Guadalupe Fuentes · 19 de diciembre de 2025
Aunque la llamada “depresión decembrina” no es un diagnóstico clínico reconocido como tal, una combinación de factores ambientales y sociales durante esta temporada puede desencadenar malestares que sí se parecen a condiciones con patrón estacional, como el trastorno afectivo estacional (TAE), que suele aparecer en otoño e invierno debido a la disminución de luz y otros cambios sociales.
“Estos síntomas se detonan debido a que durante el año algunas personas han atravesado situaciones negativas o que no se han disfrutado tanto”, indica la psicóloga Itzel Bazán, especializada en terapia familiar sistémica. “Al mismo tiempo, hay muchas personas que pierden a familiares. Estas fechas son época de familia, de amor, de paz, de tranquilidad. Al saber que no va a estar tu familiar, que perdiste tu trabajo, que la gran mayoría de las personas está en un ambiente de paz, tranquilidad y tú no, se empieza a generar ansiedad”, explica.
El TAE no es lo mismo que la depresión clínica. En el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5) y en la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-11), el trastorno afectivo estacional se define como la pérdida de interés y placer por actividades que antes eran atractivas, durante al menos dos semanas, todos los días y en todo momento.
Además, el TAE presenta al menos cinco síntomas de un listado de diez, entre los cuales se encuentran la pérdida de apetito, retraso psicomotor, dificultad para concentrarse, pensamientos de culpa excesiva, problemas de insomnio, presentar pensamientos suicidas y provocar un deterioro en la vida diaria, como en el trabajo, la escuela, las relaciones personales o el autocuidado.
El diagnóstico clínico no se basa en la presencia de algunos síntomas, sino de un conjunto de tales, así como la duración, la intensidad y el impacto en la vida de las personas afectadas. A pesar de que la depresión decembrina comparte síntomas como la tristeza, ansiedad, irritabilidad o agotamiento durante las fiestas, no necesariamente cumple con los criterios clínicos de duración, frecuencia e impacto funcional que exige un diagnóstico formal.
De acuerdo con datos del Módulo de Bienestar Autorreportado (Biare) 2025 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), 22.5 % de la población de 12 años y más presenta indicios de ansiedad y 12.6 % manifiesta indicios de depresión basados en síntomas recientes. Estos indicadores, medidos con escalas estandarizadas, muestran que no es raro experimentar malestar emocional en distintos momentos del año y que estos síntomas pueden intensificarse en contextos de estrés social y cambios de rutina.
La especialista menciona que, durante diciembre, otro de los factores que puede detonar la depresión es la exposición a redes sociales y las expectativas familiares y sociales que suelen mostrarse en ellas.
“Las redes sociales y la presión social influyen de una forma más negativa que positiva. Tanto en el tener que aparentar, que endeudarte, que estar compitiendo con todos los demás en adornar, en comprar, en gastar, en verte bien”, asegura.
Además, Itzel Bazán recalca que el fin de año concentra múltiples factores de riesgo emocional, pues la presión por cumplir expectativas sociales de felicidad, los balances personales, los duelos no resueltos, el estrés económico y los conflictos familiares pueden coincidir con cambios en las rutinas y el descanso.
Asimismo, la menor exposición a la luz natural y las alteraciones del sueño pueden afectar el estado de ánimo y la regulación emocional.
Estos factores no implican necesariamente un trastorno de salud mental, pero sí pueden intensificar síntomas en personas con antecedentes de depresión o ansiedad o en quienes atraviesan momentos de vulnerabilidad.
Aunque la depresión decembrina no es un diagnóstico clínico reconocido, especialistas en salud mental utilizan este término para describir un conjunto de síntomas emocionales y conductuales que suelen aparecer o intensificarse durante las fiestas de fin de año. Entre las señales más comunes se encuentran la pérdida de energía, irritabilidad, dificultades para dormir (como insomnio o sueño no reparador), falta de interés o placer en actividades que antes se disfrutaban, así como ansiedad persistente y sensación de vacío o tristeza.
Estos síntomas suelen estar relacionados con factores propios de la temporada, como los balances personales de fin de año, los duelos no resueltos, la presión social por mostrarse feliz, el estrés económico y los cambios en las rutinas diarias. De acuerdo con Itzel Bazán, los adultos y las personas adultas mayores se encuentran entre los grupos más vulnerables, ya que pueden enfrentar con mayor intensidad la soledad, las pérdidas afectivas, los problemas de salud o la falta de redes de apoyo.
“Las personas más vulnerables para este tipo de malestar emocional suelen ser adultos y personas de la tercera edad debido a que atraviesan experiencias difíciles a lo largo de la vida y, además, están expuestas a una narrativa constante de felicidad en medios y redes sociales, lo que puede incrementar la sensación de contraste o aislamiento durante esta temporada”, señala la psicóloga.
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¿Cómo identificar la depresión decembrina y qué hacer si se padece?
Para la especialista, identificar la depresión decembrina implica observar la duración, la intensidad y el impacto de los síntomas. Sentirse triste o cansado algunos días durante diciembre puede ser una reacción normal al estrés de las fiestas. Sin embargo, cuando el malestar se mantiene por varias semanas, interfiere con la vida cotidiana o se acompaña de aislamiento, desesperanza o ansiedad constante, es importante prestarle atención.
“Hasta cierto punto es normal sentirse mal en estas fechas por los factores que ya mencionamos, pero es importante vigilar cuánto tiempo llevas sintiéndote así y si esto hace que te sea complicado seguir con tu rutina”.
Además, recomienda no minimizar las señales y comenzar por reconocer sin culpa lo que se está sintiendo, reducir la presión por cumplir expectativas sociales, “obligarse” a mantener rutinas básicas de sueño y alimentación, y buscar apoyo en personas de confianza. “Aun cuando no haya energía o motivación, el obligarse a seguir rutinas resulta de buena ayuda para ir saliendo poco a poco de este episodio”.
Asegura que pedir ayuda psicológica es una tarea que se puede hacer todo el año y no solo en un mes específico, pues siempre se enfrentan situaciones en las que se pueda necesitar de ayuda extra. “Yo considero que puedes buscar ayuda psicológica todos los meses y los 365 días del año por diferentes factores. En diciembre se busca más la ayuda cuando se tienen duelos no concluidos o duelos no enfrentados; sin embargo, siempre hay situaciones en la que puedas considerar que necesitas más ayuda de un especialista”.
Finalmente, recomienda buscar atención psicológica siempre que se crea necesaria, ya que un diagnóstico oportuno permite acceder a orientación y tratamiento adecuados. Además, afirma que si se busca establecer contacto inmediato con alguien, se puede hablar a un contacto de confianza o marcar a la línea para la prevención del suicidio, que es 988.