Animal MX · 11 de junio de 2026
La noche del miércoles, Barcelona se llenó de luces, cantos gregorianos y un montón de emotividad. ¿El motivo? El papa León XIV bendijo la imponente Torre de Jesucristo, la estructura más alta de la famosa y eterna basílica de la Sagrada Familia.
Con esto, el monumento (que todavía sigue sin terminarse) alcanzó oficialmente los 172.5 metros de altura, convirtiéndose de manera oficial en la iglesia más alta de todo el mundo.
El evento concluyó con un espectáculo masivo de luz y sonido que dejó a miles de personas con el ojo cuadrado, pero lo que realmente se robó la conversación fue el poderoso mensaje que el sumo pontífice lanzó dentro del templo.
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Durante una majestuosa misa de hora y media —acompañada por un coro monumental de 500 personas adultas y 100 niñes—, el sol se filtraba por los vitrales de colores de la basílica. Fue en ese escenario donde León XIV aprovechó su homilía para lanzar una fuerte crítica velada al gobierno del presidente de Estados Unidos, Donald Trump.
“Quienes creen en Jesús no pueden promover la guerra”, afirmó contundente el papa, conectando la fe con la urgencia de la paz global en los tiempos actuales.
Al terminar el oficio litúrgico (celebrado en una mezcla de español, catalán y latín), el obispo de Roma subió a la explanada para rociar con agua bendita la cruz que corona la torre.
“Esta cruz brilla de día, reflejando la luz del sol, y brilla de noche, iluminando la ciudad como un faro abierto al Mediterráneo”, expresó el pontífice ante los aplausos de una multitud conmovida.
Esta es apenas la tercera vez en la historia que un papa visita la obra maestra modernista de Antoni Gaudí (antes lo hicieron Juan Pablo II y Benedicto XVI). Además, la fecha no es ninguna coincidencia: ocurrió exactamente un siglo después de la muerte del venerado arquitecto catalán, cuyo proceso de canonización ya avanza en el Vaticano.
Para les habitantes de Barcelona, ver este avance es casi un milagro. “Toda nuestra vida ha estado la Sagrada Familia en construcción y el hecho de que ahora venga el papa es como poner un punto final”, nos contó María José Sedano, una abogada de 30 años que esperó horas para ver pasar al líder espiritual.
La idea original de los constructores era terminarla en 2026, justo para el centenario del fallecimiento de Gaudí, pero la pandemia de COVID-19 arruinó los planes y obligó a retrasar todo.
Ahora, los expertos estiman que la iglesia podría estar terminada dentro de unos 10 años, pero esto depende de dos cosas:
Que no haya nuevos contratiempos que detengan el flujo de turistas (quienes pagan la entrada que financia la obra).
Resolver un enorme pleito vecinal. Para construir la fachada de la Gloria (la entrada principal), el proyecto implica derribar varios edificios de viviendas, algo a lo que lxs vecinxs de la zona se oponen rotundamente.
León XIV, quien tiene 70 años, es estadounidense y también cuenta con nacionalidad peruana, tuvo un día de contrastes antes de llegar a la basílica. Por la mañana visitó la prisión de Brians y la espectacular abadía de Montserrat.
Más tarde, en el barrio del Raval, se reunió con colectivos que atienden a personas vulnerables. Ahí, el papa aprovechó la fiebre futbolera —a solo un día de que comience el Mundial de Fútbol 2026— para dar un mensaje de unidad, recordándole a la gente que en la vida, igual que en la cancha, se debe jugar “en equipo”.
¿Qué sigue para el papa? El viaje del pontífice no termina en Cataluña. El jueves y viernes visitará las Islas Canarias, un archipiélago español ubicado frente a las costas de África que se ha convertido en una de las rutas migratorias más peligrosas del mundo. Ahí, León XIV cerrará su gira con otro de sus temas prioritarios: la defensa de los derechos humanos y la acogida digna a las personas migrantes.