Animal MX · 9 de julio de 2026
En su novela Diva, la escritora y guionista Ana Romero desentierra la vida de Mimí Derba, la primera directora de cine en México. Platicamos con ella sobre el reto de encontrar esta historia, hacerle justicia a través de las letras y las demás “Mimís” que aún permanecen ocultas en el tiempo.
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Hija de Francisco Pérez de León y Jacoba Avendaño, María Herminia Pérez de León —quien después adoptaría el nombre artístico de “Mimí Derba”— fue una auténtica pionera del cine mexicano. Su impacto en el séptimo arte nacional abarcó múltiples facetas:
Pionera multidisciplinaria: Participó como la primera mujer directora, escritora y productora en México.
Actriz prolífica: Formó parte del elenco de más de 70 películas, incluyendo clásicos como Santa o Dos tipos de cuidado.
Empresaria de la Época de Oro: Produjo 5 cintas y dirigió La Tigresa (1917).
Para Ana Romero, Mimí Derba era una figura conocida del cine, pero casi siempre encasillada. Al encontrarse con un documental de Alejandra Moya sobre ella, descubrió que su legado iba mucho más allá de la figura secundaria recurrente de “matrona” o “madama” a la que constantemente la relegaba la industria de la época.
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“Mientras más conocía su paso por el teatro, la zarzuela y la carpa en México, más me fascinaba ese ambiente teatral tan vibrante”, explica Ana Romero, autora de Diva.
Lo que la autora encontró fue a una mujer que había fundado, junto con Enrique Rosas, la compañía Azteca Films, la productora de las primeras películas en el país. Descubrió a una directora, guionista, editora e incluso vestuarista eclipsada bajo la etiqueta de actriz; una mujer que abrió camino en un arte predominantemente masculino.

“Me pareció tremendo desconocer tanto sobre una mujer que engloba temas que me interesan: las mujeres fuertes, el cine y la historia”.
Ana Romero decidió escribir una novela sobre Mimí, pero con una propuesta narrativa que le hiciera justicia a su figura y aportación. En el texto, Romero no solo narra la historia de la cineasta, sino que incluye una “película” dentro del propio libro.
“Sentí que esto necesitaba una novela y una película, así que decidí hacer un “dos en uno” y escribir la novela”
Romero vio en Mimí a una heroína en muchos sentidos; una guerrera que hizo, a base de voluntad, “lo que era muy difícil para una mujer en este país y en esa época”. Más allá de los papeles secundarios de su etapa madura, para Ana, ella fue la protagonista de su propia vida.
“Nadie le regaló nada. Al final, terminó relegada a papeles secundarios en la parte trasera del cine. Yo quería que ella fuera la protagonista de una película de aventuras, porque su vida fue una aventura”.
Uno de los aportes más interesantes de Diva es la inclusión del guion dentro de la misma novela, un “metarrelato” que funciona como homenaje a Mimí y también a un oficio que suele quedar en la sombra.
“Los guionistas somos siempre los últimos monos de la fila y por una vez en la vida quería que, en mi novela, el guion fuera una parte fundamental”, explica Romero, quien también ejerce esta profesión.
Para la autora, la literatura se nutre de otras artes, logrando que el cine y la novela establezcan una conversación entre géneros que se complementan.
Romero asegura que Mimí Derba está lejos de ser la única mujer cuya historia merece ser rescatada del olvido. Entre los nombres que tiene en mente para futuros proyectos literarios destacan:
Rosario de Acuña: Escritora, pensadora y periodista.
Elvia Carrillo Puerto: Figura clave del feminismo mexicano y pionera al conseguir el sufragio femenino en Yucatán, mucho antes de que este derecho se reconociera a nivel nacional.
Sin embargo, la autora es clara en que estos procesos creativos no se apresuran:
“Para escribir una novela, primero se tiene que macerar en la cabeza años”, cuenta, recordando que la idea de escribir sobre Mimí tardó entre cinco y seis años en tomar forma antes de sentarse a redactarla.
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Uno de los ejes que atraviesa la conversación es la delgada línea entre la historia documentada y la ficción. Romero reconoce que su novela combina hechos verídicos —como fechas, trayectos o sucesos reales— con personajes y diálogos inventados, pero insiste en que incluso la historia “oficial” conlleva siempre un punto de vista.
“Hacer un juicio con un siglo de distancia es muy peligroso y me parece injusto”, dice la autora, quien prefiere presentar a sus personajes en su contexto y dejar que sea el lector (o “la historia con H mayúscula”, como ella misma señala) quien juzgue.
Esa mirada empática se extiende también a las figuras masculinas que rodearon a Mimí, a quienes Romero no buscó condenar sino comprender dentro de las circunstancias de su época. Con Mimí, sin embargo, admite que su postura fue distinta:
“Yo quería ser un homenaje absoluto. Ahí sí fui muy parcial”
Al hablar del presente de las mujeres en las industrias creativas, Romero se muestra optimista pero realista sobre los retos pendientes. Aunque reconoce que hoy ya existen directoras, editoras y productoras ejecutivas que antes no tenían cabida, y celebra el caso de actrices latinoamericanas que hoy encabezan sus propias productoras, advierte que en los ámbitos audiovisuales fuera del cine —y sobre todo en los puestos ejecutivos— las mujeres siguen siendo minoría.
Para Romero, en algún rincón del país ya se está gestando la próxima Mimí Derba. Solo falta, dice, que encuentre el espacio para contar su historia.
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La novela Diva, inspirada en la vida de Mimí Derba, ya se encuentra disponible en librerías en formato físico y también en versión de libro digital (eBook).