapado en su interior gas y petróleo. El proceso combina dos tecnologías:  la perforación horizontal y  la fracturación hidráulica.

En cuanto a hidrocarburos, se diferencia entre yacimientos convencionales y no convencionales. Los primeros son reservorios en los que se acumula gas y petróleo que migraron desde la roca generadora a otras formaciones rocosas de alta porosidad y permeabilidad. 

Los yacimientos convencionales pueden explotarse a través de técnicas convencionales         –perforación de pozos verticales o dirigidos en rocas porosas–, pues por sus características, los hidrocarburos pueden salir de la roca y subir a la superficie.

Los yacimientos no convencionales todavía se encuentran en la roca generadora, en donde la permeabilidad y porosidad es poca o nula, por lo cual los hidrocarburos están atrapados en su interior y para liberarlos es necesario recurrir al fracking.

El procedimiento que se ejecuta es perforar un pozo de miles de metros de profundidad hasta el yacimiento no convencional y, posteriormente, entrar en la formación rocosa de manera horizontal por cientos de metros de extensión.

Posteriormente, el interior del pozo se entuba y cementa como si se tratara de una cubierta. Con herramientas especiales se punza la roca con el objetivo de crear fisuras por medio de una mezcla compuesta de arenas especiales, agua y aditivos químicos a alta presión, para generar microfisuras a varios metros desde el pozo.

Las arenas que se encuentran en el fluido tienen la función de evitar que las fisuras creadas vuelvan a cerrarse y los químicos disminuyen la fricción en el bombeado para evitar erosión en la tubería. Una parte de la mezcla que se inyectó retorna a la superficie y por las fisuras comienza a fluir hacia el pozo el gas o petróleo que se encontraba atrapado en la roca.

Riesgos de implementar el fracking

Para esta técnica se utilizan aditivos químicos como ácido clorhídrico, metanol, etilenglicol, sales de borato y poliacrilamida, los cuales, detalla el especialista, en su mayoría son tóxicos o incluso cancerígenos.

En ese sentido, los químicos que se inyectan no deberían fugarse; sin embargo, en la práctica no siempre los pozos se aíslan correctamente, lo que provoca fugas, además de que hasta el 40 % del agua que se inyecta vuelve a salir a la superficie.

Aunando a lo anterior, el agua que sale a la superficie se almacena de manera temporal en albercas de grandes dimensiones al aire libre, lo que puede generar que haya evaporación de alguno de los compuestos químicos que estaban mezclados en el líquido, provocando que el aire se contamine, añade Luca Ferrari.

“El agua que sale a la superficie y que es almacenada después se vuelve a utilizar para inyectarse en otros pozos y en este sistema puede haber contaminación del agua, del aire y del suelo”, indica.

Otro factor que influye como contaminante es el propio gas metano, pues el especialista recuerda que, al momento de realizar una extracción de gas, también hay fugas de gas involuntarias o accidentales.

De acuerdo con la Climate & Clean Air Coalition, el metano es un gas de efecto invernadero y contaminante climático de vida corta. Tiene efectos indirectos en la salud humana, el rendimiento de los cultivos y la salud de la vegetación por medio de su función como precursor de la formación de ozono troposférico.

La sismicidad inducida es una de las problemáticas que el geólogo Raúl Silva apunta, pues aunque la fracturación misma genera principalmente microsismos de muy baja magnitud, el mayor problema surge de la disposición de las aguas residuales en pozos de inyección profunda, debido a que los fluidos contaminados se bombean a formaciones rocosas a gran profundidad para deshacerse de ellos, lo que aumenta la presión de poro en fallas geológicas preexistentes y puede hacer que estas fallen, generando sismos perceptibles.

“El problema es que en las zonas cercanas sí se pueden llegar a sentir pequeños terremotos y puede haber incluso daños a las estructuras, como grietas en las edificaciones o construcciones aledañas”, puntualiza Raúl Silva.

La Alianza Mexicana contra el Fracking revela que el costo de perforación de un pozo para fracking en Estados Unidos oscila entre los 3 millones y 10 millones de dólares, mientras que en México el costo es todavía mayor, situándose entre los 12 millones y 15 millones de dólares.

Por su parte, Luca Ferrari estima que, para obtener la misma cantidad de gas que se obtiene de un yacimiento convencional, se necesitan hasta 100 pozos de yacimientos no convencionales, es decir, la inversión económica es mucho mayor.

“Como es poco el gas que se obtiene de cada pozo es necesario hacer miles y miles de pozos para obtener una buena cantidad de hidrocarburo. Tan solo en Estados Unidos han tenido que realizar 1 millón 400,000 pozos en los últimos 30 años”.

Otro factor importante es que México no tiene grandes cantidades de gas para extraer; el especialista comparte que solamente tiene un acumulado en el norte del país y en estados como Veracruz, lo que revela que, aún realizando estas operaciones, no se trata de una solución permanente para la soberanía energética, sino que solamente sería funcional de manera temporal.

Para el doctor en Ciencias de la Tierra, el costo del fracking es excesivo, al punto de que no es sostenible a largo plazo, además de que la contaminación y el impacto ambiental que genera sí son de largo plazo.

Las principales reservas de gas no convencional se encuentran principalmente en estados como Nuevo León y Coahuila, regiones con un alto estrés hídrico, sequías frecuentes y acuíferos sobreexplotados, por lo que para la creación de pozos se necesitaría que el agua se transporte desde distancias considerables, lo que genera un alto costo tan solo en el traslado del líquido al ocuparse entre 9 millones y 29 millones de litros de agua por pozo, concluye Raúl Silva.

¿Un nuevo fracking verde?

La presidenta Claudia Sheinbaum destacó que ya existe tecnología para reducir el impacto ambiental del fracking tradicional, con procesos que reemplazan el uso de agua y no depende de químicos agresivos para la extracción de gas en yacimientos no convencionales.

Raúl Silva confirma que se han desarrollado mejoras para la aplicación del fracking, uno de ellos es el uso de agua salada, tratada o reciclada para evitar el uso del líquido en su versión potable.

Sin embargo, el geólogo prevé que, aunque se apliquen cambios de este tipo a la realización del fracking, no se eliminará la contaminación. Aunque el agua inicial sea salada, el fluido sigue conteniendo aditivos químicos, aunque se busquen versiones biodegradables, pues el agua de retorno o la que regrese a la superficie seguirá siendo tóxica y puede contaminar si hay derrames o mal manejo.

Para Luca Ferrari, es inviable que se haga uso de químicos biodegradables; expone que estos son creados en laboratorios, pero no se ha probado su eficiencia y, por su costo, no son tan accesibles.

“En la práctica, reciclar agua altamente salina no siempre es económicamente viable a gran escala y el residuo concentrado genera otro problema de disposición”, describe.

Además, otros impactos que no se resuelven son la sismicidad y las emisiones de metano, ya que, como explica Ferrari, al extraer gas de las rocas siempre se corre el riesgo de que haya fugas.