El amor siempre gana: la lucha que dos familias LGBTI+ superaron para estar juntas

Rogelio Loredo · 17 de mayo de 2024

El amor siempre gana: la lucha que dos familias LGBTI+ superaron para estar juntas

Hablar de familias diversas en México es hablar de una historia de lucha contra la discriminación sistemática en nuestro país. Sin embargo, también es hablar de cómo, a través del activismo, algunas integrantes de estas familias han pavimentado el camino para muchas más personas de las comunidades LGBTI+.

En nuestro país, según cifras de la Encuesta Nacional sobre Diversidad Sexual y de Género (ENDISEG) 2021 del INEGI, la población LGBTI+ está conformada por 5 millones de personas, de las cuales el 30.6% se encuentra unida o casada.

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Y de acuerdo con el Censo de Población y Vivienda del 2020, en México hay 350 mil hogares conformados por parejas del mismo sexo, de las cuales cien mil tienen hijas, hijos e hijes. 

Ejemplos de estas familias son las de Víctor y Fernando, la primera pareja homosexual en casarse en Baja California y la primera en adoptar; y el de Nancy y Verónica, quienes se casaron en CDMX y al poco tiempo se convirtieron en las mamás de Emilia.

Para este Día Internacional contra la Homofobia, Transfobia y Bifobia, celebrado en todo el mundo el 17 de mayo, en Animal MX hablamos con estas dos familias diversas, que nos contaron más sobre sus vidas, su camino para luchar por sus derechos y lo que piensan que aún falta en México para lograr la igualdad.

Una familia lesbomaternal en México

Nancy Aguilar lleva ya varios años viviendo felizmente en Mérida con su hija Emilia y cerquita de su exesposa, Verónica Raya, con quien se casó en 2011. Hoy en día, ambas viven con otras parejas, pero continúan juntas el camino para educar a su pequeña.

“En 2010, Vero y yo empezamos nuestra relación de noviazgo y al año nos casamos, el 11 del 11 del 11 en una ceremonia en Playa del Carmen. Sin embargo, decidimos casarnos por la vía civil en la Ciudad de México que desde 2009 fue la pionera en permitir matrimonios igualitarios”, relata Nancy, quien es activista, emprendedora y licenciada en derecho.

Al poco tiempo de haberse casado, ellas se fueron a San Francisco por cuestiones del trabajo de Verónica, donde Nancy le hizo una de las preguntas más importantes de su vida: si quería tener una hija con ella.

“Y ella me dijo ‘híjoles que no sé, no estoy segura’, y como cualquier otra pareja heterosexual, a una pareja homosexual también le entran mil dudas de que no sabes si es el momento adecuado, si tienes las finanzas adecuadas para hacerlo, si tú tienes la madurez suficiente para hacerte cargo de otra criatura…”, reata Nancy.

Luego de quitarse el miedo que viene con el hecho de criar a una infancia, ambas decidieron realizar una inseminación intrauterina en casa, el cual es un procedimiento para embarazarse de la manera más natural posible y del que no se necesita  la intervención de hormonas, ni medicamentos y ni laboratorios.

 Y a pesar de tener una tasa de éxito de 25%, ¡ellas lograron quedar embarazadas al primer intento!

Sin embargo, a pesar de que el costo no es tan elevado a diferencia de otros tratamientos (entre 20 y 40 mil pesos, dependiendo la clínica que te apoye), también sabe que muchas otras mujeres de familias diversas en México no tienen las mismas oportunidades.

“Estoy muy consciente del privilegio de oportunidades que tuvimos porque sé que no es caso de muchísimas otras familias. Esto es algo que estamos solicitando en la Red de Madres Lesbianas de México, para que en nuestros futuros presidentes o presidentas puedan echarle ojo a las cuestiones de salud y fertilización y la maternidad subrogada para que todas puedan puedan acceder gratis a estos servicios de salud”, señala la también activista.

Otra solución que propone es el acceso a la adopción sin discriminación, ya que el simple hecho de retrasar estos trámites afecta el desarrollo cognitivo de las infancias.

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Nancy y Verónica durante el embarazo. Foto: Nancy Aguilar.

Su vida en Mérida con Emilia

Luego del embarazo exitoso, ambas decidieron que no querían vivir en Estados Unidos y buscaron el mejor lugar, desde su punto de vista, para continuar con su familia y finalmente eligieron Mérida, ciudad a la que llegaron en 2016, cuando el matrimonio igualitario aún no existía ahí.

Cuando llegó el momento de meter a Emilia a la escuela, sus mamás estaban buscando un colegio para ella. Al haber elegido el que creían que era el ideal, la escuela se echó para atrás al ver que se trataba de una pareja lesbomaternal, dándose cuenta de la discriminación que aún perdura en la sociedad.

“Fuera de enojarme, me di cuenta que ese espacio para mi hija no iba a ser el adecuado y fui a buscar otro colegio, un colegio donde mi hija no fuera sujeta a que la misma administración o los docentes no sepan llevar un asunto como este, porque si la escuela no lo sabe llevar y no es incluyente, mucho menos va a poder saber atender un caso de bullying”, relata Nancy.

Al final, ellas encontraron no uno, sino dos colegios diferentes en los que Emilia ha estudiado y que cuentan con una metodología más incluyente, donde la pequeña tiene la oportunidad de crecer y relacionarse con otras infancias.

“Sus amigas la invitan a pijamadas, a veces vienen acá a  jugar. Entonces, realmente eso de que Mérida es conservadora, pues sí, pero venimos abriendo paso y la verdad es que nos han recibido de la mejor manera y nos ha ido muy bonito por acá”, agrega. 

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Nancy, Verónica y Emilia. Foto: Nancy Aguilar.

‘Los Víctors’, la pareja que hizo historia en Baja California

Víctor Manuel Aguirre, un estilista, y Víctor Fernando Urías, abogado y también estilista, comenzaron su historia hace 20 años, cuando se conocieron en un bar en Mexicali.Juntos han hecho historia, la cual ha sido impulsada por su amor y su pasión por defender los derechos de las familias LGBTI+.

Ellos se convirtieron en la primera pareja del mismo sexo en casarse en Baja California y también fueron el primer matrimonio homosexual de ese estado en adoptar a un niño.  

“En el 2014 iniciamos la lucha legal del matrimonio igualitario en Baja California, el cual no estaba permitido en ese momento y no estaba legislado. En ese entonces fue enfrentarnos a todo el monstruo. En aquel entonces, había un gobierno antiderechos y empezamos nuestra lucha legal a través de nuestros abogados”, relata Fernando. 

Al inicio habían pensado en casarse en CDMX, donde el matrimonio igualitario existe desde el 2009. Sin embargo, decidieron armar una estrategia legal para que se respetaran sus derechos y pudieran casarse en su estado.

“El gobierno no estaba preparado para recibir a dos hombres que solicitaban matrimonio ante el Registro Civil. En un inicio nos aceptaron los papeles, nos dieron cita y pero cuando se dieron cuenta que éramos dos hombres nos negaron el derecho”, explica el abogado.

A raíz de eso, la pareja tramitó un amparo que fue escalando durante más de un año, hasta que llegó a la Suprema Corte de Justicia, que usó como referente los casos de CDMX para aprobar su matrimonio.

“La Suprema Corte le ordenó a nuestro gobierno que nos casara inmediatamente, y aún así seguía negándose por la falta de capacitación de nuestros servidores públicos y la ignorancia”, relata Fernando.

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Víctor y Fernando con su hijo, Santiago. Foto: Víctor Manuel Aguirre.

Perseguidos por su lucha para casarse

Su campaña para casarse comenzó a hacer tanto ruido que comenzaron a enfrentarse a la persecución política y presiones tanto del gobierno como de la iglesia local. 

“Estados Unidos nos vino a ofrecer asilo político cuando vio que el asunto estaba demasiado fuerte y veían que peligraban nuestras vidas porque nos consideraban como activistas que estaban en riesgo. Fue el cónsul de Estados Unidos en Tijuana quien se acercó a nosotros en Mexicali para ofrecernos esa posibilidad, pero decidimos no aceptarlo”, menciona Víctor. 

Después de varios intentos fallidos para casarse, juventudes LGBTI+ se manifestaron en Mexicali a favor del matrimonio igualitario y al gobierno no le quedó de otra más que ceder y casar a Víctor y Fernando.

“Fue tanta la gente que se reunió en la explanada del Palacio de Gobierno que el gobierno no tuvo más remedio que casarnos ahí mismo. En ese momento nos dijeron ‘aquí y ahora les proponemos casarse’, y tuvimos que aceptar porque si nos poníamos los moños y decíamos que no, íbamos a perder la credibilidad del movimiento y de toda la gente que nos estaba apoyando”, explica Fernando.

Para la boda, Víctor relata que el gobierno les rentó una carpa, sus trajes y les compraron champaña y hasta arroz. 

“Ahí andaban haciendo todas su teatro, pero luego nos enteramos que el alcalde tenía un plazo un plazo de 72 horas para ejecutar la orden o se le iba a destituir y lo iban investigar ante el Ministerio Público”, menciona Víctor.

A raíz de su boda, la pareja activista comenzó a generar experiencia en temas de matrimonio igualitario, ofreciendo su apoyo a otras parejas LGBTI+. Y lo mejor de todo es que después de su boda, las parejas homosexuales en Baja California ya pueden casarse sin problema, ya que el matrimonio igualitario ahí es legal desde noviembre del 2017.

El matrimonio igualitario ya existe en todo el país, con los últimos estados aprobándolo en 2022.

La adopción de su hijo

Tras la lucha legal por casarse, Fernando y Víctor iniciaron otra batalla: la lucha por el derecho a adoptar.

“Esa batalla fue aún más difícil porque ya traíamos el estigma de las opiniones públicas que decían ‘al rato van a querer adoptar’ y pues es nuestro derecho porque sí deseamos también formar nuestra familia”, explica Fernando.

Cuando entraron al proceso del Sistema DIF, explican que los mismos funcionarios no sabían qué hacer por su falta de capacitación y sensibilización al recibir a dos personas del mismo sexo.

Entre las trabas que enfrentaron, fue la petición de trámites adicionales que no le piden a parejas heterosexuales, tales como exámenes de enfermedades de transmisión sexual, evaluaciones psicológicas y pruebas médicas, las cuales no contempla la ley al momento del proceso de adopción.

“Querían cansarnos para que nosotros solitos nos retiráramos”, señala Fernando.

Ambos tuvieron que tramitar amparos legales para forzar a las autoridades a acelerar el proceso, hasta que un juez federal intervino para garantizar que se cumplieran los plazos estipulados por la ley.

“El juez federal revisó todo y le dijo a la institución que no tenía ningún argumento para rechazar nuestra solicitud y que tenía que resolver ya la situación luego de cuatro años. Al final, la institución dijo que no fue por el amparo que resolvieron nuestra situación, sino que fue porque son un gobierno incluyente”, agrega Fernando.

Al final, Fernando y Víctor pudieron registrar a su hijo adoptado con sus apellidos y asegurar su estatus legal como miembro de la familia.

“Se llama Víctor Santiago nuestro bebé. Le agregamos el Víctor para que se llamara como sus papás y él está bien orgulloso de decir que tiene dos papás”, menciona Víctor.

Ellos cuentan que Víctor Santiago hace su propio activismo en el colegio y todos sus amigos saben que él tiene dos padres, lo que los hace ver como “los papás cool” de la escuela. 

“Lo hacemos justamente para hacerlo sentir orgulloso, para que lo normalicen los demás niños y vean que no pasa nada, que es parte de la diversidad”, enfatiza Víctor.

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Los tres se llaman Víctor. Foto: Víctor Manuel Aguirre.

¿Cómo apoyar a las familias diversas en México?

Andrés Forero, gerente de campañas en América Latina para All Out, una organización sin fines de lucro encargada de defender los derechos de las personas LGBTI+, cuenta a Animal MX que la ONG lanzó una campaña llamada “Todas las familias, todos los derechos” para apoyar a las familias diversas.

Esta campaña tiene como objetivo ejercer presión a las candidatas y candidato presidencial para reconocer que estas familias existen y que tienen los mismos derechos que las familias heterosexuales.

“Lo que estamos haciendo en el marco de las elecciones presidenciales es llamar la atención de las candidaturas para que desde el comienzo del siguiente gobierno se comprometan a apoyar a los derechos familiares de todas las personas en México y que sepan que existen miles de familias LGBTI+”, explica Andrés. 

Al igual que las situaciones sufridas por las familias de Nancy y Verónica, y Víctor y Fernando, Andrés explica que aún existe mucha discriminación hacia las familias diversas en México, empezando por los problemas que enfrentan en oficinas de registro, en las inscripciones a escuelas, entre otros.

En específico, la campaña tiene 3 peticiones: 

  • Adecuaciones normativas sobre diversidad familiar: modificar los Códigos Civiles asegurando que todas las formas de familia sean reconocidas.
  • Estandarizar el proceso de adopción: implementar el Código Nacional de Procedimientos para que incluya a las parejas del mismo sexo que quieran adoptar.
  • Derechos de identidad para la jóvenes LGBTI+: garantizar el reconocimiento de la identidad de género de jóvenes trans y personas no binarias.

“Necesitamos una educación. Necesitamos salud, necesitamos servicios integrales y pensados desde la diversidad. A nivel social, debe empezar a hablar un poco de cómo otorgar o reconocer derechos, específicamente para las comunidades LGBT y cómo no le están quitando derechos a las otras personas, es simplemente ampliar el espacio para que más personas podamos coexistir dentro de la sociedad”, explica Andrés. 

Si quieres apoyar la campaña de All Out, la cual hasta el momento cuenta con 12 mil de 20 mil firmas, puedes ingresar a este sitio y dejar tu firma digital.