¿Cómo que ya no juegan "La traes", "Burro bala" y "el avión"?

Luis Baylón · 30 de abril de 2026

¿Cómo que ya no juegan "La traes", "Burro bala" y "el avión"?

¿Te acuerdas cuando el “ruido” de la cuadra eran los gritos de “¡Paletas!” o el sonido de las llantas de una avalancha contra el pavimento? Si caminas hoy por cualquier colonia, lo más probable es que el soundtrack sea el silencio, interrumpido solo por el ruido de algún vendedor ambulante de elotes, tamales o ese escalofriante chiflido de los camotes (aceptemos que es espantoso).

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No es tu imaginación de “adulto joven” nostálgico: las infancias cambiaron el asfalto por los pixeles. Y aunque no queremos sonar como el abuelo Simpson regañando a una nube, la sociología reconoce que este cambio de comportamientos tiene efectos profundos en cómo los niños habitan el mundo.

Del “avioncito” al Battle Royale

Hace apenas un par de décadas, la calle era el territorio de conquista. Hoy, ese espacio ha sido desplazado por Roblox, Minecraft y TikTok. Según un informe de Common Sense Media, el tiempo de pantalla en menores de 8 años se ha disparado, y no solo por la pandemia.

La transición no es solo tecnológica, sino social:

  • Seguridad: El miedo a la inseguridad urbana ha recluido a los niños.

  • Urbanismo: Cada vez hay menos banquetas anchas o parques seguros.

  • Inmediatez: ¿Para qué esperar a que salga el vecino si puedes conectar tu Switch y jugar con alguien de Japón al instante?

¿Qué dice la ciencia sobre dejar la calle?

La Dra. Mariana G. López, especialista en psicología educativa, sugiere que el juego en la vía pública fomentaba la negociación social. En la calle, si no te ponías de acuerdo con las reglas del fútbol, no jugabas. En una app, si te enojas, simplemente cierras la sesión o bloqueas al otro.

“El juego libre en exteriores permitía desarrollar la propiocepción y la resiliencia. El entorno digital es controlado; la calle es impredecible, y es en lo impredecible donde se forja el carácter”, menciona un artículo de la revista Psychology Today.

Los datos no mienten

Factor Juego Tradicional (Calle) Juego Digital (Pantallas)
Actividad Física Alta (correr, saltar, trepar) Sedentaria
Socialización Cara a cara, gestión de conflictos Mediada por avatares y chats
Creatividad Uso de objetos (piedras, palos) Reglas preestablecidas por código
Riesgo Físico moderado (raspadas) Exposición a contenidos o grooming

Urbanismo poco amable con la niñez

Las infancias actuales han cambiado las calles por las pantallas, un fenómeno impulsado por el diseño urbano deficiente y la inseguridad. Según Pamela Castro Suárez, especialista de la UNAM, mientras las clases medias se recluyen en centros comerciales, las clases populares aún mantienen cierta presencia en el espacio público.

La clave para revertir este aislamiento no solo es mejorar la infraestructura —combatiendo el deterioro y la basura en parques—, sino integrar la participación infantil en el urbanismo. La investigación destaca que las niñas y niños poseen una alta conciencia comunitaria y saben exactamente qué necesitan para volver a habitar sus colonias. Para que los parques compitan con los videojuegos, deben ser espacios dignos, seguros y diseñados escuchando la voz de quienes los usan. Fomentar la autonomía en las niñeces es vital para reconstruir el tejido social desde la arquitectura.

El autor Richard Louv, en su libro Last Child in the Woods, acuñó el término Trastorno por Déficit de Naturaleza. Louv argumenta que la falta de juego al aire libre está vinculada al aumento de la obesidad infantil, el estrés y el trastorno por déficit de atención.

Al cambiar los columpios por las tablets, los niños están perdiendo el vínculo con su comunidad física. Ya no conocen al señor de la tienda o al perro del vecino; conocen la estética de los streamers de moda.

Influencers para niños

Los contenidos digitales han sustituido en gran medida a la televisión. El canal 7 y 5 de televisión, que solían ser los reyes de las caricaturas, tienen rivales que hacen contenido nuevo y de larga duración especial para las infancias que tienen acceso a internet.

Digamos internet, porque aunque pueden hablar de videojuegos o retos fantásticos, solo necesitas verlos para divertirte con una pantalla a escasos metros de tu cara.

En el caso de Hispanoamérica se extendido una red de productores de contenidos digitales en los que no importa si estás en Iquique, Chile, puedes estar viendo o escuchando a alguien jugando un videojuego en Chihuahua, México. Desde la Tierra del Fuego hasta la península Ibérica vemos creadores de contenido que entretienen, promueven y “educan” a una generación hiperconectada.

Es normal que los padres y madres de familia se sorprendan escuchando a sus pequeños y pequeñas usando modismos de otro país de habla hispana, pero claro… pasan horas viendo videos locutados en un español de otro país.

Estos son algunos de los más seguidos en nuestro idioma:

Lara Campos (México)

Gibby (México)

Mis Pastelitos (México)

Fede Vigevani (Uruguay)

¿Es el fin del mundo?

¡Para nada! No se trata de quemar las tablets. Las apps y videojuegos también desarrollan habilidades cognitivas, coordinación ojo-mano y alfabetización digital necesaria para el 2026.

La clave, como siempre en la vida (y en el buen comer), es el equilibrio. Quizá no regresen las retas de 20 niños en medio de la avenida, pero rescatar el parque local o fomentar una tarde sin Wi-Fi puede ser el “reboot” que la infancia de hoy necesita.