Abigail Camarillo · 3 de marzo de 2026
La música y el sonido definen nuestras experiencias más memorables: cantar a todo pulmón en un concierto, escuchar las primeras palabras de un bebé, los tiernos sonidos de tu mascota, o escuchar a las personas que más quieres expresarte su amor.
Aunque pensamos que la pérdida auditiva es algo de la tercera edad, la realidad es algo que deberíamos cuidar en toda nuestra vida y que se ha manifestado como una crisis silenciosa.
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Vamos por partes. La audición alcanza su máxima sensibilidad alrededor de los 20 años y después declina de forma inevitable, indica Santiago Jesús Pérez Ruiz, doctor en Ingeniería Eléctrica y responsable del Laboratorio de Acústica y Vibraciones del ICAT- UNAM.
“Tardaremos en experimentar problemas que nos dificulten la comunicación oral, pero si nos exponemos a sonidos indeseables y estruendosos de forma constante, se darán de forma temprana”, añade el experto.
Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), más de mil millones de jóvenes de entre 12 y 35 años corren riesgo de sufrir pérdidas de audición irreversible en el futuro debido a prácticas habituales de escuchar música a un volumen alto y durante un tiempo prolongado.
El mismo estudio, publicado en 2021, también asegura que una de cada cuatro personas presentará problemas auditivos para 2050, y 700 millones de personas necesitarán atención otológica para mejorar su audición.
El panorama en México no mejora. Datos de la Secretaría de Salud publicados en 2023 revelan que ya existen 2.3 millones de personas con discapacidad auditiva en el país. Lo más alarmante es que el 30% de ellas tienen apenas entre 30 y 59 años, lo que refleja un daño acumulado desde la juventud.
La sensibilidad auditiva máxima se alcanza a los 20 años. A partir de esa edad, comienza un declive natural que puede acelerarse drásticamente si no protegemos nuestros oídos en eventos de alta intensidad.
Nuestros oídos son extremadamente frágiles, pero la intensidad de los eventos que amamos —conciertos, estadios y festivales— a menudo ignora esta vulnerabilidad biológica.
Y es que existe un límite biológico que la tecnología y los hábitos modernos están desafiando. Dentro de tu oído interno se encuentran las células ciliadas, que son como vellos ultradelgados que son responsables de transformar las vibraciones en impulsos eléctricos para el cerebro.
Lo que poca gente sabe es que estas células son un recurso finito; eso quiere decir que no se regeneran. Es por ello que cuando se dañan por ruidos excesivos, edad o fármacos, el resultado es una pérdida auditiva irreversible.
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La intensidad del sonido se mide en unidades llamadas decibelios (dB). La escala de decibelios funciona de manera diferente a otras unidades como los centímetros o los litros.
La música alta en los conciertos a menudo supera los 100 decibeles, un nivel que puede causar daños a las células ciliadas del oído interno en tan sólo 15 minutos.
La siguiente tabla (basada en el Instituto Nacional de la Sordera y Otros Trastornos de la Comunicación, NIDCD) muestra los límites de seguridad antes de que ocurra un daño permanente:
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Fuente de Sonido
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Decibelios (dB)
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Tiempo Límite de Seguridad
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|---|---|---|
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Conversación normal
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60 – 70 dB
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Seguro indefinidamente
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Tráfico de la ciudad
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70 – 85 dB
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Riesgo en exposición prolongada
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Motocicletas / Cortadora de césped
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85 – 100 dB
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Daño tras periodos moderados
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Conciertos y Estadios
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100 dB
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Menos de 15 minutos
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Zonas Críticas de Sonido
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105 dB
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Menos de 5 minutos
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Picos de Sonido Máximo
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110 dB
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Menos de 2 minutos
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Sirenas / Fuegos artificiales
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120 – 160 dB
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Daño inmediato y grave
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Incluso si no alcanzas un nivel de “daño inmediato”, la acumulación de minutos en la zona de peligro desgasta tus células ciliadas. Es vital reconocer cuándo tu cuerpo empieza a resentir esta carga.
La NIDCD destaca que “un solo ruido muy alto o una exposición prolongada o repetida a sonidos de 85 dBA o más pueden causar pérdida de la audición”. Eso se vuelve más alarmante su tenemos en cuenta que un set estándar de un concierto en un festival dura entre 60 y 90 minutos.
El Instituto Nacional para la Seguridad y Salud Ocupacional (The National Institute for Occupational Safety and Health, NIOSH) da unas reglas básicas para saber si los sonidos a tu alrededor están demasiado altos:
Si coincides con cualquiera de estás tres situaciones, el volumen al que estás expuesta ES DEMASIADO ALTO.

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Hablando del zumbido que luego se te queda en el oído tras estar expuesta a un volumen muuuuy alto, hay que reconocer que este no es un sonido externo, ni un eco ni un “sonido fantasma”.
El tinnitus es una respuesta de tu sistema auditivo al estrés nervioso. La exposición constante a altos decibeles daña las células ciliadas auditivas, provocando que el cerebro genere este sonido “fantasma”.
Es vital quitar la idea de que “si el zumbido se va, el oído sanó”. Ignorar este “sonido fantasma” es ignorar la inflamación real que está ocurriendo en tu oído interno.
Aunque la sensación desaparezca tras unas horas, repetimos que las células ciliadas no se regeneran. Cada episodio de tinnitus es una cicatriz invisible; una advertencia de que has forzado tus límites biológicos.
El tinnitus es tan solo una de las señales de advertencia de que tu sistema auditivo acaba de experimentar un estrés extremo. También puedes vivir:
Identificar estas señales es el primer paso; el segundo es equiparte con las herramientas adecuadas para evitar que se repitan.
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Santiago Jesús Pérez Ruiz, experto de la UNAM, explica que la contaminación acústica y los malos hábitos también generan daños a la salud como vértigo, alteraciones en el equilibrio, repercusiones en el aparato circulatorio, digestivo y respiratorio, así como alteraciones en el sueño.
El mismo especialista, menciona una regla que deberíamos grabarnos en la mente: la regla del 2:1. Por cada 2 horas de exposición a niveles altos de ruido, regala a tus oídos 4 horas de descanso auditivo.
Ojo: Eso no quiere decir que si te vas a un concierto de dos horas, te tengas que ir a dormir cuatro, “sino que (durante esas 4 horas) disminuyas tu nivel de exposición al ruido“, explica Pérez Ruiz.
También existe el mito de que usar protección auditiva te arruina la experiencia de un concierto. Sin embargo, los tapones de “alta fidelidad” ofrecen una solución sofisticada: la atenuación uniforme.
Los protectores Hi-Fi reducen el volumen de forma equilibrada en todas las frecuencias, permitiéndote percibir matices y texturas que el ruido excesivo suele enmascarar. Protegerte no es bloquear la música, es ecualizar tu entorno.
Consejos rápidos para tu salud auditiva:
Repetimos que tu audición alcanza su máxima sensibilidad a los 20 años. A partir de ahí, el declive biológico es un proceso natural, pero la velocidad de esa caída depende enteramente de tus hábitos.
Tratar tu audición como algo de lujo, digno de curaduría y protección, es la única forma de asegurar tu futuro. Protege tus oídos hoy para que el silencio no sea lo único que escuches mañana.