Ángel Adrián Huerta García · 21 de septiembre de 2025
Fue a inicios de julio cuando los vecinos de la colonia Acacias se pronunciaron contra la tala de árboles para la construcción del centro comercial Fresko Patricio Sanz, lo que derivó en la clausura de la obra. Ahora, más de dos meses después, conmemoraron el tiempo de resistencia con la plantación de un árbol en una calle cercana al predio. Para Ximena, la acción, aunque sencilla, se convirtió en un gesto simbólico de oposición al megaproyecto. “Hace un mes se cayó un árbol por las lluvias y quisimos reemplazarlo; encontramos una jardinera vacía y decidimos plantar ahí un ejemplar de tepozán”, relató.
La idea original era colocar un encino, pero no se pudo por el tocón, así que encontramos otra jardinera vacía y decidimos plantar un ejemplar de tepozán”, contó. La vecina subrayó que esta acción no era solo sobre un árbol sino para recalcar que: “No queremos otro megaproyecto. Nos preocupan los árboles, la naturaleza, el futuro de la ciudad y de las colonias. Esto ya es insostenible para la ciudad”.
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Para los vecinos, los árboles son mucho más que un elemento decorativo, “representan vida: la subsistencia de nuestra existencia como personas, así como la de otros seres sintientes, como animales”, explicó Ximena. Mientras que Dora Napolitano, integrante de varias iniciativas de base, agregó que los árboles son “comida, abrigo y el espacio donde vive mucho del resto de los otros grupos de seres vivos”. La plantación del tepozán también simboliza la preocupación por el futuro de la ciudad y de las colonias.
La clausura ciudadana que inició este movimiento se produjo tras las demoliciones en el predio que pertenecía a la Secretaría de Educación Pública, donde anteriormente operaba la Dirección General de Bachillerato. Ximena explicó que la preocupación surgió desde principios del año, cuando empezaron los trabajos de demolición. La respuesta de las autoridades locales y la empresa encargada del proyecto, según la vecina, fue insatisfactoria.

“Pedimos los papeles, los permisos, y más que responder a nuestras preguntas, sus respuestas eran amedrentadoras y trataban de darnos la vuelta”, denunció. Para Ximena, la alcaldía debía haber funcionado como mediadora, pero “parecía más bien un árbitro que estaba a favor de la empresa”.
Durante la única reunión con la empresa y las autoridades de la alcaldía Benito Juárez, los vecinos cuestionaron sobre los árboles afectados y otros impactos del proyecto. “Un vecino exclamó: ‘¡había quién sabe cuántos árboles!, ¿qué les hicieron?’ Y respondieron: ‘Ah, esos los llevamos a un invernadero’. Les exigimos saber a dónde se los llevaron y no dieron respuesta”, sostuvo Ximena. La preocupación por la fauna también fue central: “Todo este espacio, dentro y fuera del predio, era casa de animales: cacomixles, ardillas e insectos. La empresa prometió instalar bebederos para la fauna, pero “los animales no necesitan bebederos de una empresa que está cometiendo un ecocidio”, enfatizó.
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Jorge Osvaldo Vargas es vecino desde mediados de los años ochenta y relató que su vínculo con el entorno verde de Acacias fue una de las razones por las que eligió vivir ahí. “Los árboles son muy importantes, lo verde acá es icónico”, aseguró. Durante la asamblea vecinal, en la que se reunieron con representantes de la constructora y autoridades locales, cuestionó a la empresa sobre la huella del proyecto y el impacto en la vegetación. “Les pregunté qué porcentaje del perímetro corresponde a lo que ellos llaman la huella, es decir, los accesos y salidas de vehículos. No me supieron responder. Se quedaron callados y evadieron”, dijo.
Tampoco hubo respuestas concretas sobre los árboles o palmeras afectados. La falta de claridad, dijo Vargas, confirma que el proyecto responde únicamente a intereses empresariales. “Ya tenemos demasiados centros comerciales en la zona. No necesitamos otro a 50 pasos de nuestras casas. Lo que sí necesitamos son más árboles, más oxígeno, más áreas verdes y zonas recreativas”.

Ximena Galicia también cuestionó la opacidad y la simulación de legitimidad de la empresa. Recordó que STAD Sostenibilidad Urbana, encargada de las consultas comunitarias, había realizado ejercicios similares en proyectos como Mítikah, sin reflejar la opinión real de los habitantes.
“Es una simulación completamente. Para ellos, su legitimidad consiste en estar de lunes a sábado en la esquina de Moras y Eje 8 y decir que están abiertos a preguntas. Pero eso no es ningún ejercicio democrático”, afirmó, subrayando la falta de transparencia y de participación genuina en el proceso.
Entre la documentación oficial que los vecinos lograron recabar, figura un expediente de la Procuraduría Ambiental y del Ordenamiento Territorial (PAOT) que rastrea los primeros antecedentes a septiembre de 2023, cuando la alcaldía Benito Juárez y la Secretaría de Desarrollo Urbano y Vivienda expidieron la Constancia de Alineamiento y Número Oficial para el predio de José María Rico 221. El documento certificó que el terreno, con 6,832.39 metros cuadrados, no se encontraba en zona histórica ni patrimonial, aunque sí con restricciones, y autorizó su alineamiento previo pago de derechos por 15.031 pesos.
Vecinos han señalado que este trámite se dio sin una autorización expresa del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH). Si bien la normativa sólo exige esa validación en predios catalogados con valor histórico o arqueológico, la posterior demolición de un inmueble Art Deco con uso previo de la SEP abrió el debate sobre si debió pedirse la opinión del instituto.
Con esa autorización administrativa, los desarrolladores obtuvieron en noviembre de 2023 una Licencia de Construcción Especial para demoler más de ocho mil metros cuadrados, prorrogada hasta marzo de 2025. Posteriormente, sumaron una Declaratoria de Cumplimiento Ambiental y un Certificado de Uso de Suelo expedidos a inicios de 2025. No obstante, documentos de la PAOT señalan que en mayo de ese año el organismo recibió una alerta por la demolición y construcción en el predio y, al realizar un reconocimiento en campo el día 23, constató que el inmueble había sido ya derribado y se encontraban en marcha trabajos de cimentación para un supermercado de tres niveles y sótano.
Según el Acuerdo de Inicio de Investigación de Oficio de la PAOT, (expediente PAOT-2025-IO-71-SOT), la obra proyectada en José María Rico 221 no contaba con las autorizaciones del INAH, lo que constituía una omisión frente a la normativa federal en materia de patrimonio histórico. Durante una inspección realizada el 4 de junio, la subprocuraduría de Ordenamiento Territorial constató excavaciones de hasta tres metros de profundidad y mantas con la licencia de construcción del proyecto “Fresko Patricio Sanz”, confirmando el avance de los trabajos.
A partir de estos hallazgos, la PAOT emitió el 25 de junio de 2025 el Acuerdo para iniciar la investigación de oficio, con el objetivo de verificar que las actividades en el predio cumplieran con las disposiciones en materia de demolición, excavación y construcción, así como con los requisitos ambientales y de autorización aplicables en una zona con alto potencial arqueológico. Finalmente, la Secretaría del Medio Ambiente de la Ciudad de México (Sedema) clausuró la obra el 7 de julio.
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Para los vecinos, toda esta información refuerza la necesidad de organizarse. Dora Napolitano explicó cómo la planificación urbana y la pérdida de áreas verdes impactan la sostenibilidad de la ciudad. “En realidad, todos los espacios verdes que existían eran zonas de infiltración… casi toda la plancha del fondo del valle, donde estaba el lago, está cubierto de cemento”, dijo. Según Dora, la retención de agua y la preservación de los suelos deben ser prioridad frente a megaproyectos que aumentan el cemento y reducen la infiltración natural.
“Hay mucha gente preocupada, pero no saben expresar la preocupación que tienen. Cuando haces comunidad puedes platicar las cosas más de cerca, lo que desata la comprensión y entendimiento. La naturaleza es lo más espectacular que hay. Hay que salirnos del celular y ver la naturaleza en persona”, comentó Dora.

Jorge Osvaldo Vargas resumió el sentimiento de los vecinos: “Perder los árboles duele. No es sólo la vegetación, también la fauna que vive ahí, aves, sus nidos y ardillas. No necesitamos permitir que quiten todo eso para construir un centro comercial. No lo necesitamos”.
Ximena cuestiona el dilema al que con frecuencia se somete a las comunidades, cuando se les pide elegir, por ejemplo, entre un supermercado a un conjunto habitacional, “pero esa lógica es inaceptable (…) sería mejor apostar a algo que sume al bienestar comunitario, a un espacio que nos haga crecer como comunidad”.
Para ella, la respuesta es la organización constante, por ello, seguirán con sus encuentros semanales y con la tarea de sumar más voces al movimiento.
“Vamos a seguir con nuestros trabajos de comunidad, tratando de vincular a más vecinas y vecinos, haciendo nuestras reuniones semanales (… ) no movemos el dedo del renglón, simplemente no queremos el Fresko, no queremos ningún otro megaproyecto, llámese edificios o lo que sea”, afirmó.