Abigail Camarillo · 25 de agosto de 2025
A menudo confundimos el amor con la atracción o el deseo sexual, sobre todo, porque la cultura popular nos ha vendido la confusa idea de que una “química intensa” entre dos personas, conduce al amor duradero.
Sin embargo, la ciencia y la psicología explican que el amor y el deseo son fenómenos distintos, aunque interconectados y complementarios. Es crucial distinguir entre ambos para comprender mejor nuestras relaciones y vivirlas con mayor conciencia y plenitud.
Para ello, platicamos con la Mtra. Aidee Elena Rodríguez Serrano, licenciada en psicología y con especialidad en sexología educativa.
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El deseo sexual, también conocido como química sexual o atracción física, es esa chispa inicial y el magnetismo que te atrae hacia alguien sin una explicación lógica. Es una respuesta inmediata impulsada por neurotransmisores (como la dopamina), que genera una sensación de subidón y te hace pensar constantemente en esa persona. Es la adrenalina que te hace querer estar con alguien “aquí y ahora”.

El amor, en cambio, es un proceso a largo plazo que implica la voluntad de construir algo juntos, ser vulnerable, tener confianza y, sobre todo, cuidar del otro. El amor se construye a través de la comunicación, la confianza, el respeto y los cuidados mutuos en la cotidianidad de la vida.
“El amor tiene que ver con otras cosas más complejas, que es en la cotidianidad de la vida de las personas, los acuerdos que se establecen, los cuidados mutuos también que se llegan a establecer como acuerdos entre las personas”, menciona Rodríguez Serrano.
La especialista menciona a Animal MX que se suele confundir amor con deseo porque este último lleva a besos, caricias o la satisfacción sexual que puede ser meramente eso o también una demostración de cariño/amor que tenemos con nuestra pareja.
Sin embargo, regresamos a que no son lo mismo. En ocasiones pueden ir de la mano, pero no siempre pasa así. Puede haber amor sin deseo sexual o deseo sexual sin amor.
“No siempre amor es igual a atracción sexual; no siempre van a acompañarse”.
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Esta es otra razón por la que solemos confundir amor con deseo, pues nuestro cuerpo suelta neurotransmisores muy parecidos en ambos casos.
La Mtra. Aidee Elena Rodríguez Serrano explica que tanto en la atracción sexual como en el enamoramiento inicial, el cerebro libera dopamina, que es el “motor del deseo”, provocando euforia y una necesidad constante de la persona. “Proporciona un subidón que lleva a pensar constantemente en la otra persona”.
También está la oxitocina, que es la “hormona del apego”. Se libera con el contacto físico como abrazos, besos y sexo, transformando la pasión en una conexión de “nosotros”.

La serotonina disminuye sus niveles cuando se está enamorado, lo que puede explicar una sensación de obsesión inicial. La noradrenalina también está involucrada en la respuesta del enamoramiento. Aunque algunos de estos neurotransmisores son comunes en ambas experiencias, la forma en que se experimentan y el contexto en que se manifiestan difieren.
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Sí, es posible que una relación comience con una intensa atracción sexual y luego evolucione hacia algo más profundo y amoroso.
La clave para esta transición radica en la compatibilidad emocional, los valores compartidos y la voluntad de ambas personas para construir algo juntos.
El deseo inicial puede ser el punto de partida, pero no garantiza automáticamente que haya amor; pues este requiere un esfuerzo consciente y la construcción de un vínculo más allá de la atracción física. Sin embargo, no siempre sucede así, y muchas relaciones iniciadas por deseo pueden permanecer como tal.
Sí, amixes. El amor puede sentirse complicado, porque no es lo mismo para todas las personas. La Mtra. Aidee Elena Rodríguez Serrano nos recuerda que es un constructo social y por ende varía dependiendo del contexto y las vivencias de cada persona.
Pero sí, también puede existir una relación amorosa sin atracción sexual, donde las personas sienten cariño y apego, pero “no hay este deseo, no hay esta pasión o esta atracción”.
El chiste es hablar siempre con la otra persona y ver si ambas partes están bien con ello o si en su lista de prioridades sí es muy importante que exista ese deseo.
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La especialista nos recuerda que la intimidad (ya sea por deseo o amor) no solo se trata de placer, sino también de cuidado y respeto mutuo.
Es por ello que en todo momento, aunque solo quieras verlo como un vínculo de deseo, es necesario tener comunicación, consentimiento y protección.
Sabemos que puede parecer confuso, pero Rodríguez Serrano nos deja las siguientes preguntas que pueden ser muy útiles para reflexionar sobre la naturaleza de la conexión que tenemos con otra persona:
Aunque hemos idealizado que las relaciones sí o sí deben tener tanto amor, como deseo, repetimos que eso no siempre es así y está bien. Lo importante es que ambas personas estén en sintonía y que comuniquen claramente lo que sienten.