"Fuimos la inspiración, no colaboración": Ricardo Ángeles sobre Pixar, 'Coco' y el Día de Muertos

Luis Baylón · 2 de noviembre de 2026

"Fuimos la inspiración, no colaboración": Ricardo Ángeles sobre Pixar, 'Coco' y el Día de Muertos

¿Creías que la película animada de Pixar lo explicaba todo sobre los alebrijes y la cosmovisión oaxaqueña? Para la familia de creadores que inspiró visualmente aquel fenómeno cinematográfico, la historia es mucho más profunda, crítica y libre de complacencias comerciales.

En una entrevista exclusiva con Animal MX en el marco de Decididas Oaxaca, el artista plástico Ricardo Ángeles —hijo de los maestros artesanos Jacobo y María Ángeles, pilares del renombrado taller comunitario en San Martín Tilcajete, Oaxaca— reflexionó con franqueza sobre la huella que dejó la cinta Coco (2017), el papel real que desempeñó su familia frente al gigante del entretenimiento y por qué la conmemoración de las y los difuntos en México debe escapar del consumo superficial para convertirse en un espacio de memoria social activa.

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Coco de Pixar: “No nos involucramos técnicamente, fuimos la inspiración”

Cuando el equipo creativo y de investigación de Disney-Pixar recorrió los valles centrales de Oaxaca buscando la raíz de la celebración, quedaron maravillados por la dinámica comunitaria y el virtuosismo del taller familiar de los Ángeles. Sin embargo, a casi una década de aquel viaje, Ricardo aclara los límites de ese vínculo:

“Nosotros mismos no promovemos lo de Pixar… porque lo que hacemos es superior a la participación que fue Pixar. Lo agradecemos y nos benefició mucho, pero no es el valor primario de lo que hemos hecho como Jacobo y María Ángeles”, expresó en entrevista Ricardo Ángeles.

 

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El creador reconoce que en un primer momento sintió recelo ante la llegada de una corporación extranjera. No obstante, las palabras de su padre, el maestro Jacobo Ángeles, le dieron claridad: “Yo era una persona muy crítica y revolucionaria cuando pasó lo de Coco… y mi papá me dijo: ‘Mira, si tú no lo hacías y tú sabes quién eres y nosotros sabemos cómo somos… alguien más lo va a hacer’”.

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Respecto a cómo concibieron la relación de trabajo, la postura es categórica:

  • Inspiración familiar: “Algo muy interesante que sí nos quedó muy claro de parte de Pixar fue que en nosotros veían justamente la magia y la fantasía, pero porque la película está basada en la familia, no está basada en los alebrijes. Ellos decían: ‘Es que ustedes representan a ese indígena contemporáneo, no al folclórico’”.

  • Cero injerencia técnica: “No fuimos una colaboración… fuimos la inspiración. No nos involucramos artesanalmente o técnicamente porque nunca lo supimos en ese momento, entonces fue más una inspiración”.

El “Efecto Coco”: El despertar del coleccionismo mexicano

Antes del estreno mundial del largometraje, la obra del taller se distribuía casi en su totalidad fuera de México, con coleccionistas consolidados en Estados Unidos, Japón y Alemania. El estreno del filme detonó una reconexión nacional con las raíces del tallado en madera de copal:

“Hasta Coco la gente peló el oficio y la gente le dio la atención al alebrije, la parte de madera”, admite Ricardo.

La proyección que provocó la producción de Disney puso los ojos del mundo en las creaciones de manos oaxqueñas y generó un genuino interés en las obras, sin embargo, lo más contradictorio es que se posicionó entre el gusto de los nacionales que no tenían en el radar inmediato estas piezas.

“Después de Coco creció mucho la audiencia mexicana; también hay coleccionismo mexicano”.

Pese a la avalancha de turismo que comenzó a llegar a Tilcajete, el taller apostó por salvaguardar su filosofía comunitaria: limitar la producción a piezas de autor con acabados botánicos y tintes naturales, cerrando la puerta a la maquila masiva o a la reproducción en serie de recuerdos complacientes para turistas.

Escapar del “Mexi-Disney”: Muertos como trinchera y memoria viva

Frente a la homogenización de la festividad —donde los supermercados comercializan paquetes cerrados de ofrendas listas para armar—, Ricardo Ángeles advierte sobre la trampa comercial e invita a desmitificar los supuestos orígenes puros de la tradición:

“Día de Muertos no tiene un origen, no es originario… no es ni mestizo ni nada. Ha sido una deformación por ser un ritual que se mantiene vivo histórico… en lo ritual no hay que ser puristas”.

La región de los Valles Centrales de Oaxaca tiene una serie de rituales que son atravesados por la estética y las creencias locales. (@jadista)

Para el artista, la verdadera potencia del altar radica en incomodar y abrir conversaciones que los discursos institucionales suelen esquivar:

“Se vuelve una trampa porque es fácil ahora ir a un súper y comprar un kit para Día de Muertos… En donde deberíamos cuidar mucho es no solamente explorar lo comercial. Que Día de Muertos se vuelva una conversación para hablar de desaparecidos, que Día de Muertos se vuelva para hablar y recordar activistas”.

La fiesta que unifica al margen del Estado

En un país atravesado por el descreimiento hacia los símbolos cívicos o la política formal, la noche de muertos se erige como el único territorio de encuentro genuino y horizontal para millones de personas tanto dentro del territorio como en la diáspora migrante

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Aunque solemos pensar en el Día de Muertos como un ritual inmutable desde tiempos mexicas, la fiesta nacional actual fue moldeada con precisión quirúrgica desde el poder posrevolucionario. Mientras José Vasconcelos puso los cimientos culturales en los años 20, fue el gobierno de Lázaro Cárdenas (1934–1940) el que terminó de oficializarlo y consolidarlo como el gran símbolo de la identidad mexicana.

La construcción de este símbolo patrio se dio en dos momentos clave:

Con la fundación de la SEP en 1921, Vasconcelos echó a andar el nacionalismo cultural para sanar las fracturas de la Revolución. Las aulas comenzaron a abrirle la puerta al arte popular, las raíces indígenas y las costumbres comunitarias como herramienta pedagógica para construir un sentido de pertenencia compartido.

El cardenismo llevó la tradición al siguiente nivel con un objetivo político claro: restarle terreno y feligreses a la Iglesia católica en plena pugna laica, como documentó la investigadora Elsa Malvido (INAH). Con el respaldo de figuras como Diego Rivera y Frida Kahlo, el régimen transformó rituales de herencia católica medieval en una fiesta cívica con tintes mexicas, masificando los concursos de altares y volviendo obligatorias las ofrendas en cada escuela rural del país.

Para el artista este fervor que se incrementa por la festividad ha servido como catalizador muy horizontal para la sociedad, por la simpleza que implica el morir como parte de la vida, además de que en este espacio todos podemos ser recordados y apreciados como parte del mismo ritual, sumado a la identidad nacional que esto ofrece se convierte en una suma de factores muy emocionales y redituables.

“El mexicano necesitaba una festividad nacional pero que no fueran los símbolos patrios; se está volviendo Día de Muertos… Creo que esta festividad se sale de toda esa duda histórica que ya tiene el escepticismo del mexicano actual”, concluye Angeles.