Andro Aguilar · 13 de septiembre de 2025
Un pan, una botella de agua, un taco de guisado, una torta de mole, una consulta psicológica, un “aventón” en automóvil… decenas de personas se movilizan fuera de los hospitales para ayudar con lo que tienen a familiares de las víctimas de la explosión de la pipa de gas, en la alcaldía Iztapalapa.
Jacqueline Gómez espera bajo la lluvia afuera del hospital Rubén Leñero con tortillas calientes y chicharrón en salsa verde. Óscar García ofrece viajes gratis en su camioneta. Guadalupe González recorre las banquetas con una caja de pan dulce y cajitas de leche. La psicóloga Pamela López brinda sus conocimientos profesionales para dar contención emocional.
En medio de la tragedia por la muerte de diez personas y decenas de heridos que reciben atención médica en clínicas y hospitales, familias enteras se organizan para ayudarles con alimentos, cobijas o lo que puedan.
La familia Medellín González llegó en motocicletas al Hospital General Rubén Leñero, donde se encuentran ocho de las 76 personas hospitalizadas tras la explosión.
La familia es encabezada por la señora María Guadalupe González y su esposo. Con ellos van sus tres hijas, un yerno y su sobrino. Llegaron en motocicletas, los vehículos con que trabajan cuatro de ellos como repartidores de plataforma; la otra chica es guardia de seguridad privada.

La madre de familia relata que todas se pusieron de acuerdo en la mañana y, después de llegar de trabajar, fueron a comprar pan que llevaban en una caja de cartón, paquetitos de leche y botellas de agua.
“Aquí estamos, donando un poquito del pan que tenemos a diario”, dice la señora.
Alejandra Arenas y su madre instalaron una mesita bajo una carpa frente al hospital por segundo día consecutivo, desde las cinco de la tarde hasta las dos de la madrugada.
Otras personas les han dejado ahí alimentos, cobijas y ropa para que los familiares de personas hospitalizadas puedan acercarse y tomarlas. La propia Alejandra repartió las calcetas que vende como fuente de sus ingresos.
“Me nació de corazón venir a ayudar a la gente. Nunca sabemos si el día de mañana nosotras vayamos a necesitar esa ayuda”.
Jacqueline Gómez, Elizabeth Navarro, Antonia Martínez e Ismael Rodríguez colocaron una mesa plegable junto a la cajuela de un automóvil en que tienen recipientes con chicharrón en salsa verde, arroz rojo, frijoles refritos y huevos hervidos.
Llegaron esas cuatro personas, pero explican que lo hicieron con la cooperación de más amigos. Se trata, señala Jacqueline Gómez, de un gesto de empatía.
“Yo he estado en los pasillos del hospital, pidiendo un milagro, una sanación. Mi padre desde hace cuatro meses nos dejó y yo sé lo que se siente vivir en la angustia y con una esperanza de un milagro para que recupere su sanación” (…) Hay veces que no contamos con los recursos para solventar los alimentos o los pasajes”.
Pamela López está de pie a unos pasos de la entrada de Urgencias con una cartulina en la que se leía “Atención psicológica gratuita”.
La psicóloga de 35 años de edad relata que buscó la forma de ayudar, aportar algo, y decidió que la mejor opción es su respaldo profesional.
“Muchas veces no se le presta atención a la parte psicoemocional, que en el momento es lo que puede desbordar a una persona, una crisis de ansiedad, el dolor, el terror de lo que está sucediendo. Entonces una intervención en crisis en una persona puede ayudar mucho. Pensé que desde mi expertise es lo que puedo aportar, y salí a ver si sirve si alguien se acercaba”.

La psicóloga cuenta que pudo platicar con el señor Apolonio Bonilla que espera a su hermano Juan Carlos, hospitalizado en estado delicado. Sabe que no es sencillo para todas las personas abrirse para una terapia psicológica, pero por lo que celebra que algunas han tomado nota de su número telefónico para una posterior atención.
Del otro lado de la calle, Óscar Zlatan, de 12 años de edad, sostiene una cartulina verde frente al hospital para quien requiera transporte sin costo: “Te ayudamos a trasladarte si eres familiar de paciente del accidente del Puente de la Concordia. Fuerza a todos”.
Su padre, Óscar García, técnico en aire acondicionado, explica que pueden trasladar a las familias a cualquier punto de Ciudad de México, ya sea a una vivienda u otro hospital. Una persona le pide que si la puede acercar a la estación de Metro más cercana. Otra le pide si la lleva al Hospital Magdalena de las Salinas, donde se encuentra hospitalizado uno de sus parientes.
A unos metros, junto con otros familiares, Ana Dorantes espera noticias sobre su sobrino Juan Ángel Bonilla Vázquez y su cuñado Juan Carlos Bonilla Sánchez, comerciantes de frutas y verduras que resultaron heridos por la explosión.
La joven, oriunda del municipio de Texcoco, dice que no tiene palabras para agradecer el apoyo que han recibido desde el miércoles con alimentos y cobijas.
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“Se les agradece infinitamente porque no nos han dejado solos, han estado con nosotros día a día”.
Uno de sus tíos habla de empatía y reciprocidad. Resume el apoyo de la población con una frase: “Como México no hay dos”.
Poco antes del anochecer, personal de la Secretaría de Bienestar e Igualdad Social de la Ciudad de México instaló uno de los cinco comedores comunitarios que el gobierno capitalino destinó en cinco hospitales: Rubén Leñero, Hospital General José María Morelos y Pavón, Instituto Nacional de Rehabilitación, Hospital Regional Zaragoza ISSSTE y Hospital Magdalena de las Salinas.