Paula Paredes Solarte · 18 de septiembre de 2025
“Este libro es para todo el mundo, porque todo el mundo tiene algo que contribuir a la causa antirracista.”
Con esta frase poderosa, la autora, activista, investigadora y traductora Jumko Ogata— lanza una invitación a mirar de frente uno de los temas más incómodos pero urgentes de nuestra época: el racismo estructural y la responsabilidad individual en su desmantelamiento.
Tuvimos la oportunidad de conversar con ella quien nos contó un poco más sobre todas las temáticas que se abordan en el libro.
Tal como su nombre lo indica, este es un manual con el que se busca contribuir al desmantelamiento del racismo. A través de capítulos que tocan temas como: la historia del racismo en México, el salvador blanco, la inclusión, la educación y otros temas más.
Jumko nos invita a analizar, cuestionar y ponernos la camiseta para combatir el racismo.
Más allá de contener una fórmula mágica, esta lectura se convierte en un espacio de propuesta y cuestionamiento personal, en la que en cada cierre de capitulo se hace una especie de evaluación de lo aprendido e identificado en nosotros.
La lectura y la incomodidad como herramientas de cambio
Hablar de racismo no es fácil. Leer sobre él, menos aún y Jumko lo sabe:
“De pronto leer de estos temas puede ser pesado emocionalmente, porque toca reconocer muchas cosas que nos han pasado, que también hemos hecho como acciones hacia otras personas, y puede ser incómodo”, explica.
Pero esa incomodidad, dice, es necesaria. No es el final del camino, sino el principio: “En la incomodidad hay mucha esperanza y muchas posibilidades de transformación.”
Aunque la autora aclara que al leer este texto no se asegura la eliminación del racismo, si se logra atravesar ese primer muro emocional y salir del otro lado con herramientas para imaginar y construir un futuro distinto.
“Después de pasar ese primer momento de incomodidad, pueden llegar muchas ideas productivas que nos permitan imaginar y crear futuros más iguales para todo el mundo.”
Uno de los temas que más preguntas le generan es la llamada “inclusión forzada”. Esa crítica que aparece cuando vemos elencos diversos en películas o series, cuando una marca apuesta por la representación o cuando se cuestionan los relatos históricos tradicionales.
“Me preguntan mucho sobre la inclusión forzada: que qué pasa, por qué ahora de pronto todos los elencos son personas racializadas, personas negras, hay más mujeres, más personas LGBT…” Su respuesta no es una defensa, sino una provocación: “Invitaría a las personas a cuestionarse por qué se les hace normal, neutro y universal la gente blanca.”
Para evidenciar cómo lo que se percibe como “neutro” está también construido, pone un ejemplo contundente:
“Vicente Guerrero y Morelos, nuestros héroes de la patria, no eran personas blancas. Vicente Guerrero era un hombre afroindígena. Y Morelos también. Pero los ponen como personas blancas en todos los retratos e imágenes que vemos: en la escuela, en los murales. ¿Eso no es inclusión forzada?”
La pregunta que deja flotando es tan incómoda como necesaria: “¿Por qué consideramos normales ciertos cuerpos y anormales otros?”

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Otro punto clave de su libro es la reflexión sobre el papel de las personas blancas en la lucha antirracista.
El miedo a caer en la figura del “salvador blanco” —ese personaje que actúa desde una superioridad moral y condescendencia— es frecuente. ¿Cómo evitarlo?
“Si te preocupa caer en una dinámica de salvador blanco, lo más importante es la escucha y el aprendizaje sincero. Tomarnos el tiempo para reflexionar seriamente sobre nuestro papel en un espacio determinado.”
El libro no ofrece recetas, pero sí preguntas para pensar, como esta: “¿Eres tú la mejor persona para hablar de esto en este momento, o quizás lo es alguien más?” El objetivo no es dictar reglas, sino abrir caminos: “Fomentar espacios de pensamiento crítico para que las personas lectoras puedan tomar decisiones conscientes y crear su propio camino de acción.”
Sobre uno de los conceptos más controversiales de la actualidad—el llamado “racismo a la inversa”— es tajante: no existe.
“A nivel sistémico no se excluye a las personas blancas de acceder a trabajo, vivienda digna o servicios de salud, solo por ser blancas. Esto sí pasa con personas indígenas, negras, asiáticas, con personas racializadas”, explica.
Puede haber insultos o discriminación individual hacia personas blancas, sí. Pero eso, insiste, no constituye racismo estructural:
“Es sencillamente una agresión individual, pero no lo podemos llamar racismo a la inversa porque no existe un sistema que refuerce violencias hacia la comunidad blanca por ser blanca”, agrega.
Finalmente, uno de los aspectos que más llaman la atención del texto es el propio título, y porque no basta solo con no ser racistas sino que debemos ser antirracistas, sobre esto la autora comenta:
“A todos nos han educado en un sistema racista: en nuestras casas, en la escuela, en los medios. Más que desentendernos, es mucho más productivo conscientemente decidir oponernos al racismo y tratar de crear una realidad distinta.”
El mensaje es claro: el antirracismo no es un lugar cómodo, ni inmediato, ni simple. Pero es un camino que vale la pena recorrer. Y este libro, sin duda, es una invitación honesta y poderosa para dar el primer paso.
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