Antonio González · 28 de diciembre de 2025
La calle Paso Florentino, ubicada en la colonia La Mexicana, en la alcaldía Álvaro Obregón, es una de las más peligrosas para circular, pues el piso mojado activa un riesgo latente que por años ha puesto en peligro a vecinos, peatones y automovilistas, por lo que se le conoce como “la bajada del Diablo”.
Dicha vialidad es una pendiente de 45 grados de acuerdo con la alcaldía Álvaro Obregón donde, año con año, especialmente en temporada de lluvias, vehículos particulares, camiones de carga y unidades de reparto pierden el control y se deslizan, impactando viviendas y provocando accidentes.
Manuel Villa Gómez Cano, vecino del lugar desde hace 40 años, recordó cómo se fue formando la colonia cuando la calle era “puro tepetate”.

“Al principio esto era puro cerro. Teníamos que subir por arena y grava para poder construir. Después echaron chapopote, pero no funcionó, y más tarde pusieron concreto hidráulico, que supuestamente era mejor, pero se vuelve muy resbaloso”, explicó.
El tipo de pavimento, el paso constante de vehículos, así como derrames de aceite se acumulan sobre la superficie de la pendiente, son los factores por los que dicha calle se convierte en un peligro.
“Cada que llovizna, es seguro que se vienen los carros o los camiones. Se resbalan porque van tirando gota a gota de aceite y con el agua eso se vuelve como jabón”, relató.
Aunque los accidentes no ocurren todos los días, sí se repiten de manera constante.
“Ha habido choques fuertes. Una vez un materialista se vino y le voló la cabeza a un taxista. Otro día se volteó una camioneta que traía un sonido con chamacos adentro; los vecinos tuvieron que romper las lonas para sacarlos porque se les cayeron las bocinas encima”, recordó Gómez Cano.

Uno de los accidentes más recientes ocurrió cuando un camión que transportaba refrescos perdió el control y se impactó contra una vivienda.
María Teresa Rivas, quien se encontraba dentro de su casa junto con su hermano, sentados en la sala y viendo la televisión, resultó lesionada.
“Estábamos sentados cuando de repente se vino el camión. A mí me voló, caí al suelo con los tabiques y la ventana encima. A mi hermano lo tiró de panza. No estamos graves, pero sí muy lastimados”, narró para Animal Político.
María Teresa presenta dolores en la pierna, un brazo y la espalda, además de una herida que requirió una sutura.
“Ya somos personas adultas y ni nos la esperábamos. Si no, pues nos echamos a correr”, dijo.
Aunque la aseguradora del vehículo se hizo cargo de los daños materiales, el temor persiste.
“Nos pusieron unos tubos de protección, pero no son suficientes. Cuando se viene un carro, tira todo. Ya no se siente uno seguro”, manifestó.

Otros vecinos coinciden en que los accidentes involucran principalmente a camiones grandes de reparto, como los de refrescos o materiales de construcción.
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“Ese camión de refresco pasaba todos los días. Yo lo veía venir. Ese día llovió y fue cuando se vino. Cuando llueve es cuando pasa esto”, comentó Rivas.
Aseguró que no ha observado los videos del accidente para no revivir el momento.
Rosa Lilia Gutiérrez Carmona, otra habitante de la zona, señaló que la calle Paso Florentino es una de las principales vías de conexión entre las colonias Jalpa y Santa Fe, lo que provoca un flujo constante de vehículos.
“Es la única subida hacia la avenida. Las otras calles son sólo de bajada o tienen pendientes más inclinadas. Por eso todos pasan por aquí”, explicó.
La situación se agrava porque la calle es utilizada para subir hasta la calle de Paso Viejo, como para bajar, lo que incrementa el riesgo de colisiones y pérdidas de control.
“Cuando llueve, los carros se derrapan. No importa que frenen, se siguen deslizando”, añadió Gutiérrez Carmona.
Por su parte, Edmundo Contreras García, profesor investigador de la Escuela Superior de Ingeniería y Arquitectura (ESIA) Zacatenco del Instituto Politécnico Nacional (IPN), explicó que el problema tiene su origen en la orografía de la zona.

“Estamos hablando de una región de barrancas en el poniente de la Ciudad de México. La pendiente de esta calle excede lo que marca la normatividad para vialidades urbanas”, señaló.
Preciso que eso afecta en gran medida, el comportamiento del pavimento.
“El concreto hidráulico, con el uso, se alisa y pierde fricción. Cuando el coeficiente de fricción entre las llantas y el pavimento disminuye, aunque el vehículo frene, se va a deslizar”, comentó.
Aseveró que la situación se vuelve crítica con la presencia de agua y residuos como aceite o grasa.
Contreras García planteó modificar el tipo de pavimento y suelo para aumentar su rugosidad. En ese tenor, realizar un estriado superficial que incremente la fricción,
Es decir, adelgazar más las barreras que existen en el suelo. Además de instalar reductores de velocidad alternados para disminuir la circulación y colocar sistemas adecuados de drenaje pluvial, como bocas de tormenta y coladeras laterales, que eviten la acumulación de agua sobre la superficie de rodamiento.

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“Cuando se termina un pavimento, sea asfalto o concreto hidráulico, se debe considerar el coeficiente de fricción entre la superficie y los neumáticos. Ese coeficiente es el que permite que un vehículo frene y mantenga el control.
El especialista dijo que el manejo del agua pluvial debe ser considerado por las autoridades locales.
“En una vialidad con estas características es indispensable contar con bocas de tormenta y coladeras adecuadamente diseñadas. La idea es que el agua no permanezca sobre la superficie del pavimento, sino que se canalice de inmediato al drenaje pluvial.
En ese sentido, explicó que las calles deben tener una pendiente transversal —conocida como bombeo— que permita desalojar el agua hacia las banquetas.
“Si no se cuenta con ese bombeo y con coladeras funcionales, el agua se acumula y actúa como una película que reduce todavía más la fricción”, dijo.
Mencionó que no se trata de soluciones improvisadas, pues se requiere de un diagnóstico técnico que contemple dicha pendiente, el tipo de tránsito, el material del pavimento, el drenaje pluvial y la protección a los vecinos.
Agregó que dicho la fricción no es estático, pues “se comporta de manera distinta dependiendo de la velocidad, del estado del pavimento y de si hay presencia de agua. Con el uso constante, el concreto hidráulico tiende a alisarse, pierde rugosidad y, por lo tanto, disminuye su capacidad de adherencia”.

“Existen lineamientos técnicos que indican cuál debe ser la pendiente máxima para una calle urbana segura. En este caso, la inclinación excede ampliamente esos valores, lo que de entrada genera un riesgo permanente para la circulación”, advirtió.
Precisó que el problema que enfrentan los vecinos de la calle Paso Florentino “no es fortuito”, ni producto de descuidos aislados, sino es “el resultado de una combinación de factores estructurales, topográficos y de planeación urbana que, con el paso del tiempo, se han vuelto más evidentes y peligrosos”.
“Hay que reforzar las banquetas con elementos estructurales que funcionen como barreras de contención, para impedir que los vehículos que pierdan el control impacten directamente contra las viviendas”, declaró.
Añadió que la pendiente de Paso Florentino rebasa los parámetros establecidos por la normatividad vigente en materia de vialidades urbanas. En tiempos donde no hay lluvia, se puede transitar tranquilamente, pero durante la temporada de lluvias, la situación se agrava de manera considerable.
El investigador subrayó que, el problema no siempre es la imprudencia del conductor.
“Aunque un automóvil circule a baja velocidad, si la fricción es muy baja, no hay forma de que las llantas se adhieran al pavimento. El vehículo pierde el control de manera longitudinal, es decir, se va de frente cuesta abajo”, señaló.
Pidió a los vecinos de la zona a tener un mantenimiento constante de la calle, como la limpieza del pavimento y retirar los residuos de aceite.