¿Realmente leemos menos? Por qué medir la lectura es un error

Paula Paredes S. · 24 de agosto de 2026

¿Realmente leemos menos? Por qué medir la lectura es un error

¿Realmente leemos menos, o simplemente estamos midiendo la lectura de una manera limitada?

Contar cuántos libros termina una persona al año se ha convertido en una forma de evaluar nuestros hábitos lectores pero esto deja por fuera muchísimas experiencias de lectura.

Aprovechando que hoy es el Día del Lector, te recordamos que no existe lector perfecto, pero también exploramos cómo ha cambiado el hábito de lectura.

Hablamos con Abril G karera, mediadora de lectura y directora general de la Asociación de Lectora “Libros B4 Tipos” sobre este y otros temas alrededor del ejercicio lector.

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La lectura como competencia

Para entender por qué hoy parece que existe una presión por leer más, más rápido y determinados libros, primero hay que mirar la manera en la que históricamente hemos construido la idea de lo que significa leer.

De acuerdo con Abril, no se trata únicamente de una tendencia reciente provocada por TikTok o Instagram.

La idea de que existe una manera “correcta” de leer tiene raíces mucho más profundas y está atravesada por distintos sistemas sociales.

“Hay muchos sistemas que nos atraviesan: el capitalista, el patriarcal y, ahorita, con toda la prisa de las redes sociales. Entonces hay muchas ideas que manejamos sobre lo que es leer, que tienen que ver mucho con la productividad. Y esto es histórico, social, no es reciente.”

La especialista señala que incluso la manera en la que entendemos la lectura en México está relacionada con procesos históricos que involucra el colonialismo, con el que se impuso una determinada forma de leer y una jerarquía alrededor de las lenguas.

“Se instauró una manera de leer que tiene que ver con leer en español, entender conceptos y va muy metido ahí una idea de grandeza, de que leer te hace mejor.”

Esta concepción también se fortaleció durante el siglo XX de la mano de Vasconcelos con proyectos de promoción de la lectura que asociaban los libros con la transformación individual y social. Sin embargo, para Abril existe una diferencia importante entre considerar que la lectura puede transformar a alguien y pensar que esa transformación es una obligación de los libros.

“Yo sí creo que la lectura puede transformar a las personas, pero definitivamente no es tarea de la lectura transformar a las personas, sino que el que las personas se transformen es tarea de las personas. La lectura puede ser una herramienta.”

¿Cuántos libros lees al año?

El problema aparece cuando esa experiencia compleja se convierte en una cifra.

En la escuela, por ejemplo, la lectura suele evaluarse a partir de competencias específicas: comprensión, vocabulario, atención o capacidad para responder preguntas sobre un texto.

Pero para una mediadora de lectura, esto representa apenas una parte de todo lo que implica leer. Abril considera que esta forma de evaluación también responde a una lógica de productividad: aquello que no puede medirse fácilmente queda fuera.

“Ahora ya todo se cuantifica. Para servir al sistema capitalista hay que dar datos y la lectura se toma como un objeto que se puede medir.”

El problema, explica, es que medir la lectura desde una sola perspectiva puede producir conclusiones equivocadas sobre quién lee y quién no.

“Al hacer la medición desde un solo frente, pues te pierdes de todos los matices y te puedes llevar ideas erróneas como ‘los jóvenes son tontos, que no les interesa leer, que los programas educativos fracasan, que estamos ante tiempos muy difíciles’.”

Además, estas mediciones pueden terminar generando una sensación de desesperanza entre los propios lectores.

“Los mismos lectores muchas veces no se consideran a sí mismos lectores porque no están entrando en ese sistema que los está evaluando” explica.

Día del lector
Foto: Pexels

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No todo lo que leemos cabe en una estadística

Entonces, ¿qué pasa con quienes leen fanfiction, manga, webtoons, cómics o comentarios en redes?

Aunque estas prácticas forman parte de la experiencia cotidiana de millones de personas, no aparecen cuando hablamos de los hábitos lectores de una población.

Abril pone como ejemplo el fanfiction, un tipo de lectura que puede reunir comunidades enormes, pero que rara vez aparece en las conversaciones tradicionales sobre estadísticas de lectura.

“El fanfiction se me hace como súper impresionante y ahí de verdad miles de lectores de fanfiction que nunca han sido evaluados en esa materia. O sea, nunca nadie ha hecho una evaluación de cuánto fanfiction se lee en México.”

Y el fenómeno no termina ahí. También están los mangas, los webtoons, las novelas juveniles, los fanzines y otros formatos que suelen quedar fuera de la idea tradicional de “leer un libro”.

Incluso las redes sociales, donde muchas veces se considera que las personas simplemente están consumiendo contenido, implican distintos ejercicios de lectura.

“El manga, el cómic y, viéndonos ya todavía más fuera del sistema, los fanzines. Incluso pues el chismecito, ¿no? Cualquier chismecito que hacen en redes, eso también cuenta como lectura. Leer las noticias, leer los comentarios de algún video que estés viendo en YouTube…”

Para explicarlo, Abril recuerda un comentario que encontró debajo de una canción en YouTube. El usuario contaba que había escuchado aquella canción después de terminar con su novia y, años después, había regresado al mismo comentario para ir actualizando la historia.

“Después en ese mismo comentario lo editaba y decía: ‘Ah, ya terminé con ella’. Entonces es un comentario que está editado como cuatro veces en cuatro años donde te va actualizando de qué le pasó y todo alrededor de esa canción y dije: ‘Esto es literatura’. O sea, esto bien es un cuento y es algo que está en un video”

¿Un audiolibro cuenta como leer?

Uno de los ejemplos más claros de cómo nuestra idea de lectura puede ser limitada aparece con los audiolibros.

Para algunas personas, escuchar una historia no puede considerarse “leer” porque no existe un libro frente a los ojos.

Desde la perspectiva de Abril, esta discusión vuelve a colocar la lectura dentro de una lógica de competencia.

“Mucha gente no lo considera leer porque pues es conocer la historia a través del oído y no de la vista, pero no importa y eso también amplía también el concepto de lectura.”

La lectura tampoco tiene que ser necesariamente una actividad individual y silenciosa. Puede ocurrir en voz alta, dentro de una comunidad o mediante una persona que comparte una historia con otras.

“Sistémicamente se ha priorizado una lectura individual del lector con su libro y un entendimiento solitario de la lectura. Pero la lectura en comunidad es súper diferente y también la lectura en voz alta.”

Por eso, para la especialista, preguntar si escuchar un audiolibro “cuenta” como leer puede llevarnos nuevamente a la misma pregunta: ¿en qué momento la lectura se convirtió en una competencia?

“Los audiolibros cuentan comolectura. Estar en tu celular y leer fanfic, webtoon, es leer. Y volvemos a lo mismo: la idea de leer como competencia.”

La presión de las redes también llegó a los libros

Las redes sociales no solo han cambiado cómo leemos, sino también qué leemos y por qué lo hacemos.

En plataformas como TikTok e Instagram, los libros se han convertido en objetos visuales y de conversación.

Esto puede ayudar a descubrir nuevas historias, pero también generar una nueva forma de presión: leer determinados títulos, alcanzar cierta cantidad de libros al año o mostrar públicamente que estamos leyendo.

Abril considera que esto forma parte de una transformación más amplia en nuestra relación con la atención.

“Estamos en un momento crucial porque está documentado cómo nuestra capacidad de atención está fragmentándose terrible y en personas de todas las edades, con una especial preocupación en las infancias y las adolescencias.”

La rapidez de internet también puede favorecer el consumo de resúmenes o contenidos breves en lugar de enfrentarse a una obra completa.

Para Abril el problema no está en que una persona prefiera una novela ligera o una historia breve, sino que el punto de preocupación aparece cuando la lectura deja de ser una experiencia personal y se convierte en una apariencia.

“Todos los lectores tienen el derecho de leer lo que quieran, pero sí ya veo como una señal cuando no están leyendo realmente los libros, cuando solo es como una apariencia por esto que responde a las redes sociales y a todo lo que ya dije.”

¿Qué hace una mediadora de lectura?

Las personas que se dedican a la mediación lectora funcionan, en cierta forma, como un puente entre los libros y quienes pueden convertirse en lectores. Pero no se trata simplemente de recomendar títulos.

“Nuestra tarea es acercar la lectura a las personas, que las personas se puedan descubrir como lectoras y entonces lo que hacemos es poner los títulos al alcance, dialogar con ellos, mostrarles como toda la variedad de opciones que tienen para que puedan leer.”

Por eso, la recomendación no necesariamente parte de la edad o del género literario que supuestamente debería interesarle a una persona.

“No recomendamos libros por edades ni por temas, sino más bien evaluamos al lector por quién es y sobre eso tratamos de acercarle la lectura. No siempre funciona y no es una tarea infalible, pero está ahí el intento.”

Para Abril, además, la mediación implica cuestionar las propias estructuras que determinan qué consideramos lectura y qué no.

“Siento que la mediación no sería posible si no cuestionas el sistema, porque como nuestro trabajo justo es que los lectores se acerquen a leer más y que lean mucho y que construyan este pensamiento crítico y así, eso desde el sistema es un poco cansado y poco evaluable.”

Leer por placer, no para presumir

Entonces, ¿cómo recuperar el carácter disfrutable de la lectura cuando las redes parecen convertirla en otra forma de productividad?

Una de las recomendaciones de Abril es aprender a curar nuestro propio algoritmo.

“Eso implica una responsabilidad y una conciencia y sería seguir cuentas que estén como más de este otro lado anticapitalista de la lectura.”

También propone recuperar algo que parece contradictorio: utilizar las propias redes para construir otras comunidades lectoras.

“Si eres lectora, que te animes a compartir tu experiencia de lectura. A lo mejor de un libro que no esté tan famoso. No todo es, o sea, yo sé que parece que todo es la gente que está tratando de presumir y competir y mostrar, pero también existimos los demás y también es importante que nosotros hagamos el esfuerzo de crear ese contenido para que nos encontremos entre nosotros.”

Quizá entonces la pregunta no debería ser solamente cuántos libros leíste este año, sino que también podemos empezar a preguntarnos qué historias nos hicieron detenernos, qué conversación nació después de leerlas, qué descubrimos en ellas, qué compartimos con otras personas y, sobre todo, si encontramos en algún momento una lectura que simplemente disfrutamos.

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