¿El alcohol mata neuronas? El consumo de bebidas alcohólicas sí altera el funcionamiento el cerebro

Kenia Hernández Rivera · 26 de julio de 2026

¿El alcohol mata neuronas? El consumo de bebidas alcohólicas sí altera el funcionamiento el cerebro

Uno de los mitos más virales en redes sociales alrededor del alcohol es que cada copa “mata neuronas”. Es verdad que el consumo de esta bebida provoca daños a la salud, pero esta narrativa ocasiona que no se conozca con precisión lo que realmente ocurre en el cerebro cuando una persona ingiere bebidas alcohólicas.    

Especialistas consultados por El Sabueso explican que el alcohol sí altera el funcionamiento del sistema nervioso, pero un consumo ocasional no provoca la muerte de neuronas.      

Los efectos inmediatos, como las lagunas mentales, la pérdida temporal de memoria, la desinhibición y las dificultades para coordinar movimientos, ocurren porque el alcohol modifica la comunicación entre las células nerviosas, no porque las destruya. Solo el consumo excesivo y sostenido durante años puede causar alteraciones, entre ellas una reducción en el tamaño de las neuronas.

“Hábitos que están matando tus neuronas y no sabías: beber alcohol”, afirma una publicación que acumula 74 mil 600 interacciones, 610 comentarios, 8 mil 781 guardados, 9 mil 572 veces compartida y 1.7 millones de visualizaciones en TikTok. Sin embargo, este contenido resulta engañoso.

Captura de pantalla de contenido desinformante.

La alteración neuronal depende de la constancia del consumo de alcohol

Kioko Rubí Guzmán Ramos, química farmacéutica bióloga por la UNAM, explica a la unidad de verificación de Animal Político que la evidencia científica no muestra que un consumo ocasional cause daño neuronal, hepático o digestivo. En contraste, el consumo frecuente y prolongado sí incrementa el riesgo de diversos problemas de salud.

El panorama cambia cuando el alcohol deja de consumirse de forma esporádica y se convierte en un hábito durante muchos años. La especialista en Ciencias Biomédicas señala que el consumo crónico y abundante puede provocar alteraciones neuronales en determinadas regiones del cerebro. 

Existe regiones específicas del cerebro medio conocidas como núcleos tuberomamilares, relacionadas con procesos nutricionales y de memoria, que son particularmente sensibles tanto al efecto tóxico del alcohol como a la deficiencia de tiamina (vitamina B1), cuya absorción se ve reducida por el consumo de esta bebida.

La combinación del daño tóxico y déficit nutricional puede derivar en el síndrome de Wernicke-Korsakoff, asociado al consumo crónico de alcohol. A diferencia de los episodios de olvido puntual, sin tratamiento, este síndrome puede incapacitar, producir pérdida permanente de la memoria y poner en peligro la vida. 

“El consumo de alcohol activa la vía de recompensa del cerebro y produce euforia, lo que favorece el desarrollo de la dependencia. Además, el consumo crónico y excesivo daña las neuronas a través de sus vías de transducción de señales intracelulares”, menciona.

De acuerdo con el Instituto Nacional sobre el Abuso del Alcohol y el Alcoholismo (NIAAA, por sus siglas en inglés), algunos síntomas de la enfermedad, como los problemas musculares y de visión, pueden revertirse si el tratamiento con tiamina comienza de forma oportuna. Pero otros síntomas responden con mayor lentitud o pueden no ser completamente reversibles. 

Sin atención médica, la enfermedad de Wernicke puede evolucionar hacia la psicosis de Korsakoff, un trastorno neuropsiquiátrico irreversible que impide formar nuevos recuerdos y provoca confabulación, un fenómeno en el que la persona llena los vacíos de memoria con relatos inventados que construye de forma inconsciente. 

¿El cerebro puede recuperarse si se deja de beber alcohol?

Respecto a la capacidad del cerebro para recuperarse cuando una persona deja de beber alcohol, Guzmán Ramos explica que este órgano conserva cierto potencial de reparación gracias a la plasticidad sináptica, un mecanismo que permite restablecer la comunicación entre las neuronas, siempre que no haya ocurrido una muerte celular, un punto que califica como irreversible, ya que las neuronas no se dividen. 

Aunque existe un proceso de neurogénesis —generación de nuevas neuronas—, el consumo de alcohol afecta este mecanismo y la cantidad de células que se producen no alcanza para compensar la pérdida causada por un consumo crónico y abundante.

“Antes de llegar a la pérdida de neuronas existe una gran flexibilidad, que llamamos plasticidad sináptica, la cual permite recuperar la comunicación entre las células del cerebro y conservar sus funciones normales. Incluso, ese principio forma parte de los procesos de neurorehabilitación. Es posible recuperar el daño hasta cierto punto, siempre que no haya muerte neuronal, porque esa ya es irreversible. Aunque existe la neurogénesis, el alcohol también afecta ese proceso y la cantidad de neuronas nuevas nunca sustituye las que se pierden por un consumo muy crónico y abundante de alcohol”, apunta.

Esta explicación coincide con lo descrito en un artículo publicado por Oxford Academic. La investigación refiere que el consumo excesivo de alcohol provoca estrés oxidativo en el cerebro, un proceso en el que se generan moléculas capaces de dañar las células, incluidas las neuronas. Además, el organismo activa una respuesta inflamatoria que incrementa la producción de proteínas asociadas con el daño cerebral.

El estudio también indica que, tras un periodo prolongado de abstinencia, el cerebro pone en marcha mecanismos de reparación. Entre ellos destaca la formación de nuevas células cerebrales, sobre todo en el hipocampo, una región relacionada con la memoria y el aprendizaje. Sin embargo, este proceso no implica que todo el daño desaparezca ni que las neuronas perdidas se recuperen por completo.

“La abstinencia después de la intoxicación por etanol en exceso da como resultado la génesis de células cerebrales que podría contribuir al retorno de la función y la estructura cerebral que se encuentra en los humanos abstinentes”, concluye el artículo académico.

¿Hay una dosis de alcohol segura?

Los primeros indicios de que el alcohol comienza a afectar la salud cerebral suelen manifestarse como cambios progresivos en la memoria, la atención y el funcionamiento cotidiano. La persona puede notar que olvida con mayor frecuencia compromisos, medicamentos o tareas laborales, además de presentar dificultades para desempeñarse en el trabajo o en su vida familiar. Conforme avanza la adicción, también pueden aparecer irritabilidad, descuido personal y un cambio en las prioridades, donde la búsqueda de alcohol desplaza otras actividades importantes.

Para la especialista, el mensaje más importante es distinguir entre el consumo ocasional y el consumo crónico. Beber una copa de alcohol de forma esporádica no “mata neuronas”, pero tampoco debe interpretarse como una práctica benéfica para la salud. El consenso científico actual apunta a que no existe una dosis completamente segura de alcohol y que los riesgos aumentan conforme el consumo se vuelve más frecuente y prolongado.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) publicó en 2023 una declaración en The Lancet Public Health, en donde indica que “en lo que respecta al consumo de alcohol, no existe una cantidad segura que no afecte a la salud”.

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