Paula Paredes S · 24 de marzo de 2026
Liderada por Yei, persona no binaria y entrenador personal, “Entrena Queer” es un proyecto que nació desde la experiencia propia y que ahora busca transformar la forma en la que nos relacionamos al ejercicio.
Las expectativas cuando empezamos a entrenar
Para muchas personas, el ejercicio está atravesado por expectativas: cómo debe verse un cuerpo, qué rutinas corresponden a cada género o incluso qué tan “válido” es cierto objetivo físico, por ejemplo si eres mujer y asistes a un gym tradicional se te asignan rutinas de ejericio para áreas específicas del cuerpo, lo mismo si eres hombre, esto muchas veces sin siquiera preguntarte cuál es tu objetivo.
En los entrenamientos tradicionales por ejemplo, los ejercicios de fuerza en tren superior se alejan de lo que se les asigna a mujeres; por otro lado, trabajar zonas como glúteo a veces, es incluso mal visto entre hombres.
Frente a ese panorama iniciativas como “Entrena Queer” replantean el entrenamiento desde la identidad, la experiencia personal y la libertad corporal.
Más que un proyecto fitness, se trata de un espacio que cuestiona las reglas tradicionales del ejercicio y propone una relación distinta con el cuerpo, una en la que nos reapropiamos de él, y que nos recuerda que incluso el decidir cómo entrenamos puede ser un pasito revolucionario en la lucha contra los roles de género.
Entrena Queer nace, en primera instancia, de una vivencia íntima. Para su creador, el ejercicio ha sido un acompañante constante en su proceso de identidad y autoconocimiento:
“Mi camino de aceptación, de conocerme a mí como persona por dentro, de verme, de aceptarme, ha sido mi gran compañero. El ejercicio ha ido de la mano conmigo a lo largo de la vida”.
Desde ahí, el proyecto se construye como una herramienta compartida. No solo como una práctica física, sino como una posibilidad de acompañamiento para otras personas con identidades y corporalidades diversas:
“Surge del deseo de compartir con mi comunidad… esta herramienta que yo tengo y que me ha ayudado, esperando que alguien por ahí se encuentre un poquito de luz en su camino”.
Además, busca generar confianza en cuerpos que históricamente han sido cuestionados o normados:
“Que tengamos la confianza de habitar nuestro cuerpo, de movernos cómodamente sin las reglas que hay sobre las corporalidades”.
Uno de los pilares de Entrena Queer es desmontar la idea de que el cuerpo y su entrenamiento están definidos por el género. Desde su experiencia como persona asignada mujer al nacer, explica cómo el ejercicio le permitió cuestionar esas creencias:
“Crecí creyendo que mis brazos son muy débiles… y el entrenamiento me enseñó que no. Los brazos de todos los seres son débiles si no se entrenan”.
La conclusión es contundente:
“La fuerza no viene por derecho de nacimiento ni por el género… viene determinado por lo que haces, por cómo te entrenas”.
Esto contrasta con la lógica de muchos gimnasios tradicionales, donde los cuerpos suelen moldearse bajo estereotipos:
“Si eres varón te buscan hacer una espaldota, pectorales, brazotes; si eres mujer, que se te inflen las nalgas… se perpetúa ese estándar hegemónico de cómo debe verse un cuerpo”.
Para personas no binarias o trans, estos espacios pueden resultar incluso hostiles:
“Puedes recibir burlas, miradas… ese tipo de comentarios son muy hirientes porque van directo a la identidad”.
Frente a ello, Entrena Queer propone algo distinto: entrenar desde el deseo personal, no desde la norma.
Aunque el ejercicio suele asociarse con transformar la apariencia física, aquí el enfoque es otro. El cambio más importante ocurre en la relación con el propio cuerpo:
“Muchas veces hacemos ejercicio para que el cuerpo sea una versión mejor… como si la que ya tienes no fuera suficiente”.
En contraste, el proyecto propone moverse desde el reconocimiento:
“No fue hasta que dije: ‘puedo moverme, mi cuerpo puede hacer esto’… que empecé a amarme”.
El ejercicio se convierte entonces en una forma de expresión:
“Mi cuerpo a través del ejercicio me dice: soy fuerte, puedo mover esto… y eso me resulta muy empoderante, más allá del género”.
Entrena Queer también responde a una necesidad urgente: la falta de espacios seguros e incluyentes para personas diversas.
“La gente diversa existimos y solemos existir en la marginalidad… no está bien, no es humano”.
Por eso, visibilizar este tipo de iniciativas tiene un impacto que va más allá del ejercicio:
“Es una manera de decir: aquí estamos y podemos hacer muchas cosas… existe”.
Además, cuestiona directamente la necesidad de dividir actividades por género:
“¿A poco no todo el mundo puede correr? ¿Quién dijo que un género puede mover la cadera y el otro no?”.
En ese sentido, el proyecto no solo propone entrenar, sino repensar el cuerpo como un territorio libre: “A veces los géneros están de más”, concluye Yei.
Conoce más sobre Entrena Queer aquí
Puedes leer: El error ortográfico que costó una dirección: Juan Pablo Becerra Acosta renuncia a la Gaceta UNAM