Miroslava Garduño · 27 de septiembre de 2025
¿Alguna vez te has preguntado qué hace tan famoso al ácido hialurónico? Debido a su explosión en redes sociales, este ingrediente se ha convertido en el favorito de las cirugías cosmetológicas. Pero ojo: no todo lo viral es seguro. Antes de probarlo, conviene conocer la opinión de los profesionales y aprender que su uso requiere de mucha responsabilidad y conocimiento especializado.
El ácido hialurónico es un polisacárido presente de manera natural en el cuerpo; tiene forma gelatinosa y se halla sobre todo en las articulaciones, los cartílagos y la piel. Tiene la capacidad de retener y atraer moléculas de agua, por lo que es un gran humectante y voluminizador natural.
Conocido por sus propiedades rejuvenecedoras y reparadoras, es ideal para tratamientos faciales, pues su disminución natural a partir de los 25 años causa arrugas, líneas de expresión, sequedad y pérdida de luminosidad. Además de hidratar, voluminiza el rostro y mejora el contorno y la firmeza al compensar la baja producción de colágeno y elastina.
Existen dos tipos de ácido hialurónico y su tipo depende de la densidad en que las moléculas se articulan en una malla: mientras más reticulada sea la malla más densidad tiene. Los tipos de ácido son:
No hay uno mejor que otro, pero siempre es recomendable ir con dermatólogos y cosmetólogos para que determinen cuál es el ideal para cada persona, su frecuencia de uso y cómo implementarlo en la rutina de cuidado diaria.
Los efectos adversos que tiene el uso del ácido hialurónico dependen del tipo de tratamiento que se tenga. Si es inyectable puede producir reacciones inflamatorias, hematomas, ronchas, abscesos en el lugar de la aplicación y algún edema por alergia o mala aplicación.
Si la administración es mal aplicada, puede que se obstruyan arterias y eso genera una necrosis cutánea. Y si la aplicación es cerca de los ojos como el relleno de ojeras, puede que termine en pérdida de la vista.
El doctor Erick Alejandro Jiménez Herrera, cirujano dermatólogo, dermatoncólogo y cosmético, explica a El Sabueso que los riesgos dependen del tipo de ácido hialurónico que se coloca y qué técnica se utiliza. Uno de los peligros a largo plazo es que se puedan formar fenómenos autoinmunes que hinchen el ácido hialurónico, lo cual provoca una alergia.
También puede producir una hinchazón crónica —semanas o meses— donde se pierde la definición del rostro. En palabras del especialista, “ya no se les ve esa definición bonita del pómulo de la mandíbula, sino que ya se ven como hinchados; no es que tengan mucho relleno, es porque el ácido hialurónico está ocasionando esa hinchazón”.
Otro riesgo a tomar en cuenta es la disminución de drenaje linfático, lo que provoca fibrosis, es decir, cicatrices alrededor de donde se colocó el ácido, y puede llevar a la deformación de la cara.
Sobre la ceguera provocada por la mala aplicación, el doctor Jiménez confirma que este riesgo puede suceder por administrar la inyección de forma inadecuada en la nariz para hacer un perfilamiento, una rinomodelación con ácido hialurónico o una aplicación muy cerca de una arteria que se llama infrarvicular.
“Cuando tú estás aplicando, por ejemplo, rellenos en la zona de la mejilla, abajo del ojo, no es porque se inyecte directo en el ojo, es porque en la nariz y en la parte de la mejilla nosotros tenemos unas arterias que se conectan directamente con unas vías que nutren el ojo”, explica el doctor.
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El ácido hialurónico es usado para varios procedimientos estéticos y otras especialidades de medicina. Con ácidos hialurónicos menos densos se puede hacer el relleno de cicatrices, estrías, injertos en cirugías de cáncer de la piel para armonizarla y mejorar la naríz y los labios. Los ácidos hialurónicos más densos se usan en los rellenos de glúteos y el marcaje de la mandíbula.
En la actualidad, ya existen otros usos para esta sustancia que cada vez ganan más popularidad, como el alargamiento y engrosamiento peneano, así como el rejuvenecimiento de los labios mayores en mujeres.
En redes sociales existen varios mitos sobre el uso de esta sustancia. Aquí presentamos ejemplos de ellos y lo que responde el especialista sobre si son verdaderos o falsos.
Al ser de uso cosmético en el mundo, se han establecido normas para su uso, pues el aumento de su popularidad ha causado el uso irresponsable de esta tecnología, lo que atenta contra el bienestar de las personas.
En 2022, la Comisión Europea agregó un anexo al Reglamento de Ejecución sobre Productos Sanitarios para determinar cómo los profesionales especializados en la administración de las sustancias deben gestionar los riesgos, los controles y la información de seguridad como etiquetas e instrucciones de uso, para poder llevar un control responsable en el uso cosmético de este producto.
En México existe la Ley General de Salud, donde se establecen las bases y las modalidades para el acceso a los servicios. En el capítulo IX, en el artículo 271, se estipula que cualquier método para cambiar o corregir regiones del cuerpo debe hacerse en establecimientos con licencia sanitaria vigente y por personal profesional certificado por la Secretaría de Salud.
Para la supervisión de los productos existe la Cofepris, que es la autoridad encargada de vigilar y autorizar los registros y que se cumplan las normas de seguridad, eficacia y calidad por el bienestar de los consumidores. Esta comisión ha emitido alertas sanitarias sobre dos productos que contienen ácido hialurónico.
La primera alerta fue el 23 de agosto de 2022 con un producto inyectable de ácido hialurónico y lidocaína. El producto Juvederm Ultra 4 era comercializado de manera ilegal, ya que no contaba con registro sanitario en México y la empresa fabricante determinó que el lote comercializado era un producto falsificado.
La segunda fue el 3 de octubre de 2024 con un producto tomado de ácido hialurónico que no contiene sellos de posibles efectos y riesgos. Los suplementos de la marca Umary no contaban con los permisos correspondientes y su publicidad no tiene el mensaje precautorio de los ingredientes.
El doctor Jiménez menciona que las clínicas y los especialistas deben estar certificados ante los laboratorios que comercializan el ácido hialurónico y ante la Cofepris. También dice que sí existen guías para el uso y aplicación, pero que son exclusivas de los médicos que las administran.
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