¿Qué pasó con la controversia del jersey de la Selección Mexicana?

Luis Baylón · 4 de agosto de 2026

¿Qué pasó con la controversia del jersey de la Selección Mexicana?

El relato oficial prometía un pacto perfecto: la gigante deportiva Adidas, la firma mexicana de impacto social Someone Somewhere y las manos artesanas de las comunidades indígenas de Naupan, Puebla. ¿El fruto? Una codiciada equipación negra para el Tri lucida a nivel mundial, confeccionada con técnicas manuales y un código QR bordado para que el comprador “conecte” de forma transparente con la persona detrás del hilo.

Sin embargo, detrás del discurso corporativo de sostenibilidad y dignificación, se ha encendido un álgido debate periodístico sobre el verdadero alcance de la ética comercial, los límites de la maquila y la preservación de la identidad cultural.

Lo que inició como una aclamada colaboración corporativa pronto se vio confrontado por voces del activismo y especialistas textiles. Cuestionamientos expuestos por figuras como la investigadora Tatiana Bernaldez y la activista Luz Valdez —cuyas denuncias en redes sociales han alcanzado a millones de personas— han puesto sobre la mesa acusaciones sobre presuntas jornadas extenuantes, pagos por debajo del salario mínimo, desprotección de derechos laborales y la alteración de bordados tradicionales para alinearse a las dinámicas de consumo masivo.

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Ante este complejo escenario de escrutinio público, conversamos con voceros de Someone Somewhere para contrastar las críticas, entender el engranaje de su modelo y conocer su postura frente a las acusaciones de vulneración laboral y señalamientos de apropiación.

Autonomía, compliance y la línea entre artesanía y maquila

Uno de los señalamientos más incisivos sobre la colaboración radica en la naturaleza de la relación laboral. Las denuncias apuntan a que el esquema de proveeduría permite evadir obligaciones directas de seguridad social y prestaciones estipuladas por la ley. Al ser cuestionados sobre los protocolos de justicia laboral y las auditorías de gigantes globales como Adidas, en la empresa sostienen que su modelo no es de patronato directo, sino de alianza comercial horizontal:

Someone Somewhere colabora con organizaciones artesanales independientes en una relación comercial de proveeduría, bajo los principios de transparencia y respeto a su autonomía. Nuestro esquema de trabajo respeta la autodeterminación y garantiza que el control de los tiempos, lugares y formas de producción permanezcan en manos de las artesanas. Someone Somewhere cumple con la legislación vigente para este tipo de relaciones comerciales”.

Las artesanas proceden de Naupan en el estado de Puebla.(Someone Somewhere)

Respecto al estricto margen de cumplimiento en seguridad y condiciones dentro de los talleres —especialmente cuando operan en recintos de uso comunitario— la firma asegura respaldar activamente a los grupos locales para aprobar los parámetros exigidos por auditores internacionales.

“Para colaboraciones con marcas globales, acompañamos a las organizaciones para asegurar que sus espacios cumplan con los requisitos de compliance. Antes de iniciar cualquier producción, y durante todo el proceso, las instalaciones y la operación son verificadas por Someone Somewhere y por auditores independientes”.

¿Quién fija el valor del trabajo?

Frente a la brecha histórica de representación legal y económica que sufren las comunidades originarias en el mercado global, la disparidad entre el pago por hora a las bordadoras y el precio final del jersey en tienda ($80 USD en adelante) se convirtió en el punto más crítico del debate digital.

Sobre la metodología para fijar costos de forma equitativa y blindar a las trabajadoras sin asesoría legal propia, la empresa detalla:

“Se definen los precios de sus piezas a partir de procesos de muestreo y desarrollo donde, en conjunto, se determinan los tiempos y complejidad previo al inicio de la actividad; estos quedan establecidos en acuerdos escritos y órdenes de compra. A lo largo de los años, las organizaciones han contado con capacitaciones lideradas por expertos en finanzas, costeo, definición de precios y planeación para tomar decisiones informadas sobre el proceso global (materiales, logística, marketing, retail)”.

Asimismo, ante la pregunta sobre la existencia de vías de resolución interna para atender posibles atropellos en la cadena de producción, señalan la implementación de un canal anónimo de denuncias:

“Contamos con mecanismos de mejora continua, documentación, auditorías externas, canales de comunicación directa y una línea anónima para que cualquier integrante de una organización artesanal con la que trabajamos pueda reportar cualquier inquietud o irregularidad de forma confidencial”.

Las artesanas poblanas fueron las creadoras de una serie de piezas únicas. (Someone Somewhere)

Moda, artesanía y capitalismo: La delgada línea entre el comercio justo y el ‘marketing’

La relación entre el diseño mexicano contemporáneo y la artesanía de los pueblos originarios está pasando por su momento más crítico. Entre acusaciones de apropiación cultural, debates sobre el comercio justo y la reciente controversia que salpicó a marcas como Someone Somewhere, la industria de la moda local se encuentra en una encrucijada: ¿de verdad estamos frente a colaboraciones éticas o solo ante un empaque bonito para vender más?

Sobre este tema platicamos con el diseñador mexicano Anuar Layón (creador de ‘Mexico Is The Shit’), quien desde su experiencia analizó lo complejo que resulta cruzar el trabajo artesanal con las exigencias del mercado actual.

“Hay que juntar a personas buenas”: La postura de Anuar Layón

Para Layón, el problema principal radica en la falta de un marco formal que guíe estas alianzas sin caer en abusos ni en la romantización de los procesos.

“Hay varias iniciativas que están promoviendo el formato de colaboraciones con artesanos mexicanos, como el tema del no regateo y el cuidado de la apropiación cultural. Tratamos de tener la mayor precaución posible”, nos contó el diseñador.

Ante la ausencia de una metodología institucional clara en México para trabajar con comunidades originarias, Layón asegura que en sus proyectos busca aplicar dos pilares básicos: empatía y beneficio mutuo.

“Aún no hay un formato institucionalizado de metodologías de trabajo, por lo que buscamos basarnos en dos principios: que todos salgan beneficiados y que se junten personas buenas. Muchos se frenan por lo difícil que es negociar con personas que tienen poca relación con la institucionalización de los negocios y los impuestos. Hay que ser muy cuidadosos y empáticos, respetando sus procesos de producción, sus costos y sus precios”.

¿Impacto real o puro ‘craftwashing’? Lo que la industria prefiere no decir

Pero no todas las voces en la industria tienen la misma lectura optimista. Diseñadores de marcas mexicanas —quienes prefirieron mantener su testimonio en el anonimato— señalaron una realidad incómoda que salpica tanto a los discursos de sostenibilidad ecológica como a los de comercio justo.

De acuerdo con sus testimonios, el seguimiento a los procesos de impacto social y ambiental suele ser extremadamente problemático en la práctica. Muchas veces, las métricas de “comercio justo” terminan respondiendo más a estrategias de mercadotecnia, storytelling y relaciones públicas para legitimar una marca ante consumidores jóvenes, que a un verdadero compromiso con el espíritu del producto o el bienestar duradero de las comunidades artesanas.

El debate está más vivo que nunca: entre la urgente necesidad de retribuir justamente el trabajo textil en México y el riesgo de convertir el patrimonio cultural en un mero eslogan publicitario, la moda nacional aún tiene un largo camino por construir.

(Someone Somewhere)

¿Tradición en evolución o dilución de la identidad?

El debate no se limita a las cifras contables; cala hondo en la antropología textil. Diversos análisis del sector señalan que las puntadas requeridas en el jersey no corresponden a la iconografía histórica nahuatl de Puebla, cuestionando si el proyecto debió presentarse bajo la narrativa de un trabajo fabril o de maquila manual antes que artesanal.

Desde la perspectiva de Someone Somewhere, la cultura viva es dinámica y no debe encasillarse en una visión estática:

“Las intervenciones artesanales son a mano, sin ningún tipo de maquinaria industrial. En el caso del bordado, las artesanas utilizan puntadas que ya conocen y también experimentan con nuevas para atender las necesidades técnicas de los productos. Bordar sobre nuevos materiales es algo que las comunidades quieren explorar constantemente. Las tradiciones textiles no son estáticas: evolucionan, incorporan nuevos materiales y aplicaciones. Eso no las hace menos valiosas; al contrario, es parte de cómo se mantienen vivas.”

La voz de las comunidades y el impacto a futuro

En relación con el papel de liderazgos comunitarios como el de la artesana Petra —pieza clave en la narrativa pública del proyecto— la empresa prefirió remitirse a la postura que la propia Organización Mujeres Unidas Chakalxóchitl ha difundido en sus canales oficiales, reafirmando que las trabajadoras poseen su propia vocería.

A pesar de la tormenta mediática, testimonios encontrados en medios internacionales e investigaciones de campo contradictorias, en Someone Somewhere confían en que las alianzas no se verán mermadas por lo que consideran una sobreexposición mediática:

“La relación con las organizaciones con las que colaboramos es humana, sólida, horizontal y de confianza; lleva muchos años y nuestra intención es que continúe. Estamos orgullosos de nuestro trabajo, pues genera beneficios económicos, sociales y de visibilización mundial para sus integrantes. Seguiremos trabajando mediante la mejora continua y bajo los mismos principios.”

Un espejo para el sector artesanal en México

El caso del jersey de la Selección Mexicana destapó una conversación impostergable sobre los límites de la moda ética, los vacíos legales del trabajo por proveeduría en zonas rurales y el valor real de la mano de obra indígena frente al diseño de consumo global.

Para los nuevos creadores y emprendedores que buscan colaborar con el acervo textil del país, la empresa concluye con una reflexión sobre el panorama actual:

“México tiene una riqueza textil extraordinaria. El reto es crear modelos en los que esa riqueza no solo sea admirada, sino que también genere oportunidades económicas reales, dignas y sostenibles para las personas que la hacen posible. Nuestro país necesita impulsar proyectos viables, duraderos y de beneficio social para atender los distintos retos que enfrentamos como sociedad”.