Ave Velázquez · 16 de marzo de 2025
La edad promedio de detección de cáncer de mama de mujeres en México es a los 54 años, mientras que en el mundo es a los 62 años, según la Asociación de Cáncer Americana. Sin embargo, cada vez es más común que mexicanas menores de 40 años también sean diagnosticadas gracias a distintas medidas de prevención.
“Estamos viendo menores de 40 años con más diagnósticos y con diagnósticos retrasados, porque claramente al acudir a las atenciones se retrasa la atención de estas pacientes. Nadie tiene contemplado que a las jóvenes les está dando cáncer de mamá”, lamenta la oncóloga Ingrid Duarte, integrante de la Fundación de Cáncer de Mama (FUCAM).
La Norma Oficial Mexicana refiere que la prevención puede iniciar a partir de los 20 años con autoexploración, a los 25 años con acompañamiento de un especialista del área de ginecología y, en el caso de mujeres que no superen los 40 años y detecten anomalías, lo recomendable es realizar un ultrasonido mamario.
Lo ideal es que la técnica de autoexploración debe aprenderse de manera presencial con personal médico especializado y, en las siguientes autoexploraciones —comúnmente realizadas en casa—, la recomendación es hacerlo en la ducha con la espuma del jabón o con un aceite para facilitar la detección, explica la doctora María Eloiza Lascari Muñoz, académica de la Facultad de Estudios Superiores (FES) Zaragoza de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
De acuerdo con la Secretaría de Salud, algunas de las anomalías que se pueden detectar son las siguientes:

Además, la doctora Dafne Mendoza Tagle, cirujana oncóloga de FUCAM, menciona que a partir de los 25 años, además de la autoexploración es necesaria una valoración clínica correcta.
Tanto la doctora Lascari Muñoz como Mendoza Tagle coinciden en que si en la autoexploración se detecta alguna anomalía o hay algún factor de riesgo como antecedentes familiares de cáncer de mama u ovario, menstruación temprana, el peso o la falta de ejercicio y son mujeres menores de 40 años, se debe hacer un ultrasonido mamario.
Dependiendo del resultado, y para un diagnóstico oportuno, hay que realizar otros estudios posteriores que pueden ser una resonancia magnética, que consiste en una técnica médica de diagnóstico por imágenes obtenidas mediante imanes y ondas de radio.
También una tomosíntesis de seno (tomografía de un ángulo limitado de alta resolución) y, posteriormente, una mastografía convencional (estudio de rayos x de las mamas) o contrastada (se inyecta un medio de contraste antes de realizar las imágenes) y, finalmente, una biopsia en la cual se extrae una muestra de tejido o células para determinar si es algo benigno o maligno.
Para mujeres mayores de 40 años, lo recomendable es realizar una mastografía de manera anual para tener una detección oportuna del cáncer de mama.
Antes de esa edad no se recomienda debido a la densidad mamaria, pues las mujeres tienen más tejido fibroso y glandular, lo que hace más difícil que el cáncer sea visible en una mastografía. En esos casos, los tejidos mamarios aparecen de color blanco igual que las masas tumorales u otras anomalías.
“Conforme va pasando el tiempo, a las mamas se les va quitando lo fibroso, pero en las mujeres jóvenes hay más tejido denso, o sea, más durito, pero eso es normal en gente joven”, aclara la doctora María Eloiza Lascari Muñoz.

Existen diversos factores de riesgo que tienen que ver con circunstancias genéticas o hábitos para que una mujer contraiga cáncer de mama. Pero, dentro de estos factores están los modificables que, como lo dice su nombre, son posibles de eliminar. Mientras que los no modificables son adherentes a nuestro cuerpo.
Los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) los clasifican así:
