Paula Paredes S. · 16 de septiembre de 2025
Cada septiembre celebramos la independencia, y con este motivo pensamos en diferentes personajes de la historia, por ejemplo la Malinche que fue acusada de traición y que hasta derivó en un termino que usamos en la actualidad: “malinchista”
Pero, ¿podemos hablar de libertad sin revisar los símbolos que durante siglos hemos usado para condenar a las mujeres que pensaron, hablaron o sobrevivieron?
Malintzin fue una mujer nacida entre 1501 y 1540 de origen Chotal en el poblado de Painala que en la actualidad vendría siendo el estado de Veracruz.
Contrario a los “códigos de guerra” que veíamos en los griegos, en los que el robo de una mujer podía desatar una guerra, en estas tierras las mujeres eran una especie de ofrenda del bando que había sido vencido al vencedor, esto con el fin de mantener un ambiente pacífico.
Este fue el caso de la Malinche que fue esclavizada desde joven, pero que sorprendentemente pasó de ser un “regalo” de guerra a convertirse en pieza clave en el proceso de conquista de México, y en una de las mujeres más importantes de la historia mexicana.
Gracias a su conocimiento del náhuatl, popoloca, maya y posteriormente español, fue intérprete, mediadora y consejera de Hernán Cortés.
Fue una mujer indígena en un mundo dominado por hombres y violencia, y aun así, tuvo una participación activa en uno de los momentos más decisivos de nuestra historia.
Después de la Independencia de México, cuando se construyó la historia nacional desde una mirada criolla, blanca y masculina, Malintzin fue reducida a la “traidora”, la que “entregó a su pueblo” a los españoles.
Sin embargo, como explica el historiador Luis Barjau (INAH), hablar de traición no tiene sentido pues para ese momento no existía ningún país ni nación unificada a la que ella pudiera traicionar.
Según afirma el historiador, esta fue una narrativa construida después con una clara intensión ideológica.
Puedes leer: “Es una analogía del trabajo en equipo”, Cada Minuto Cuenta estrena temporada 2
A lo largo de los siglos, la figura de La Malinche ha sido moldeada por el machismo: fue señalada como la amante, la vendida, la traidora. Su cuerpo e incluso su maternidad (al tener un hijo con Cortés) y su papel como traductora fueron usados en su contra.
Se le culpó de la caída del imperio y el triunfo español, y aunque si, su papel fue clave, se ha ignorado la responsabilidad de los pueblos indígenas que se aliaron con los españoles, como los Tlaxcaltecas, Totonacas o Huejotzincas.
¿Por qué a ella sí? Porque era mujer, indígena y protagonista.
Esto nos lleva a pensar que tal vez es tiempo de reivindicar la imagen de Malintzin. No como mártir, ni como heroína perfecta, sino como lo que fue: una mujer que supo sobrevivir en un mundo que no estaba hecho para ella.
“Fue un personaje en constante transformación que, de esclava de Cortés, se convirtió en la principal mujer de Estado en el Nuevo Mundo, incluso daba órdenes militares y aprendió los toques de mando con la trompeta”, expresó Luid Barjau.
Malintzin puede representar más que traición, puede representar también la complejidad de ser mujer en una historia escrita por hombres.
Quizás este año, entre los gritos de independencia, podamos hacer espacio para otro tipo de libertad: la de resignificar las mujeres en la historia.
Como dice el documental Malintzin, la historia de un enigma:
“A Malintzin la quisieron los indígenas, la usaron y la escondieron los españoles, y la odiaron los criollos. Pero su memoria resurge apoyada en los textos históricos. Quizás es hora de que México se reconcilie con la indígena que fue capaz de lo imposible.”
Si con esta nota te quedaste pensando y te interesa conocer más la historia de este personaje desde otra perspectiva, estos son algunos materiales que podrían ser útiles.
Entrevista con Luis Barjau sobre la Malinche de radio INAH.
Te puede interesar: Inauguran exposición “10 años de F1 en México” en rejas de Chapultepec