Kenia Hernández Rivera · 2 de octubre de 2026
Las teorías de la conspiración y la desinformación climática abundan en redes sociales con videos sacados de contexto y contenido generado con Inteligencia Artificial (IA). Un análisis realizado por El Sabueso, identificó 20 cuentas verificadas en X que las difunden de manera sistemática.
A través de un monitoreo entre diciembre de 2023 y agosto de 2026 —que puedes consultar aquí—, El Sabueso detectó 20 cuentas verificadas que difunden desinformación climática de forma constante en X. Dentro de los hallazgos se confirmó que estas cuentas interactúan entre ellas, utilizan contenido generado con inteligencia artificial para difundir falsas teorías sobre manipulación climática y 85% de estas cuentas obtuvo su insignia de verificación en X después de que Elon Musk adquiriera la plataforma.
Los perfiles tienen desde 9 mil 947 hasta 1.1 millones de seguidores. El rastreo corresponde a cuentas que difunden de forma recurrente contenidos desinformantes o engañosos relacionados con el clima, entre ellos mensajes sobre chemtrails, geoingeniería, manipulación climática, HAARP y teorías de la conspiración que engloban a Bill Gates, la Agenda 2030, el “Gran Reinicio”, el “Nuevo Orden Mundial”, supuestas “élites globales” y el Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés). Estos perfiles fueron identificados durante el monitoreo diario que realiza la unidad de verificación de Animal Político.

Además, siete de las 20 cuentas tienen habilitada la función de Suscripciones de X, que permite cobrar mensualmente a los seguidores a cambio de contenido o beneficios adicionales. Los precios observados van desde 54.20 (3 dólares) hasta 4 mil 317.70 pesos (casi 240 dólares) al mes. Hasta el corte del 31 de agosto de 2026, los siete perfiles identificados son:
Es decir, que estas cuentas cobran al menos 32 mil 141 pesos (1,817 dólares) mensuales. Además, las 20 cuentas verificadas reciben ganancias por las interacciones que reciben sus publicaciones.
“Las ganancias se calculan en función de las interacciones verificadas con tus publicaciones, como ‘Me gusta’ y respuestas. El cálculo considera el impacto de diferentes tipos de contenido, como artículos, videos, espacios y transmisiones en vivo.También tenemos en cuenta algunas características del usuario que interactúa. Por ejemplo, un me gusta de un suscriptor Premium+ vale más que un me gusta de un suscriptor básico”, menciona X en su centro de ayuda.
Sin embargo, tener habilitada esta herramienta no permite determinar cuánto dinero obtiene efectivamente cada perfil ni qué proporción de esos ingresos está relacionada con los contenidos desinformantes que publica.

Los perfiles antes mencionados acumulan aproximadamente 5.40 millones de seguidores. Debido a su recurrencia en la difusión de estas narrativas, el alcance de sus cuentas y la disponibilidad de publicaciones relacionadas con el tema, algunos perfiles concentran una mayor cantidad de publicaciones asociadas con estos argumentos, mientras que en otros su presencia es menor. En ese sentido, de diciembre de 2023 a agosto de 2026, revisamos 166 publicaciones de las 20 cuentas verificadas en X.
De ese total, 68 publicaciones (40.9%) incluyen referencias a chemtrails, 43 (25.9%) a manipulación climática, 60 (36.1%) a geoingeniería, 26 (15.6%) a HAARP, cinco (3%) al sembrado de nubes y 29 (17.4%) al negacionismo climático (por un lado, la corriente más radical afirma que el calentamiento global es una mentira y, por el otro, facciones sostienen que el fenómeno es real, pero manipulado o inventado por gobiernos como una herramienta de control político). Las categorías se superponen, en otras palabras, una sola publicación puede combinar dos o más narrativas.

La circulación también atraviesa regiones. Ocho de las 20 cuentas están registradas en países de habla hispana: tres en Argentina, tres en España, una en México y una en Chile. Fuera de estos países, seis aparecen ubicadas en Estados Unidos, tres en Reino Unido, una en Turquía y una en Suiza, mientras que @PeterSweden7 únicamente señala Europa, sin dar más detalles. Sin embargo, la ubicación del perfil no siempre corresponde con la audiencia a la que dirige sus contenidos. Es el caso de @dejanirasilveir, cuya ubicación aparece en Suiza, pero publica en español.
Otro patrón aparece al observar la antigüedad de las cuentas y el momento en que obtuvieron la insignia azul: 16 de las 20 cuentas analizadas (80%) fueron creadas antes de 2023. Sin embargo, 17 de las 20 (85%) obtuvieron la insignia azul después de que Elon Musk adquiriera Twitter —ahora X— en el año 2022. Solo tres ya estaban verificadas antes de la compra de la plataforma: @BeatrizTalegon (2016), @PeterSweden7 (2017) y @JamesMelville (2019.)
En X, el modelo anterior concedía la insignia azul a cuentas de interés público que debían cumplir criterios de autenticidad, notoriedad y actividad. X comenzó a retirar ese sistema de verificación heredada a partir del 1 de abril de 2023.
Con el modelo actual, la insignia azul tiene un significado distinto: una cuenta mantiene una suscripción activa a X Premium y cumple determinados requisitos de elegibilidad. La empresa aclara que estas cuentas ya no pasan por la evaluación de “actividad, relevancia y autenticidad” que caracterizaba al antiguo programa de verificación.

El dato no demuestra que el nuevo sistema sea la causa de que estos perfiles difundan desinformación ni que X respalde sus contenidos. De hecho, la propia plataforma señala que una insignia azul no implica que X “respalde o valide” las opiniones expresadas por esas cuentas. No obstante, El Sabueso identificó patrones de contenido e interacción entre las cuentas, documento que pueden consultar en este enlace.
Solo por mencionar tres casos:
Además, de acuerdo con el análisis de El Sabueso, las cuentas @BGatesIsaPyscho y @Tboo211 son las cuentas con mayor interacción en español e inglés. Ambas pertenecen al grupo de @ReclaimOurSkies, una comunidad en X que difunde narrativas negacionistas del cambio climático y desinformación.
En este grupo están @BGatesIsaPyscho, @jesseRoss597206, @nogps1, @b_gimpl1234 y @TheSCIF.

Dentro de esta comunidad utilizan la llamada “Sky Watchers” para hacer llamados a otros usuarios y difundir contenido desinformante. En una publicación donde se utiliza este término, un usuario acusó a la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por sus siglas en inglés) de dispersar tóxicos en el aire en referencia a la supuesta existencia de chemtrails —una teoría conspirativa que afirma que las líneas blancas dejadas por los aviones en el cielo son sustancias químicas o biológicas dispersadas de forma secreta— en documentos secretos de la CIA. También han usado ese término para pedir a los miembros de esta comunidad documentar toda la evidencia posible sobre los chemtrails.
En la comunidad Reclaim Our Skies también circulan otras teorías conspirativas. Por ejemplo, @Tboo211 se refirió a la conspiración alrededor del proyecto HAARP y aseguró que está presente en muchos países. Sin embargo, el Programa de Investigación Auroral Activa de Alta Frecuencia (HAARP, por sus siglas en inglés) es un proyecto científico —ubicado en Alaska— cuyo objetivo es estudiar las propiedades y el comportamiento de la ionosfera, que se extiende aproximadamente entre 80 y 640 kilómetros por encima de la superficie terrestre, justo en el límite del espacio. Contrario a lo que plantean los usuarios, es falso que modifique o destruya el clima.
La desinformación puede partir de un contenido descontextualizado como reciclar un video antiguo —identificamos grabaciones y capturas de 2010, 2014, 2016, 2018 y 2022 que se circulan sin fecha, presentados como evidencia actual—, recortar una declaración o atribuir a una imagen real una explicación falsa, pero ahora también es posible fabricar escenas de fenómenos o hechos que nunca han ocurrido.
En el análisis realizado por El Sabueso, 19 de los 166 claims revisados —uno de cada nueve— contienen imágenes o videos identificados como generados con inteligencia artificial (IA).
La IA no creó las narrativas sobre chemtrails, HAARP, geoingeniería o manipulación climática, muchas de las cuales existen desde hace años, pero sí ofrece nuevos recursos visuales para reforzarlas o amplificarlas. El resultado es una combinación cada vez más difícil de distinguir a simple vista: hechos reales sacados de contexto, tecnologías existentes cuyos alcances se exageran y contenidos completamente sintéticos utilizados como supuesta evidencia.
Una constancia de esta dinámica emergió después del colapso de un glaciar situado cerca del pico Langtang Lirung, en la región del Himalaya, que desencadenó una devastadora inundación en la frontera entre Nepal y el Tíbet el 26 de agosto de 2026. Mientras los equipos de emergencia buscaban a cientos de desaparecidos, en plataformas digitales comenzaron a multiplicarse publicaciones que supuestamente mostraban la magnitud u origen de la tragedia.
La cuenta verificada @soroshijueputa2, con más de 175.2 mil seguidores, compartió dos días después de la inundación un video de @ItsTheLastHour —que suma 4.2 millones de visualizaciones—. En el mensaje sostiene que el desastre habría sido “planificado con anterioridad” y que fue “el mismo modus operandi de las Torres Gemelas”, es decir, que la “explicación oficial es mentira”.
La grabación muestra a un avión de combate supersónico F-16 bombardeando una presa, la cual originó presuntamente la inundación. Pero es falso. El material circula desde al menos mayo de 2026, tres meses antes de lo de Nepal, y al usar la herramienta Decopy AI detectamos que el material es artificial con una probabilidad del 99%.

También, se produce material con IA para potenciar la narrativa de que existe una manipulación climática ordenada por gobiernos o “élites globales”. En este ecosistema, una tormenta puede convertirse en geoingeniería; una estela de condensación en chemtrail; una instalación científica como HAARP, en una supuesta máquina para provocar sismos o huracanes; y el sembrado de nubes, en evidencia de que alguien puede decidir dónde llueve y dónde no.
Son fenómenos, técnicas y campos científicos diferentes. Sin embargo, en redes sociales sus fronteras desaparecen hasta quedar reunidos bajo un mismo argumento: que existe una tecnología capaz de manipular deliberadamente el clima y que ya se está utilizando.
Además, varios perfiles no solo hablan de geoingeniería, HAARP o chemtrails, sino que colocan esas narrativas dentro de un marco conspirativo más amplio donde aparecen repetidamente Bill Gates, la Agenda 2030 y el Foro Económico Mundial.
El cofundador de Microsoft es el antagonista más recurrente y reconocible. Algunas cuentas lo relacionan directamente con geoingeniería solar, otras con vacunas, agricultura, alimentación o control poblacional. Eso hace que funcione como un “personaje puente”: conecta la manipulación climática con otras narrativas.
La Agenda 2030 cumple otra función. Más que aparecer como una persona responsable, se utiliza como una especie de marco político que supuestamente justificaría restricciones, control de recursos, cambios agrícolas, políticas ambientales o medidas contra el cambio climático. En tanto, WEF —junto con figuras como Klaus Schwab (expresidente ejecutivo del Foro Económico Mundial)— suele aparecer como la institución que aparentemente coordina o promueve proyectos globales como los chemtrails y el sembrado de nubes.
En particular, la usuaria @dejanirasilveir —con más de 177 mil seguidores— publicó el 23 de mayo de 2025 un video que combina imágenes reales fuera de contexto con otras creadas con inteligencia artificial, acompañadas de los rostros de Schwab y Gates, en el que sostiene: “Esos psicópatas están manipulando las nubes para producir sequías y ser dueños del agua”.
Búsquedas booleanas con los términos “Klaus Schwab AND sembrado de nubes OR técnicas meteorológicas” y “Bill Gates AND sembrado de nubes OR modificación del tiempo” no arrojaron evidencia científica, documentos oficiales ni información de medios o agencias internacionales que los vincule con programas de “manipulación de nubes” destinados a impedir la lluvia.
En realidad, Gates ha financiado investigaciones científicas sobre geoingeniería solar para estudiar la dispersión de partículas reflectantes en la estratosfera a fin de reducir las temperaturas globales. Sin embargo, las narrativas conspirativas mezclan los términos de sembrado de nubes y geoingeniería, cuando son totalmente distintos.
De acuerdo con MIT Technology Review, del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT, por sus siglas en inglés), Harvard mantiene investigaciones sobre geoingeniería solar a través del Solar Geoengineering Research Program (SGRP), una iniciativa multidisciplinaria creada en 2017 que recibió financiamiento del cofundador de Microsoft, la Fundación Hewlett, la Fundación Alfred P. Sloan y otros donantes. El programa estudia la ciencia, los riesgos, la gobernanza y las implicaciones sociales y políticas de la geoingeniería solar.
El financiamiento de Gates también alcanzó investigaciones iniciales relacionadas con el blanqueamiento de nubes marinas (Marine Cloud Brightening), otra propuesta de geoingeniería solar. Esta técnica plantea dispersar diminutas partículas de sal marina para aumentar la reflectividad de determinadas nubes sobre el océano para producir un efecto de enfriamiento. No obstante, ninguna de estas líneas de investigación equivale al sembrado de nubes.
Mientras esta última busca favorecer procesos de precipitación bajo determinadas condiciones meteorológicas, la geoingeniería solar persigue reducir la cantidad de radiación solar que absorbe el planeta.

Como mencionamos previamente, una característica se repite entre las publicaciones analizadas; términos como HAARP, chemtrails, geoingeniería, sembrado de nubes y manipulación climática aparecen juntos o se presentan como tecnologías relacionadas, intercambiables o capaces de producir los mismos efectos. Pero no significan lo mismo ni operan bajo las mismas escalas.

Sembrado de nubes
La diferencia comienza incluso entre dos conceptos que suelen confundirse: tiempo y clima. Luis Fernández Carril, quien fue investigador y enlace internacional en el Programa de Investigación en Cambio Climático en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) 2014-2017, explica en entrevista con El Sabueso que el estado del tiempo se refiere a condiciones atmosféricas inmediatas —por ejemplo, que llueva hoy o que mañana aumente la temperatura—, mientras que el clima se construye a partir de patrones observados durante periodos mucho más largos. Esta distinción también separa la modificación meteorológica de la geoingeniería.
“El estado del tiempo atmosférico es lo que acontece todos los días; es la suma entre si hace calor, está nublado, etcétera. En lo que en general en las noticias le llaman ‘el clima’, es erróneo. El clima son patrones de tiempo. La Organización Meteorológica Mundial (OMM) utiliza periodos de 30 años para calcular las normales climatológicas estándar. El sembrado de nubes sería una condición meteorológica (del tiempo); no se busca que haya cambios a largo plazo en el sistema climático, sino que llueva ahora”, dice el actual gerente académico de Sostenibilidad y Cambio Climático en Ruta Azul, el Plan de Sostenibilidad del Tecnológico de Monterrey.
El sembrado de nubes es una técnica científica real. La OMM señala que las investigaciones sobre esta práctica se remontan a finales de la década de 1940 y actualmente existen programas en más de 50 países. La UNAM refiere que México fue pionero en el uso de estas técnicas para intentar aumentar la precipitación. Entre 1948 y finales de la década de 1970, en Necaxa, Puebla, se realizó un experimento que consistió en dispersar partículas de yoduro de plata mediante quemadores de acetona desde la superficie.
“La formación de nubes es un proceso que se da de forma natural. Hay partículas de aerosol que vienen de procesos naturales como las erupciones volcánicas, los desiertos y los océanos. Pero estas partículas también vienen de actividades antropogénicas. Las partículas son necesarias para que haya lluvia. Si no hay partículas de aerosol y no hay humedad, no hay nubes ni lluvia. El sembrado de nubes implica inyectar partículas que de pronto están en una concentración menor o cuya composición química o tamaño no es el ideal. Entonces, por ejemplo, es algo ilógico intentar hacer esta técnica sobre un desierto. Tú puedes meterle los mejores núcleos de nubes, pero si no hay humedad, no va a ocurrir el proceso de condensación, no se van a formar las gotitas de nube y, por tanto, no va a haber precipitación”, apunta Luis Ladino Moreno, maestro en Ciencias Químicas e investigador del Instituto de Ciencias de la Atmósfera y Cambio Climático de la UNAM.
En torno al tema, también existe desinformación. La cuenta verificada @fotografo_John, con casi 10 mil seguidores, compartió el 10 de noviembre de 2025 un video de @ultimocolinesio en el que aparece el gobernador de Nuevo León, Samuel García, a bordo de un helicóptero.
La publicación incluye frases como “Modificación artificial del tiempo” y “No existen las fumigaciones de aviones hasta que ves este hecho”. Sin embargo, como informó El Sabueso en su momento, el video real, grabado en 2022, no muestra un programa “secreto de fumigaciones”, sino un programa de siembra de nubes con yoduro de plata que buscaba favorecer la precipitación. Ante las sequías de 2021 y 2022, la técnica se aplicó con un avión King Air 350i.
Ladino Moreno advierte, sin embargo, que controlar estos procesos en la atmósfera resulta científicamente complejo y que sus resultados son difíciles de demostrar y reproducir, pero tampoco equivale a decidir cuándo y dónde lloverá a escala mundial.

Chemtrails
Otra etiqueta que aparece en las publicaciones verificadas es chemtrails, que pertenece a una categoría todavía diferente: una teoría conspirativa que interpreta las estelas visibles detrás de los aviones como evidencia de una fumigación deliberada ya sea de sustancias químicas, agentes biológicos o contaminantes.
Ladino Moreno explica que esas líneas se forman cuando el vapor de agua y las partículas procedentes de los motores de los aviones interactúan con el aire muy frío y húmedo de las capas altas de la atmósfera. El vapor se condensa y se congela alrededor de pequeñas partículas, lo que produce cristales de hielo visibles. Por eso algunas estelas desaparecen rápidamente y otras pueden permanecer durante horas.
“Los aviones vuelan a 10 o 12 kilómetros de altura, que es donde se forman las nubes cirrus. Si estas partículas salen y hay una humedad dada allí, ese vapor de agua que estaba en la atmósfera por donde pasa el avión o que sale del avión se condensa sobre esas partículas de aerosol. Las temperaturas son de -50, -60 o -70 grados y rápidamente se forma un cristal de hielo. Entonces, lo que nosotros vemos es una nube de hielo que se forma por el paso o por la intervención de las emisiones de los aviones”, aclara.
El especialista añade que la permanencia de esas estelas depende de factores como la temperatura y la humedad. En regiones tropicales las condiciones climáticas no siempre favorecen su formación o persistencia. En cambio, en latitudes medias y altas, como las de buena parte de Europa y Estados Unidos, pueden permanecer durante más tiempo.
Esto toma sentido al revisar las cuentas verificadas. Uno de los casos con mayor alcance es @BGatesIsaPyscho, una cuenta ubicada en Reino Unido. En cinco publicaciones revisadas entre el 25 y el 30 de agosto de 2026, el perfil acumuló al menos 357 mil visualizaciones en contenidos que cuestionan las estelas o las relacionan con fumigaciones, sustancias químicas y geoingeniería. Además, la IA refuerza esta narrativa.
La cuenta verificada @nogps1 —con más de 39 mil seguidores y sede en Estados Unidos— compartió el 3 de julio de 2026 una imagen del sol rodeado por un halo circular luminoso, fenómeno que atribuyó a la geoingeniería. El análisis del contenido detectó indicios de alteración con inteligencia artificial.
Un día después, el perfil difundió otra imagen acompañada de la pregunta: “Visto sobre Hawái. ¿Qué es esto? ¿Toxicidad química de la geoingeniería o algo más?”. La publicación retoma elementos asociados con la narrativa de los chemtrails, que presenta fenómenos visibles en el cielo como supuestas pruebas de la dispersión deliberada de sustancias químicas. El análisis de esta segunda imagen también arrojó que fue generada con IA.

Proyecto HAARP
De igual manera, el Programa de Investigación Auroral Activa de Alta Frecuencia (HAARP, por sus siglas en inglés) se emplea como sinónimo de geoingeniería. Su nombre aparece en publicaciones que atribuyen a instalaciones científicas la capacidad de provocar fenómenos extremos. Fernández Carril indica que estos argumentos surgen después de desastres recientes como los registrados en Venezuela, Colombia y Nepal.
La cuenta verificada @EnigmasEnX —con cerca de 60 mil seguidores y ubicación en México— publicó el 11 de agosto de 2026 —un día después del sismo de magnitud 7.4 registrado en Colombia— que el temblor no tuvo origen geológico, sino que estaría relacionado con “algo que nos bombardea desde el cielo”.
Otro contenido del mismo perfil, publicado el 10 de julio de 2026, sostiene que “la máquina HAARP más colosal del planeta funciona desde Estados Unidos” y que modifica y destruye el clima mediante una supuesta “geoingeniería militar ilegal”. Sin embargo, HAARP ya no pertenece a las Fuerzas Armadas estadounidenses, sino a la Universidad de Alaska Fairbanks (UAF). Tampoco es cierto que modifique y destruya el clima.
En los primeros segundos de la grabación, aparecen dos estructuras laterales con decenas de elementos distribuidos con una regularidad extrema, que forman una especie de corredor perfectamente simétrico. La herramienta Hive Moderation otorgó a ese material una probabilidad de 99.6% de haber sido creado con inteligencia artificial.
“La farsa del cambio climático natural se acaba de hacer pedazos al revelarse la infraestructura de la militarización del clima global a través de colosales campos de antenas tipo HAARP visibles desde satélites”, se lee en la descripción de la publicación desinformante que acumula 5 mil 124 visualizaciones.
De acuerdo con la UAF, HAARP es un proyecto científico cuyo objetivo es estudiar las propiedades y el comportamiento de la ionosfera, que se extiende aproximadamente entre 80 y 640 kilómetros por encima de la superficie terrestre, justo en el límite del espacio.
La instalación científica busca entender el comportamiento de la ionosfera para mejorar los sistemas de comunicación y navegación por radio. Contrario a lo que comentan los usuarios, no puede controlar el clima ni causar desastres naturales.

Geoingeniería y manipulación climática
La geoingeniería o ingeniería climática consiste en propuestas de intervención deliberada sobre el sistema climático a gran escala para contrarrestar el calentamiento global. Se divide en dos categorías básicas: eliminación de dióxido de carbono (CDR, por sus siglas en inglés) y gestión de la radiación solar (SRM en inglés), que a su vez se agrupa de la siguiente manera, según la organización Geoengineering Monitor:
La inyección de aerosoles estratosféricos —abordada al principio del texto— y el blanqueamiento de nubes marinas son los métodos de SRM que han generado mayor cantidad de investigaciones.
Según los especialistas, el término de geoingeniería funciona como un “paraguas” bajo el cual los usuarios reúnen fenómenos, tecnologías y teorías que no son equivalentes. La palabra aparece junto con las etiquetas previamente mencionadas y prácticamente para cualquier hecho atribuido a una intervención humana.
“La geoingeniería es el intento de manipulación intencionada a través de un proyecto para contrarrestar el cambio climático global”, dice Fernández Carril.
Actualmente se llevan a cabo proyectos de investigación y experimentos a pequeña escala, aunque no existe un despliegue global oficial a gran escala para modificar el clima. En mayo de 2025, por ejemplo, la revista Nature dio a conocer que la agencia de investigación de alto riesgo del Reino Unido financiará proyectos por valor de 75 millones de dólares para el campo de la geoingeniería. Los 21 proyectos incluyen experimentos a pequeña escala al aire libre que intentarán aumentar el espesor del hielo marino del Ártico y aumentar el brillo de las nubes para que reflejen más luz solar.
Un informe de la Unesco, publicado advierte que la geoingeniería podría perjudicar a las políticas climáticas existentes y desviar los fondos cruciales dedicados a reducir las emisiones y a adaptarse. Los elevados costes que conllevan el desarrollo y el despliegue de estas herramientas, también podrían acentuar las desigualdades mundiales entre países de distinto peso económico.
Desde 2010 el Convenio sobre la Diversidad Biológica (CDB) mantiene una decisión que, bajo el principio de precaución, establece que no deben realizarse actividades de geoingeniería climática que puedan afectar la biodiversidad mientras no exista una base científica adecuada que las justifique y se evalúen sus posibles riesgos ambientales, sociales, económicos y culturales. La restricción contempla excepciones para investigaciones científicas a pequeña escala, bajo condiciones controladas y sujetas a una evaluación previa de sus posibles impactos ambientales.
La geoingeniería no es una invención de las teorías conspirativas, pero los usuarios usan la existencia de investigaciones y proyectos experimentales como supuesto indicio de que ya opera de “manera secreta”.La inteligencia artificial añade nuevamente una capa a esta narrativa.
La cuenta verificada @76Anabellan ha difundido imágenes y videos creados con IA para denunciar un supuesto control del clima. El 5 de agosto de 2026, publicó una imagen sintética con el mensaje: “Están tapando el sol para controlarnos, nubes artificiales, radiaciones, químicos en el aire y pura lluvia. Basta de geoingeniería y manipulación del clima”. El claim sumó cerca de 2 mil visualizaciones.
El 22 de julio, la misma cuenta compartió un video generado con IA que también menciona a HAARP y le atribuye algunos de “los acontecimientos más devastadores” de la historia reciente, entre ellos apagones, terremotos, huracanes y sequías. Esa publicación alcanzó 4 mil 248 visualizaciones en X.
Otro caso fue este: en un video de poco más de un minuto, John O. Brennan, entonces director de la CIA, habla ante al Consejo de Relaciones Exteriores de Estados Unidos sobre una tecnología que podría ayudar a reducir el calentamiento global: la inyección de aerosoles estratosféricos (SAI en inglés) —un método teórico de geoingeniería solar que consiste en introducir partículas reflectantes en la atmósfera superior para enfriar el planeta—.
La grabación de 2016 es real, también la declaración. Pero una década después, una cuenta verificada en X presentó el fragmento con una narrativa distinta: su intervención fue sacada de contexto por teorías conspirativas que aseguran “admitió el uso de fumigaciones clandestinas o chemtrails”.
La cuenta verificada @BGatesIsaPyscho —con 1.1 millones de seguidores— republicó el video el 25 de agosto de 2026, el cual supera las 232 mil visualizaciones, bajo el entendido de que esas prácticas —chemtrails y geoingeniería solar— ya ocurren. Sin embargo, Brennan no reveló una operación secreta ni admitió que sustancias fueran rociadas desde aviones.
Una búsqueda inversa en Google arrojó un video publicado el 29 de junio de 2016 por el centro de estudios Council on Foreign Relations (CFR) —o Consejo de Relaciones Exteriores—. En el minuto 12:07 se encuentra el extracto viralizado, en donde señala a la geoingeniería como ejemplo de esos avances tecnológicos que tienen beneficios, pero que también pueden significar un riesgo. Además, en ningún momento de su intervención menciona a los chemtrails.
“Otras [regiones del mundo] podrían aprovechar los beneficios de la SAI y alejarse de su compromiso de reducir el dióxido de carbono. Al igual que con otras tecnologías innovadoras, faltan normas y estándares globales para guiar el despliegue y la implementación de SAI y otras iniciativas de geoingeniería”, declaró en su momento.

Las narrativas mezclan tecnologías reales de modificación meteorológica —de alcance limitado y sujetas a determinadas condiciones atmosféricas— con afirmaciones sobre un supuesto control global del clima por parte de gobiernos, élites u organizaciones internacionales.
La distorsión sigue una especie de escalera: de la posibilidad real de intervenir en algunos procesos atmosféricos bajo condiciones específicas —como ocurre con el sembrado de nubes— se pasa a la idea de que “podemos controlar el tiempo” y de ahí a “alguien controla deliberadamente el clima”.

La desinformación sobre geoingeniería, chemtrails, HAARP y supuesta manipulación climática que difunden algunas de las cuentas analizadas no circula de manera aislada. El análisis de sus publicaciones muestra que estos contenidos pueden convivir con teorías conspirativas más amplias sobre supuestas élites globales, el “Nuevo Orden Mundial”, la Agenda 2030, el “Gran Reinicio”, la reducción de la población o el control de los gobiernos y organismos internacionales.
El llamado “Nuevo Orden Mundial” (NWO, por sus siglas en inglés) es una teoría conspirativa que sostiene, en sus distintas variantes, que una élite secreta busca concentrar el poder y establecer un gobierno mundial autoritario. El “Gran Reinicio”, en cambio, parte de un hecho real.
El Foro Económico Mundial lanzó en 2020 una iniciativa denominada Great Reset para plantear cambios económicos después de la pandemia de covid-19. Alrededor de esa propuesta surgieron teorías que aseguraban, sin pruebas, que las élites habían utilizado o incluso provocado el confinamiento para imponer un sistema de control mundial. El Instituto para el Diálogo Estratégico ha documentado cómo esta narrativa terminó vinculándose con teorías sobre el “Nuevo Orden Mundial”, vacunas, Agenda 2030 y posteriormente políticas climáticas.
Estas ideas aparecen explícitamente en algunas de las cuentas verificadas analizadas. @soroshijueputa2, por ejemplo, se describe como contrario a un sistema al servicio de una “élite globalista” y ha publicado mensajes que relacionan el “Gran Reinicio del Foro Económico Mundial”, la Agenda 2030, el “Nuevo Orden Mundial” y un supuesto futuro “gobierno mundial”. Por su parte, @JulioRazona sostiene en su canal de Telegram que existe una “guerra contra el globalismo”, al que atribuye como supuesto objetivo la “despoblación”, y conecta esa narrativa con la Agenda 2030, el “NWO” e incluso una supuesta “élite satánica”.
El perfil reproduce narrativas asociadas con este universo. En un mensaje de Telegram afirma que una élite supuestamente sacrifica a menores y relaciona a este grupo con figuras como Bill Gates, el empresario húngaro George Soros y la familia Rockefeller, además de la Agenda 2030 y organismos extranjeros. En otra publicación apunta que una “élite masónica” busca imponer un “Nuevo Orden Mundial” y la responsabiliza de una supuesta industria “pedófila, satánica y perversa”.

El perfil @dejanirasilveir también ha difundido contenidos que presentan el cambio climático como una supuesta herramienta de los “globalistas”. En distintas publicaciones asegura que “globalistas no electos” utilizan la denominada “estafa climática” para avanzar la Agenda 2030 y establecer un “gobierno mundial” o “Nuevo Orden Mundial” que controlaría aspectos de la vida cotidiana. El mismo mensaje introduce a Bill Gates dentro de esa narrativa. Sus contenidos, además, son amplificadas por perfiles que se identifican expresamente como contrarios al “Nuevo Orden Mundial” y la “élite”.
Un artículo compartido en la plataforma para conectar a la comunidad científica ResearchGate, nombrado “Los ‘chemtrails’: un fenómeno que despierta un amplio debate en las redes sociales, pero con escasa presencia en la prensa digital” y escrito por el académico Xavier Durán de la Universidad Autónoma de Barcelona en noviembre de 2024, ya tenía bajo la mira a este perfil y al de @JulioRazona por sus constantes mensajes desinformantes.
El caso de @BGatesIsaPyscho es similar. En 2024, Climate Action Against Disinformation (CAAD) la identificó como un actor importante de desinformación climática, cuando tenía unos 671 mil seguidores.

Para Cecilia Rosen Ferlini, doctora en Ciencias Sociales por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) sede Argentina, una de las claves para frenar la desinformación está precisamente en revisar cómo se construye el argumento y no dejarse convencer únicamente porque una publicación menciona estudios, científicos o instituciones. La credibilidad, explica, no depende solo de la autoridad de quien habla, sino también de cómo se presenta la información, quién la difunde, desde qué posición lo hace y qué intereses pueden existir detrás.
En las teorías conspirativas ocurre una concatenación de afirmaciones. Rosen Ferlini lo describe como jalar de un hilo del que aparecen sucesivamente otros elementos: “Esto se concatena con lo otro”. El problema es que esas conexiones pueden establecer relaciones de causa y efecto que, aunque formen una historia aparentemente coherente, no tienen detrás una cadena de razonamiento científico o académico que las sostenga.
La también maestra en Comunicación Pública de la Ciencia por el Imperial College London propone hacer el recorrido inverso: partir de la conclusión y preguntarse qué premisas, planteamientos y evidencias permiten llegar hasta ella. Es ahí donde pueden detectarse evidencias manipuladas o fabricadas y argumentos que suenan convincentes, pero no se desprenden de los datos presentados.
La inteligencia artificial puede facilitar todavía más ese proceso. La especialista no plantea que estas herramientas hayan originado la desinformación ni que sean indispensables para que exista. Su papel, dice en entrevista, está más relacionado con la capacidad de facilitar y automatizar procesos que antes requerían mayores recursos.
El problema se acentúa cuando ocurre un desastre, en palabras de Jonathan Hernández Pérez, investigador del Instituto de Investigaciones Bibliotecológicas y de la Información de la UNAM.
“Un sismo, una inundación, una tormenta o cualquier otro fenómeno abre un periodo en el que todavía no existe suficiente información sobre lo sucedido. Esos vacíos pueden llenarse rápidamente con imágenes sintéticas”, menciona a esta unidad de verificación de Animal Político.
La fabricación de evidencias tampoco se limita a fotografías y videos. La IA permite imitar el lenguaje y la apariencia de un artículo científico, inventar autores y producir documentos que parecen provenir de sitios especializados.

Esta investigación fue realizada por El Sabueso de Animal Político y se incluye dentro de “Los Desinformantes”, una serie de investigaciones sobre diferentes actores que desinforman en la región que realiza LatamChequea, la red de chequeadores latinoamericanos. Esta nota fue realizada en el marco del proyecto “Promover la información confiable y luchar contra la desinformación en América Latina” coordinado por Chequeado y financiado por la Unión Europea, su contenido es responsabilidad exclusiva de El Sabueso de Animal Político y no refleja necesariamente los puntos de vista de la Unión Europea.