Abigail Camarillo · 19 de diciembre de 2025
Imagina un bebé recién nacido tan perfecto que parece dormido, pero no respira. Esta es la inquietante y fascinante primera impresión de un “bebé reborn”, muñecos hiperrealistas que provocan una mezcla de asombro y escalofrío.
Fabricadas artesanalmente con silicona o vinilo, su nivel de detalle es asombroso, incluyendo venas delicadas, lágrimas cristalinas e incluso rastros de saliva.
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Aunque llevan años en el mercado, en redes sociales como TikTok están aumentando los videos de “doll moms”, mujeres que prácticamente juegan a ser mamás de estos muñecos hiperrealistas.
Detrás de lo que parece un pasatiempo peculiar, se esconde un mundo complejo que abarca negocios de altas cifras, pues tenemos, por ejemplo, a Gina Kasoff, creadora de contenido y “doll mom” que genera 200 mil dólares al año.
Así que vamos a explorar el fenómeno de los bebés reborn, moviéndonos más allá del juicio superficial para entender las fuerzas que lo impulsan: desde el dinero hasta el duelo.
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Un bebé reborn es una muñeca hiperrealista fabricada artesanalmente para imitar con la mayor precisión posible la apariencia, el peso y el tacto de un bebé humano real.
Generalmente se fabrican con vinilo o silicona de alta calidad. Suelen ser pintados a mano y su nivel de realismo depende de la habilidad del artesano que las fabrique, pues incluyen detalles minuciosos como venas, manchas de nacimiento, uñas y texturas de piel de recién nacido.
Incluso, muchos bebé reborn tienen cabello injertado pelo por pelo para ser más realistas y se usan ojos de cristal.

Como ves, son figuras hechas con tanto cuidado que no se les considera juguetes convencionales, sino objetos de colección.
De acuerdo a Reuters, la afición por los bebés reborn como los conocemos hoy empezó en Estados Unidos a inicios de la década de 1990.
De hecho, el nombre “reborn” viene de la idea de que artistas querían muñecas más realistas, así que tomaron las que ya existían y las modificaron con varias técnicas, como repintarlas, añadirles cabello más real, entre otras cosas.
En Estados Unidos, el costo promedio de un bebé reborn es de 250 dólares, pero las muñecas de silicona, que se sienten más reales, comienzan en 1,000 y pueden llegar hasta 4,000 o 5,000 dólares.
En México, por ejemplo, está la marca Patsy Reborn, donde hacen estos muñecos hiperrealistas de Vvinil con cuerpo de tela y, según su Instagram, los precios van de los 8 mil a los 25mil pesos mexicanos.
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Aunque iniciaron como objeto de colección, los bebés reborn empezaron a tener un uso inesperado: elemento de terapia emocional.
Conocida por algunas personas como terapia con muñecos, su función principal es ser proporcionar apoyo en situaciones específicas. Por ejemplo, se usa en personas con enfermedades neurodegenerativas, como Alzheimer y demencia.
El CRE Alzheimer (un institución estatal de España que da atención a personas con esta enfermedad) explica en sus sitio que usan la terapia con muñecos debido a que “la dinámica entre la persona con demencia y el muñeco activa instintos innatos relacionados con el cuidado, promoviendo la comunicación afectiva“.
Los muñecos reborn también encontraron un uso terapéutico para quienes han perdido un bebé o enfrentan dificultades para concebir.
El sitio betterhelp menciona que el uso de este tipo de muñecas “pueden ayudar a disminuir los síntomas de ansiedad y depresión durante el proceso de duelo”.
Una de las principales maneras de usar estos bebés reborn en terapia para llevar la pérdida de un bebé es a través del juego de roles. Tal cual se anima a las personas a interactuar a los muñecos como si fueran bebés de verdad.
Está el caso de Christina Keeler, una madre que ha creado una base de seguidores en línea mostrando sus bebés reborn en línea a través de su canal Reborn Family en YouTube.
Recientemente, en una entrevista con People, compartió cómo estos muñecos la han ayudado a encontrar consuelo luego de que sufrió un aborto espontáneo esta primavera y otro que tuvo hace 15 años.
“Nunca pude hablar de nuestra pérdida hasta que encontré a los reborns”, cuenta Keeler a People. “Ha sido muy terapéutico para mí”.
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Aunque muchos consideran coleccionar bebés reborn como un hobby de nicho, para algunas personas se ha convertido en una carrera increíblemente lucrativa.
Un ejemplo contundente es el de Gina Kasoff, la creadora de contenido detrás del canal de YouTube irónicamente titulado “The Dolls Aren’t Real” (Las Muñecas No Son Reales). Kasoff gana más de 200 mil dólares al año simplemente produciendo videos con su colección de 20 muñecas.
“Gano más dinero ahora que nunca; más de lo que mi esposo y yo hemos ganado juntos. Y todo es a través de mis videos de muñecas”, dice la creadora al NY Post.
Su contenido viral —que incluye rutinas matutinas, juegos de roles escolares, viajes al supermercado, baños o hasta celebraciones navideñas— ha acumulado más de 30 mil suscriptores y monetizó solo dos semanas después de debutar en la primavera del 2024.
Aunque ella no usa a los bebés reborn como forma terapéutica, sino que los ve como una forma de seguir jugando con muñecas en la adultez.
“¿Estamos, como sociedad, realmente tan perdidos como para ver a hombres adultos jugar videojuegos, Dungeons & Dragons, disfrazarse para ferias renacentistas y recreaciones de la Guerra Civil, pero a mí me critican por querer fomentar mi pasatiempo?”, cuestionó al platicar con NY Post.
Este éxito comercial demuestra cómo una subcultura profundamente personal puede convertirse en un motor económico, desafiando la idea de que los pasatiempos femeninos no son “serios” o rentables.
Este dato no es una anomalía; refuerza una tendencia global. Según Market Report Analytics, el mercado mundial de estas muñecas fue valorado en 200 millones de dólares en 2023, confirmando que estamos ante una industria significativa.
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La crítica más recurrente asocia el coleccionismo de bebés reborn con problemas de salud mental. Creadoras de contenido como Gabi Reborn (Gabi Matos) han recibido ataques en los que le dicen que “tiene que internarse en un centro psiquiátrico” por tratar a los muñecos como si fueran sus hijos.
Sin embargo, los profesionales de la salud mental ofrecen una perspectiva más matizada. La psicóloga Viviane Cunha aclara a Newsweek que esta práctica solo se considera un trastorno cuando causa “perjuicios sociales, emocionales o económicos”.
Precisamente algunas críticas al uso de bebés reborn es cuando afectan el espacio público, como “doll moms” que se estacionan en espacios para embarazadas por traer a sus muñecos hiperrealistas.
Más allá de la defensa y la crítica, el fenómeno de los bebés reborn revela tendencias más amplias sobre nuestra sociedad actual.
Este fenómeno ocupa un espacio único entre el arte, el coleccionismo y la terapia, y la controversia que genera actúa como un espejo de nuestras ansiedades sociales.
La polémica podría revela más sobre cómo lidiamos colectivamente con temas como el duelo, la soledad, la salud mental y, sobre todo, el juicio que se ejerce sobre los intereses y las expresiones emocionales de las mujeres.
En el fondo, no deberíamos estar discutiendo sobre los muñecos en sí, sino sobre las complejas necesidades humanas que estos bebés reborn buscan satisfacer.