¿Los realities shows son dañinos para la salud mental? Esto dicen los expertos

Luis Baylón · 7 de septiembre de 2026

¿Los realities shows son dañinos para la salud mental? Esto dicen los expertos

Todos nos hemos atrapado alguna vez con el drama de la televisión nocturna. Ya sea por pura fascinación o por ese morbo culposo que nos impide cambiarle al canal, los realities están diseñados meticulosamente para engancharnos. Pero detrás de los gritos, los memes virales y las peleas de madrugada, existe un costo emocional real tanto para quienes los ven como para quienes los protagonizan.

Expertos de la Universidad Oberta de Catalunya (UOC) analizaron la huella psicológica que dejan estos formatos y sus conclusiones confirman lo que muchos sospechaban: la televisión no es neutral y el drama seleccionado con pinzas en la sala de edición altera nuestra percepción de la realidad.

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El gancho perfecto: estereotipos, toxicidad y relaciones contaminadas

En teoría, la telerrealidad busca reflejar conflictos cotidianos con los que el público pueda identificarse. Sin embargo, la selección de participantes responde a un sesgo deliberado de personalidad y físico enfocado únicamente en la audiencia.

“Formatos de este tipo tienen un impacto en la imagen que el público tiene de las relaciones personales y amorosas”, advierte Elena Neira, profesora de la UOC. Para audiencias jóvenes (de entre 18 y 34 años), consumir esta “versión contaminada” puede terminar convirtiéndose en un parámetro social peligroso para sus propias vidas.

La Granja VIP 2: Estos participantes ya han estado en otros realities

El psicólogo Aleix Comas coincide en que los comportamientos no se eligen por ser sanos, sino por ser polarizados. Al consumir de más estos programas, el público corre el riesgo de:

  • Normalizar la agresividad: Dar por hecho que los gritos y la manipulación son inevitables en una relación.

  • Impacto en la autoestima: Caer en la comparación constante con los cuerpos y estilos de vida expuestos.

  • Evasión de la realidad: Usar el drama ajeno para ignorar los problemas personales.

La factura emocional para los participantes

Fuera de los reflectores, el impacto en los concursantes suele ser profundo. De acuerdo con Comas, el encierro y el contexto extremo empujan a las personas a actuar como personajes y a tomar decisiones que jamás tomarían afuera.

El verdadero problema surge al salir. El participante debe hacer el “duelo” de esa realidad paralela y enfrentarse al juicio de las redes sociales, basado no en quién es, sino en la versión editada que se vendió en televisión. Sin el acompañamiento adecuado, la sobreexposición y las secuelas del encierro se traducen con frecuencia en episodios de ansiedad, depresión y desorientación personal.

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México y la telerrealidad: cuando el drama traspasa la pantalla

En la televisión mexicana, la fórmula del conflicto llevado al límite no es nueva, pero ha escalado a niveles que marcan a la cultura popular.

  • Jolette en La Academia 4 (2005): El ejemplo claro de un perfil seleccionado para la polarización. Semana a semana, la crítica implacable del jurado contrastaba con el apoyo masivo del público, generando un fenómeno donde el desgaste psicológico de la participante era el motor principal del rating.

     “En ese entonces creo que estaba tensa y los ejecutivos de ese momento querían seguir aprovechando sin entender que era humana, una niña. Me hubiera apoyado con una terapeuta”, declaró en La Caminera.

  • Lolita Cortés en La Granja VIP (2025): Reconocida por su estilo directo y sin filtros, Cortés llevó al formato de convivencia la misma tensión dramática que aplicaba como jueza. En noviembre de 2025, no pudo más y dijo “hasta aquí”. Terminó renunciando por cuenta propia a La Granja VIP tras sufrir una fuerte crisis de ansiedad y episodios severos de claustrofobia provocados por el encierro prolongado.

    “Tengo una enfermedad mental que me lleva a la claustrofobia y eso mismo me lleva a otras partes que no quiero nombrar. Es una enfermedad invisible… yo pensé que lo iba a lograr. Me tengo que ir, necesito sanar”, declaró la cantante y actriz para abandonar el reality show.

  • Gala Montes y Adrián Marcelo en La Casa de los Famosos México (2024): El caso más reciente y explícito sobre los límites de la salud mental en pantalla. Las agresiones verbales, las discusiones sobre diagnósticos clínicos y la manipulación psicológica detonaron un debate nacional sobre la violencia ejercida en horario estelar bajo el pretexto del entretenimiento.

    “Actualmente sigo en ella (una depresión) o estar un poco aislado. Me doy cuenta porque batallo mucho para socializar, le he quedado mal a amigos en sus bodas, he fallado en compromisos que no lo hubiera hecho antes, me he vuelto un poco más egoísta…”, expresó el creador de contenido regiomontano en entrevista con Nayo Escobar.

    El episodio no terminó bien para ninguno de los dos.

    “Me doy cuenta cómo la gente no sabe distinguir, me critican y juzgan como si en mi vida personal fuera como es mi personaje, no es así, pero me ha hecho tener una piel más gruesa”, aseguró Montes luego de tomar soporte profesional para su salud mental.

    Los efectos del programa traspasaron la pantalla hasta sus vidas personales.

  • Flor Vigna y Ese Pérez (2026): Aunque siempre decían ante las cámaras que no eran pareja su comportamiento era el de un romance tóxico. Desplantes, declaraciones, confrontaciones y recaer una y otra vez. La historia terminó, puesto que la argentina fue eliminada del programa el pasado 6 de septiembre. Sin embargo, ella decía que él tiene muy mal aliento cuando besa. Un romance fallido, pero retratado con todas sus fallas y seguido por las cámaras por semanas.

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Al final, la telerrealidad sigue demostrando que no hay nada de improvisado en el caos. Detrás de cada tendencia en X (antes Twitter) hay un sistema diseñado para tensionar la mente humana, recordándonos que el espectáculo puede ser entretenido, pero nunca es inofensivo.