El Estadio Azteca ¡Planeta que cumple 60 años!

Felipe Morales · 29 de mayo de 2026

El Estadio Azteca ¡Planeta que cumple 60 años!

Plutón tiene un banderín de colores; Saturno se toma el domingo y se quita el anillo; Venus apostó un viaje a otra constelación con Jupiter; Urano y Neptuno han hablado toda la semana del tercer Mundial que se jugará en el décimo planeta como el Estadio Azteca que este 29 de mayo de 2026 cumple 60 años.

 

Todos están emocionados, menos Mercurio y Marte. A Mercurio, por principio de cuentas, porque no le gusta el futbol y porque tiene complejo de arquitecto que no le gustan las remodelaciones. A Marte porque le corroe una peligrosa envidia, porque nunca ha albergado un Mundial. El futbol siempre le ha parecido un deporte de otra galaxia.

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Está celoso, seco; Marte se pone rojo del coraje solo de pensar que hay otro planeta en el Sistema Solar que tiene más vida que él. Más de la que él nunca pudo tener. Más de la que nunca tendrá.

 

“¡Extra, extra! ¡El Estadio Azteca está listo!”; “¡por tercera vez, albergará la inauguración de un Mundial!”, se lee en los carteles, colgados en los satélites, así como hace seis décadas se leyó que el primer gol anotado fue del brasileño Arlindo, en un América vs. Torino, o como, en 1970, se vivió el partido del Siglo XX, entre la Alemania de un Beckenbauer que jugó con la clavícula luxada, contra la Italia, que sería masacrada 4-1 por el Brasil de Pelé, en la Final de ese inolvidable Mundial.

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Las estrellas murmuran luz y sonríen ansiosas; los cometas agitan las banderas de fuego.

“El Estadio Azteca cumple 60 y está más colosal que nunca”.  

 

Hay un hoyo negro de emoción, una estrella fugaz que reparte los boletos y un cráter lunar que le sirve de silla a Don Melquiades Orozco para ver desde el cielo a los terrícolas que dicen, con su voz de acero, que “el futbol es un deporte universal”.

 

Se cumplió la profecía: Llegó el Azteca, vestido de Pelé y Maradona, gambeteando a las constelaciones, en forma de ingleses, que sufrieron la mano invisible de Dios.

 

Las finales y encuentros en el Estadio Azteca han marcado la historia del deportes. (Cortesía /Felipe Morales)

 

En el Azteca también se vivió la tijera de Manuel Negrete que se suspendió en una aurora  boreal para marcar el gol más bonito de los Mundiales, según una votación de la FIFA.

 

Pero sepan que el Estadio Azteca  es más grande de lo que parecía con telescopios.

Desde el espacio, se alcanzan a escuchar  sus rugidos. Fue en ese entonces cuando se supo que su tamaño es tres veces más grande que la Tierra.

 

Andrés Calamaro lo había avisado en una canción que le dedicó:  “Me aplastó ver al gigante”. “Es que sales del túnel y te aplasta”, confirmaría después el propio Maradona.

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Recién cumplidos sus 60 años se recordará que fue levantado sobre piedra volcánica y que, en sus inicios, se encontraron restos de mamut en sus inmediaciones.

 

También se hablará de que este planeta, en forma de estadio, ha visto conciertos, como el de Michael Jackson, o la pelea de box de Julio César Chávez, que noqueó todos los récords de entrada, o la visita del Papa Juan Pablo II. Porque en todos los mundos cabe la fe.

 

La memoria de una de las finales más imponentes de la historia del futbol. (Cortesía / Felipe Morales)

Cuando se recuerde aquel lejano primer aniversario del 29 de mayo de 1966, se rememorará al Cruz Azul, que gobernó los 70, o al implacable América de los 80, o al rayo del Necaxa, que partió los 90. Y a todos esos equipos gloriosos que hicieron de sus polvos, estrellas en sus escudos. Saturno siempre recordará que su anillo fue uno mismo con los aros olímpicos de 1968.

El sol también le hará un homenaje: le pondrá el gafete de capitán y le cederá su lugar. Por única ocasión. Será el verano de 2026. Cuando todos los planetas del futbol giren alrededor de él.