Luz Rangel · 2 de julio de 2026
La desinformación también es una emergencia. Durante y tras una catástrofe, como el doblete sísmico en Venezuela, se propaga información no verificada en redes, ya sea de forma impulsiva o malintencionada, que fomenta la incertidumbre, sobre todo, cuando las fuentes oficiales no están en comunicación con la ciudadanía.
“El vacío deja espacio para los rumores y para los desinformantes. Un espacio no cubierto, tanto por los periodistas como por la información oficial, es un nicho para que los desinformantes, e incluso personas de buena fe, puedan publicar contenido que no necesariamente pueda ser falso, pero sí puede ser descontextualizado, engañoso, no confirmado”, advierte Jeanfreddy Gutiérrez, coordinador de Cocuyo Chequea de Efecto Cocuyo.
Algunos medios de comunicación, en su afán de ganar una primicia, pueden contribuir a la desinformación, es decir, contenido difundido deliberadamente para engañar. Mientras que la información errónea (o misinformación) son frases, datos, audios, imágenes o videos que alguien difunden sin la intención de engañar, pero que también desinforman.
Jeanfreddy Gutiérrez explica que en el contexto del doblete sísmico en Venezuela han detectado más misinformación que desinformación.
“El momento de la emergencia ya ocurrió en Venezuela y apenas empezamos a ver este tipo de desinformaciones o narrativas desinformantes mucho más elaboradas. Eso nos hace suponer que ahora puede empezar a aparecer algo más coordinado”, anticipa.
Cada vez es más común que la desinformación se vuelva viral en redes durante las catástrofes, por lo que las autoridades tienen que dedicar esfuerzos en medio de las contingencias para desmentirla.
Las catástrofes en cualquier parte del mundo suelen producir imágenes impactantes y los desinformantes se aprovechan de ello para generar contenido descontextualizado, como los videos de la tormenta tropical Jangmi, ocurrida en Japón el 3 de junio de 2026, que se han usado para desinformar acerca de tsunamis tras los recientes terremotos en Venezuela y en Filipinas. Además, los desinformantes se dedican a generar contenido con inteligencia artificial, como la supuesta imagen de un hotel en San Joaquín destruido tras el doblete sísmico en Venezuela.
Los desastres no son “naturales”. Terremotos, tsunamis y tormentas tropicales son fenómenos naturales que se convierten en desastres por decisiones humanas como una mala planeación urbana o falta de prevención; en otras palabras: los fenómenos son naturales; los desastres no.
Las catástrofes, al ser impredecibles, son un terreno propicio para la desinformación. Durante los momentos de incertidumbre, las personas intentan buscar información de manera urgente para entender lo que está ocurriendo. Esta necesidad, combinada con el vacío informativo que suelen dejar las fuentes oficiales en las primeras horas, abre la puerta a la información no verificada.
“Entonces es muy fácil que la gente comparta cosas de forma equivocada. Tratar de sentirse útil ha hecho que la gente publique estas cosas, sobre todo, cuando cree en su buena fe y en que puede salvar vidas. Varios amigos del colegio han publicado en Facebook estos videos del tsunami en Japón”, ejemplifica el verificador venezolano Jeanfreddy Gutiérrez.
Las redes sociodigitales juegan un papel ambivalente en estas situaciones. Por un lado, permiten una difusión inmediata. Por otro, amplifican la propagación de desinformación: teorías conspirativas, cifras infladas de personas fallecidas, donaciones fraudulentas, entre otras.
“La desinformación y la información dañina se han convertido en una amenaza directa para la acción humanitaria y la vida de millones de personas, en un momento en que los desastres afectan con mayor frecuencia a más personas”, menciona el Informe Mundial sobre Desastres 2026 de la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja (IFRC).

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Hay una relación estrecha entre las emociones y la desinformación. Cuando ocurre una catástrofe, estas se avivan.
“Lo hemos visto: las dramáticas escenas de destrucción, de mascotas, de bebés, de ancianos, de muertes. Hay una relación íntima entre las emociones y la desinformación; cuando hay guerra, cuando hay desastres, estas se exacerban a niveles, probablemente, los más altos de nuestra vida y también los sesgos aumentan”, sostiene el fact-checker Jeanfreddy Gutiérrez.
Según Javier Rodríguez Árbol, profesor e investigador en la Universidad de Jaén, España, el sesgo de confirmación es un error sistemático que consiste en dar mucho más peso a toda aquella información que es coherente con la visión del mundo que tenemos, con nuestras propias creencias, y devaluar, o simplemente ignorar, información que las ponga en tela de juicio. Porque aquello que es más fácil de procesar, también tiene más probabilidad de ser considerado verdadero y de no ser sometido a un escrutinio racional, de no ser verificado.
“Ese sesgo de confirmación es bidireccional. Es decir, yo voy a prestar más atención a todo aquello que, de alguna forma, confirme mis creencias y mis expectativas, y voy a ignorar lo que las refute. Eso, a su vez, va a hacer que cada vez esté más convencido y suba la intensidad de mi convicción en mis creencias”, explicó.
Javier Rodríguez Árbol afirmó que el fenómeno de la desinformación tiene que ser siempre entendido y abordado desde un enfoque interdisciplinario. En la Cumbre Global de Desinformación participó en Creer en lo falso. Claves psicológicas detrás de la desinformación y habló de los factores cognitivos y socioafectivos que están en juego ante la información no verificada.
Para el psicólogo, creer y compartir en redes no es lo mismo. Hay una amplia diferencia.
“Si aceptamos la información como verdadera, va a depender en gran medida de nuestro modo de razonar, de nuestra identidad, de nuestros valores, de quién somos, de con quién nos identificamos y en qué persona o en qué fuente confiamos. Para compartir, sin embargo, no es necesario ese momento; podemos compartir un contenido sin creerlo del todo, porque nos ha emocionado”, distinguió.
De nuevo, como señalaba Jeanfreddy Gutiérrez, las emociones tienen mucha influencia en la desinformación sobre catástrofes porque nos hacen reaccionar.
“Un sistema multicomponente nos prepara para la acción. Pensamientos, sentimientos, fisiología, un nivel de activación, de excitación que puede llegar a ser bastante intenso y uno social nos permite desarrollar empatía. ¿Qué implicaciones tiene esto en la desinformación? Que la emoción prepara para la acción y disminuye esa probabilidad de análisis lógico”, indicó Rodríguez Árbol.
En Cocuyo Chequea, catástrofes como el doblete sísmico en Venezuela implican que el equipo invierta mucho tiempo considerando qué es más útil verificar. Jeanfreddy Gutiérrez comenta que no solo es importante poner atención a la desinformación viral, también a aquella que podrían llevar a la acción; por ejemplo, que personas damnificadas puedan solicitar apoyos que existen en la realidad, pero a través de páginas falsas.
