Luis Baylón · 25 de mayo de 2026
Pero esta visita que ha sido compleja en la que estuvo acompañada por un estricto equipo de seguridad este encuentro con México no es solo para reconectar con los sabores y sus amistades de toda la vida. Lydia viene a presentarnos un giro increíble en su carrera: su nueva novela de ficción.
Lydia Cacho nos tiene acostumbrados a leerla en investigaciones durísimas (‘Los demonios del Edén’ una investigación exhaustiva que puso contra las cuerdas a gobernadores y las autoridades mexicanas) y fact checking puro, este nuevo libro nos lleva al terreno de la novela ambientada entre 1968 y 1975. Todo nació tras tirar a la basura un primer borrador que le parecía aburrido por estar lleno de anécdotas periodísticas. “Era malísimo ese libro, todo demasiado cuadrado, no era lo que yo quería ofrecer, lo tiré a la basura”, recuerda con humor.
El nacimiento de ‘Un halcón bajo mi ventana’ ocurrió con Julieta, la protagonista.
Mientras escribía a mano después de pasear a su perrita, Lydia cuenta cómo esta niña simplemente apareció en la página: “llegó la voz de de Julieta, la niña y en cuanto llegó esa voz, así me habitó por completo”. Julieta no es una figura de bronce; es una niña hipersensible, hija de una familia mexicana común y corriente, que trata de entender el caos de una época convulsa y de violencia.
“El libro nació con la voz de Julieta describiéndose a sí misma, su rostro, su voz, las tenía muy claras”, comentó Cacho.
El ejercicio de una novela es distinto a lo que implica un libro periodístico y el ejercicio de hacer una modelación de los personajes tuvo un acompañamiento que la llevó a crear la genealogía de los personajes y sus relaciones entre sí.
La trama nos presenta a Julieta, una morra de 14 años que anda buscando su lugar en el mundo en medio del torbellino del México de los años sesenta. Su vida transcurre entre los acordes del rock, el despertar de la revolución sexual, las primeras olas de los movimientos feministas y las rebeliones estudiantiles que desafiaban la dictadura perfecta del PRI.
El núcleo familiar de Julieta es un reflejo de las tensiones del país:
El destino de Julieta cambia por completo cuando acompaña a su madre a dos de las fechas más oscuras e importantes del México moderno: la marcha del 2 de octubre de 1968 en Tlatelolco y la del 10 de junio de 1971, trágicamente recordada como “El Halconazo”.
A partir de ahí, la protagonista se vuelve testigo de primera fila de las reuniones clandestinas de mujeres activistas de toda Latinoamérica. Estas valientes luchadoras no solo se partían la madre contra un sistema opresor, racista y antidemocrático, sino que también daban una batalla interna contra el machismo rancio de los propios movimientos estudiantiles y de la izquierda a la que pertenecían.
Uno de los puntos más fuertes de esta novela es su postura frente a la historia oficial. ¿Quiénes nos contaron el movimiento del 68 y esa década de transformación? Lydia es tajante: “La narraron 20 señores, esos que ahora les dirían señoros”, señaló Lydia. Esta narrativa patriarcal se apropió de la épica del movimiento y, de paso, “borraron a las mujeres de todos estos libros”, a pesar de que hubo miles y miles participando en las calles.
El libro hace una autocrítica a esa izquierda que invisibilizó a las suyas e intenta rescatar a las mujeres libertarias. Aquí entra la figura de la escritora Elena Poniatowska, a quien Cacho defiende de la crítica machista, celebrando su brutal sinceridad:
“Una de las grandes cosas que le admiro a Elena es que es una mujer profundamente honesta. La misma Elena siempre lo ha reconocido, ella no estuvo en el 68, ella no se pone máscaras ni se adjudica medallas que no tuvo”.
La ficción de ‘Un halcón bajo mi ventana’ convoca a las mujeres que estuvieron de cerca en los movimientos político-sociales del 68, entre ellas Elena Garro.
“Para mi (Garro) es una mujer que representa muchas cosas en ese momento. Condenada en una sociedad a ser ‘la señora de’, pero ella misma tiene una potencia única incluso superior a la de quien fue su esposo (Octavio Paz)”, sentenció.
Mirar a México desde lejos cambia la perspectiva. Lydia reflexiona sobre temas oscuros que siguen presentes, como la intervención histórica de la CIA en México, que en aquellos años se negaba rotundamente y hoy sabemos que operaba con total realidad, indica la periodista en el exilio.
“A partir de la firma del plan Mérida, cuando Felipe Calderón declara la guerra contra el narco y lo hace en en alianza con los Estados Unidos, eso ya lo sabíamos”, recordó. “A partir de ese momento se aprobó legalmente que la CIA operara en México, aunque ya lo hacía y ya estaba en la embajada de Estados Unidos; eso ya lo sabíamos, quienes nos dedicamos a las investigaciones”, sentenció Cacho.
En su novela revisita un periodo de suma politización en México y las Américas, por lo que la presencia de la CIA en la región era un hecho que se negaba una y otra vez.
“Desde esa época de finales de los 60 hasta los 80 la CIA estaba en todas partes, y pues ya sabemos que siguió: Nicaragua y en toda América del Sur”, narró.“La diferencia es esa que en aquel entonces lo negaban rotundamente, decían: ‘No, claro que no, están es la imaginación de la gente’ y ahora ya sabemos que todo es verdad”, apuntó.
Viviendo en España ha visto con otros ojos la lógica de la idiosincrasia mexicana y la forma de procesar los retos que vivimos en todos los frentes, y pese a lo abrumador que puede parecer el horizonte en México su mensaje es esperanzador y reconoce nuestra capacidad de resistencia.
“Yo creo que México es un país de valientes… es que no nos rendimos”, afirma con orgullo.
A diferencia de otros lugares de Europa, Cacho ve en la adolescencia mexicana una chispa ciudadana única. Le emociona ver a chavitas de 15 o 16 años leyendo y debatiendo, con “esas ganas de convertirse en ciudadanas, ciudadanos desde la adolescencia”.
Lydia Cacho aún no sabe si esta novela se convertirá en una saga, pero de lo que estamos seguras es que este clavado a nuestro pasado nos ayuda a entender el México de hoy. Como ella misma dice sobre esta nueva etapa creativa:
“Soy una aventurera desde que era niña y me encanta que haber incursionado en la aventura de la ficción para explorar el mundo”.
Aunque con una espina en el corazón de mantenerse lejos de los suyos y de la tierra en la que hizo su vida y carrera tiene esperanza de poder sentir a México más cerca muy pronto.