Verónica Santamaría · 11 de octubre de 2024
El Informe Planeta Vivo 2024 (IPV) del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF, por sus siglas en inglés) muestran que en 50 años el planeta cambió y las poblaciones de vida silvestre monitoreadas desaparecen de manera alarmante. América Latina es la región en la que se registró una mayor pérdida, seguida de los territorios de África, Asia y el Pacífico.
El Informe Planeta Vivo 2024 de la WWF es un estudio sobre las tendencias en la biodiversidad global y la salud del planeta que se construye a partir de una visión científica del estado del mundo natural e indaga sobre cómo están evolucionando las poblaciones de especies en todo el mundo.
Uno de los datos más preocupantes que arroja este informe es la reducción del 73 % en el tamaño promedio de las poblaciones de vida silvestre que se examinaron en tan solo 50 años. El periodo que se midió fue de 1970 a 2020.
Por otra parte, el informe es también el reflejo de un “sistema en peligro”, esto sucede conforme el planeta se acerca a arriesgados puntos de inflexión que, al mismo tiempo, son irreversibles por la pérdida de la naturaleza y el cambio climático.
Sobre lo anterior, los resultados arrojados en el IPV señalan que será crucial lo que ocurra en los próximos cinco años con el futuro de la vida en la Tierra para cambiar la trayectoria.
Los resultados obtenidos en el Informe Planeta Vivo 2024 tuvo como base el análisis de indicadores sobre la salud actual de la biodiversidad en el planeta y otras señales que, en conjunto, arrojan un declive de la naturaleza y la biodiversidad en todas sus formas.
Aunque en el informe del IPV explica que algunos cambios son pequeños y graduales; al acumularse, el impacto de estos puede provocar un cambio mayor e importante.
Cuando esto sucede y esos impactos acumulados alcanzan un determinado umbral, “el cambio se autoperpetúa”, señalan en el informe. Con lo anterior viene un cambio sustancial que, a menudo, puede ser abrupto y potencialmente irreversible. Ese efecto se conoce como: punto de inflexión.
Esos puntos de inflexión en la naturaleza, según se explican en el informe, se producen cuando hay presiones individuales o combinadas. Estas pueden ser la degradación del hábitat, el cambio en el uso del suelo, la sobreexplotación o el cambio climático.
Estas presiones empujan al sistema más allá de un umbral crítico, es decir, de mantenerse las tendencias actuales “es muy probable que se produzcan varios puntos de inflexión con consecuencias potencialmente catastróficas”, alertan en el informe.
Y no es para menos ya que en el IPV mencionan que algunos de esos puntos de inflexión globales pueden suponer graves amenazas para la humanidad y la mayoría de las especies que dañarían los sistemas de soporte vital de la Tierra y se desestabilizarían las sociedades en todo el mundo.
De acuerdo con los resultados arrojados por las señales de alerta temprana que son ecológicas, climáticas y sociales, que proceden de la vigilancia y de las pruebas científicas muestran que “se acercan rápidamente seis puntos de inflexión globales”.
“La degradación ecológica combinada con el cambio climático aumenta la probabilidad de alcanzar puntos de inflexión locales y regionales”, alertan en el informe.

Los resultados del Informe Planeta Vivo son claros: La biodiversidad sustenta la vida humana y, en consecuencia, las sociedades. Sin embargo, todos los indicadores del estado de la naturaleza en el planeta muestran un declive.
Como se dijo al inicio de 1970 a 2020, el tamaño medio de las poblaciones de fauna silvestre analizadas se redujo en un 73 %, según las mediciones del Índice Planeta Vivo. Estos resultados se basan en el seguimiento de casi 35 mil tendencias poblacionales de 5 mil 495 especies de anfibios, aves, peces, mamíferos y reptiles.
Del total de las poblaciones analizadas se muestra que las especies de agua dulce son las que sufrieron el mayor declive al tener una caída del 85 %. En seguida, a esa bajada se suman las terrestres con un 69 % y las marinas en un 56 %).
Ante el declive, en el informe destacan que los esfuerzos de conservación y la reintroducción de especies han estabilizado o aumentado las poblaciones pese los rápidos descensos que se han presentado. Aunque el impacto y degradación a la naturaleza ya era evidente desde 1970, hoy, con la actividad humana, se han acelerado.
El índice señala que las principales amenazas para que este declive se presente son la degradación y pérdida de hábitats impulsada, principalmente, por el sistema alimentario que rige a cada región del planeta donde predomina la ganadería, la agricultura y pesca de arrastre.
Otra de las amenazas que destaca el IPV es la sobreexplotación, las especies invasoras y las enfermedades que antes no estaban presentes. Además, el presente impacto del cambio climático mayormente señalado en América Latina y el Caribe y la contaminación con mayor presencia en los territorios de América del Norte, Asia y el Pacífico.
Algunos ejemplos de casos de estudios para determinar la salud de los ecosistemas se dio con ejemplares como la Tortuga carey de Isla Milman, al norte de la Gran Barrera de Coral y el noreste de Queensland, Australia donde su población tuvo un descenso del 57% del número de hembras que desovan en los últimos 28 años.
Otro ejemplo es el Salmón Chinook de Río Sacramento en California, Estados Unidos, ejemplar que tuvo un descenso del 88% desde el año de 1970.
De acuerdo con el informe estos ejemplos ilustran las tendencias demográficas que se registran en los datos del IPV y en investigaciones recientes. Además, contextualizan los cambios de cada región.
Ante la degradación también se proponen iniciativas sostenibles y las acciones de conservación de la naturaleza son parte de las propuestas que en el informe se presentan.
Información presentada en el informe señala que para mantener y mejorar las poblaciones de especies, las funciones de los ecosistemas y las contribuciones de la naturaleza a las personas que garanticen la estabilidad del clima y la prosperidad para todas las personas, son necesarias acciones de conservación “que estén a la altura”, señalaron.

Para lograrlo no solo se requiere detener y revertir la pérdida de naturaleza de aquí a 2030, periodo que corresponde además a las metas de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU y que firmaron 193 Estados parte en el 2015.
Se requiere, además, abordar sistemáticamente los factores que impulsan la pérdida de naturaleza, como la producción, el consumo y el desperdicio de alimentos, la cantidad y los tipos de energía que utilizamos, y la financiación para apoyar las transformaciones de estos sistemas.
“Para ser duraderas, todas las soluciones transformadoras deberán ser inclusivas, justas, equitativas y basadas en los derechos humanos”, enfatizan en el informe. Para conocer los resultados del Informe Planeta Vivo de la WWF, ingresa aquí.
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