Paula Paredes S. · 6 de febrero de 2026
Desde 2007, este artista ha transformado el metal de la violencia en procesos colectivos que mezclan arte, duelo, política pública y acción social.
Todo empezó con una pérdida. Luego con enojo. Y después con una pregunta: ¿Qué pasaría si las armas dejaran de ser armas?
Pedro Reyes pensó en esta exposición cuando en 2007 fue invitado a una exposición en Culiacán, Sinaloa. Por esos días el artista había sufrido dos pérdidas importantes: un amigo y un tío, ambos en asaltos con armas de fuego.
Estando entonces muy enojado con el rol de las armas en el mundo propuso una campaña de donación voluntaria:
“A través de spots de televisión se invitaba a la población de la ciudad a traer un arma de fuego al Palacio de Gobierno y esas armas fueron reunimos mil 527 pistolas, algunas también ametralladoras y rifles y todas fueron fundidas y con esas construimos hicimos eh eh mil 527 palas con las cuales se plantaron mil 527 árboles.” Recuerda Pedro.
Si algo esta presente en ‘Disarm’ es el recordatorio constante de resinificar y como el arte nos ayuda a hacerlo.
“Me di cuenta algo, y era que esos eventos eran como una oportunidad en donde las familias que habían sufrido este tipo de pérdidas, se reunían y era una forma de abrir un nuevo ciclo después de ese evento traumático,” explica.
En esos encuentros apareció otra dimensión del proyecto: familias que también habían sufrido pérdidas violentas encontraban ahí un espacio simbólico para cerrar ciclos.
Cuando el proyecto se replicó en Ciudad Juárez, surgió una nueva inquietud: ¿Qué otra cosa podía nacer de ese metal? La respuesta fue el sonido.
“Con 7mil armas que reunimos trabajamos en colaboración un grupo de músicos y herreros con los cuales empezamos a explorar rascando y soplando a ver qué tipo de sonidos extraíamos de ese metal y logramos hacer instrumentos de cuerda, instrumentos de viento y percusiones que son las que están expuestas aquí”
Además, desarrollaron una instalación mecanizada donde composiciones electrónicas activan elementos robóticos que hacen sonar estos instrumentos de manera constante, como si el metal transformado se negara a volver al silencio.
Con el tiempo, el artista notó que fuera de México su trabajo se leía como una respuesta a un problema local. Su reacción fue ampliar el gesto.
En la serie ‘Return to Sender’, Pedro creó cajas de música hechas con armas provenientes de países específicos. Una de ellas incluye fragmentos de rifles Beretta, empresa italiana con más de cinco siglos de historia, y al girar la manivela suena Vivaldi.
“Me interesa justo hacer ese gesto en donde les estamos regresando sus armas ya inutilizadas, pero pues mandando un mensaje en donde lo que que queremos es que exporten cultura y no muerte y sufrimiento”, explica.

“Los artistas somos más útiles cuando no trabajamos solos, sino trabajamos en colaboración porque lo que un artista puede hacer a veces es muy poco”, afirma Pedro.
La práctica no se limita a transformar objetos, sino que busca incidir en sistemas.
Pedro ha desarrollado talleres como Amendment to the Amendment, donde invita a personas en Estados Unidos a reescribir la Segunda Enmienda, y proyectos permanentes como Memento, en Nuevo México, donde adolescentes convierten armas en floreros.
La venta de cada pieza financia la compra y destrucción de más armas: un florero puede sacar diez pistolas de circulación.
Para él, el arte es más efectivo cuando se inserta en procesos reales:
“La crítica no produce cambio. Necesitas tener una intervención dentro del sistema”, afirma. Por eso insiste en el trabajo colectivo: gobiernos, sociedad civil, iniciativa privada y especialistas forman parte de estas “esculturas sociales”.
Frente a una cultura que suele presentar las armas como algo “cool”, su obra propone lo contrario: subvertir su significado, demostrar que el mismo material puede servir para sembrar, para sonar o para recordar.
No se trata solo de destruir armas, sino de imaginar qué puede nacer cuando dejan de serlo.

La exposición estará disponible hasta el 15 de febrero en el Centro de las Artes Inmersivas, ubicado en General Prim 90 en la Colonia Juárez.
Recuerda que la entrada es libre y puedes visitar el espacio desde las 12:00 a las 20:00 horas.