Paula Paredes S. · 17 de junio de 2025
Tlaloc no ha dado tregua en la CDMX estos días, y aunque las lluvias han provocado inundaciones en varias zonas de la ciudad, hay una que siempre permanece en la memoria colectiva: la gran inundación de 1629.
Te contamos el chismecito histórico de lo que pasó aquella vez (spoiler: la ciudad estuvo bajo el agua ¡cinco años!) y dónde puedes ver con tus propios ojos una prueba de qué tan grave estuvo la cosa.
La Ciudad de México no siempre ha sido la urbe de concreto que conocemos hoy. En 1629, en pleno Virreinato, una de las peores inundaciones de su historia dejó a la capital sumergida bajo el agua…durante cinco años, este hecho es conocido como el aguacero de San Mateo.
Corria el 21 de septiembre de 1629 hubo una tormenta que según historiadores duró cerca de 36 horas, dejando así una parte importante de lo que ahora es CDMX bajo el agua.
Las lluvias fueron tan intensas y persistentes que el agua alcanzó hasta dos metros de altura en algunas zonas, obligando a autoridades de la Corona Española a considerar una mudanza de la capital a Coyoacán, una propuesta que finalmente no se concretó por lo costoso que resultaba.

Puedes leer: ¿Cómo tramitar tu beca de transporte a universitarios? Conoce los pasos para recibir el apoyo
Detrás del desastre también hay una historia de decisiones fallidas.
Enrico Martínez, cosmógrafo y encargado de evitar las inundaciones, propuso un ambicioso plan hidráulico para desviar las aguas de los ríos Cuautitlán y Tula. El proyecto colapsó: un tajo excavado para desviar el cauce se vino abajo y terminó empeorando la situación.
Aunque tiempo después se construyó un socavón en Nochistongo para intentar corregir el problema, el daño ya estaba hecho, y las inundaciones duraron desde 1629 a 1634.
Te puede interesar: ¿Coladeras tapadas? Así puedes reportarlas y proteger tu calle en días de lluvia
En el Centro Histórico de la ciudad aun permanece un símbolo que recuerda hasta dónde llegó el agua en 1629: una cabeza de león de piedra.
Desgastada por el tiempo pero cargada de historia, esta escultura marca el nivel máximo que alcanzó la inundación. Si te da curiosidad puedes encontrarla en la esquina de las calles Madero y Motolinía. Allí, en silencio, sigue recordándonos que la ciudad alguna vez fue un lago… y podría volver a serlo.
La inundación de 1629 no solo fue un desastre natural, sino un punto de inflexión en la historia urbana de la Ciudad de México, al durar tanto tiempo alteró el curso político del virreinato y evidenció la fragilidad de una ciudad.

Mira también: ¡Es oficial! Llegan los anuncios a WhatsApp; compañía asegura que “tu experiencia no cambiará”