¿Por qué se dice que ser adulto es una performance? Te lo explicamos

Animal MX. · 11 de noviembre de 2025

¿Por qué se dice que ser adulto es una performance? Te lo explicamos

Cuando éramos niños, creíamos que los adultos tenían todo bajo control. Sabían qué hacer, cómo reaccionar, cómo pagar impuestos, hacer tramites y que incluso tenían bajo control todas las situaciones de su vida, incluyendo las emocionales.

Luego crecimos y nos convertimos en “ese adulto” y descubrimos que, en realidad, nadie sabe muy bien lo que está haciendo. Que la mayoría de las veces solo fingimos tener la situación bajo control.

Esa sensación de estar improvisando mientras tratamos de parecer funcionales nos lleva a pensar que ser adulto no es un estado del ser, sino una actuación, un performance. En otras palabras: todos estamos, de alguna forma, interpretando la adultez.

Esta idea se ha ido popularizando más y más entre usuarios de redes sociales, por esto, te explicamos de dónde surgió y qué teorías lo respaldan. Si alguna vez te has sentido sin norte siendo adulto, te adelantamos que no eres el único.

Una vida en modo actuación

La idea de que la adultez es una performance viene de observar cómo nos comportamos para encajar en las expectativas sociales, es decir hay un guion no escrito que dicta cómo debe comportarse un adulto: trabajar, ser responsable, no perder la calma, tener metas claras, entre otras cosas.

Pero todo esto se dice más fácil de lo que se hace. La mayoría de las personas aprende a repetir estos gestos sin sentirse realmente “adultas” por dentro. Fingimos seguridad, madurez o estabilidad, aunque muchas veces estemos igual de confundidos que cuando teníamos quince años.

En ese sentido, “ser adulto” se parece más a un personaje que interpretamos todos los días, frente a distintas audiencias: la familia, la oficina, las redes o círculos sociales.

De dónde viene la idea

Aunque como te contamos hoy la frase suena popular en redes sociales o conversaciones cotidianas, la noción de que la identidad y por tanto, la adultez es una actuación viene de años atrás y tiene raíces teóricas en la sociología y la filosofía.

Uno de los primeros en hablar de esto fue Erving Goffman, un sociólogo canadiense que en los años cincuenta comparó la vida cotidiana con una obra de teatro. En su libro “La presentación de la persona en la vida cotidiana”, explicó que las personas desempeñamos distintos roles sociales, adaptando nuestro comportamiento según el contexto, como actores frente a un público.

Desde esta mirada, “ser adulto” sería uno de esos papeles: una representación aprendida que repetimos para mantener cierta coherencia ante los demás.

Las teorías detrás: Goffman, Butler y más

Décadas después, la filósofa Judith Butler amplió la conversación con su teoría de la performatividad, explicando que el género y por extensión, cualquier identidad no es algo que se es, sino algo que se hace. A través de gestos, palabras y conductas repetidas, las personas dan forma a lo que la sociedad entiende como “masculino”, “femenino”… o “adulto”.

Desde la psicología y la sociología, autores como Jeffrey Arnett también cuestionaron la idea de una adultez fija. Su concepto de adultez emergente muestra que entre los 18 y 30 años las personas siguen explorando su identidad, por lo que la adultez no es una meta, sino un proceso en constante actuación.

Y si sumamos las ideas de pensadores contemporáneos como Lauren Berlant, Zygmunt Bauman o Byung-Chul Han, entendemos que la modernidad nos exige “actuar” bienestar, productividad y control, incluso cuando nos sentimos agotados.

Vivimos, literalmente, en una performance de estabilidad.

Entonces… ¿qué significa realmente ser adulto?

Tomando en cuenta todo esto, es complejo encontrar una definición que se ajuste a lo que realmente sentimos y vivimos, quizás la adultez no sea una meta que se alcanza, sino un papel que se interpreta de diferentes maneras a lo largo del tiempo, por lo tanto no hay una manera “correcta” de ser adulto.

A veces con seguridad, a veces con miedo, a veces improvisando, tal vez eso no sea algo malo: si la vida es una obra en marcha, lo importante no es tener el guion perfecto, sino atreverse a actuar aunque no sepamos muy bien cómo termina la escena.