Rocío Flores y Vidal Pineda · 14 de agosto de 2024
Rosa Mendoza Sosa y Shanni Valeria Mora Fajardo son estudiantes del Bachillerato Integral Comunitario número 29 de Teotitlán del Valle, Oaxaca, y participan representando a México en el Premio Nobel Juvenil del Agua con un proyecto de reutilización de agua entintada para el cultivo de hortalizas.
Después de varios meses de investigación, advirtieron que uno de los principales problemas en Teotitlán del Valle es la escasez de agua para las actividades productivas, tanto artesanales como agrícolas. Como solución idearon un prototipo de filtro que, con piedras, algodón, carbón y otros elementos naturales, logra separar los sedimentos químicos y la acidez del agua para poder ser reutilizada en la localidad.
Ubicada a unos 28 kilómetros de la capital del estado, Teotitlán del Valle es una comunidad zapoteca en la que habitan mil 200 familias, 900 de ellas se dedican a la producción de tapetes de lana multicolores y otros textiles elaborados en grandes telares de madera.
Sin embargo, debido a la escasez, y considerando que más del 70 % de la comunidad está involucrada en la producción textil, el desafío es minimizar el impacto ambiental de las prácticas de teñido artificial.
Tradicionalmente, teñir un kilogramo de hilo de lana requiere la asombrosa cantidad de 70 litros de agua. Para tejer un tapete, los artesanos utilizan tres kilos de lana, lo cual expone la cantidad de agua necesaria para su producción.

Rosa cuenta que hay áreas en las que la red de agua potable no les abastece de manera regular. Aunque hay familias que tienen norias que son como pozos o captan de la lluvia, el cambio climático ha modificado los tiempos y las sequías se prolongan, por lo que el agua que logran captar es poca y obligadamente deben comprar pipas, lo cual eleva los costos de producción.
Shanni observa que en época de sequía los precios de las pipas aumentan casi el doble. Una pipa de 10 mil litros cuesta mil 500 pesos por familia, así que incluso mantener vivo un huerto familiar les genera un gasto extra.
“Esto deriva en cierta inseguridad en la parte alimentaria, ya que al no haber suficiente agua la gente no produce, y si lo hace no puede reutilizar el agua que usan para teñir los textiles en sus plantas o huertos y producir sus propios alimentos”.
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El teñido de tapetes en Teotitlán del Valle se distingue por sus técnicas ancestrales y por el uso de la grana cochinilla, el añil, el pericón, la flor de cempasúchil como tintes naturales, pero debido a la demanda, los artesanos se han visto obligados a incorporar tintes artificiales que contienen ácido sulfúrico o ácido acético para mejorar el proceso de tintura que, a la larga, lastiman y queman sus manos.

Después de que Rosa y Shanni realizaron toda la investigación de campo y documental, su primera conclusión fue que había un recurso desaprovechado, porque el agua teñida no se podía reutilizar ni verter por el drenaje debido a que los químicos afectan el sistema de tuberías y la planta tratadora de la comunidad, así que plantearon la posibilidad de filtrar el agua y después pensaron que para disminuir el riesgo la seguridad alimentaria podían utilizarla para la producción de hortalizas.
Algunos artesanos interesados en conocer el proyecto advertían a las estudiantes: “no te va a servir esa agua, te va a quemar tus hortalizas, no vas a cultivarlas, no vas a llegar a nada”. Pero Rosa y Shanni no se desanimaron y continuaron su prueba piloto hasta hacer crecer las semillas de hortalizas que utilizaron para analizar los resultados de su propuesta.
“Se sorprendieron (los artesanos) porque esas aguas queman sus plantas y nosotras les dimos a conocer que sí podíamos lograrlo”, dice Rosa junto a su compañera Shanni. Ambas se muestran entusiasmadas porque gracias a esta propuesta participaron y ganaron a nivel regional, nacional y ahora se preparan para presentar su proyecto en el Premio Internacional del Agua para Jóvenes, el Stockholm Junior Water Prize, en Estocolmo, Suecia.
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Saben que si su proyecto avanza podría impactar positivamente en la economía de Teotitlán y a la vez contribuir en preservar los saberes comunitarios tradicionales, cuidar el medio ambiente y apoyar en la parte agrícola.
Lo sabe también el artesano Mario Chávez. Lo ve muy benéfico para la comunidad: “Me parece muy bien este proyecto porque es muchísima agua la que se tira”.
Ellas se enfocaron en filtrar y reutilizarla en las hortalizas, y están haciendo todas las pruebas de laboratorio necesarias apoyadas por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) que les está proporcionando seis meses de beca y de orientaciones para llevar a cabo el proceso.
Pero el artesano, con más de 30 años de experiencia textil, considera que también podrían usar esa agua para regar las plantas que ocupan en el teñido natural.
“Esa es mi propuesta, yo tengo un espacio en el que podríamos instalar y poner en práctica el proceso”, comenta Mario Chavez desde su taller, animado por la propuesta de Rosa Mendoza Sosa y Shanni Valeria Mora Fajardo.
Ellas mientras tanto, eligen algunos tapetes que llevarán a Estocolmo para mostrar la tradición artesanal de su pueblo y nos cuentan que la gente puede votar en su video de promoción como apoyo a su esfuerzo.
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“Quienes obtengan la mayor cantidad de votos a nivel global, pueden ser merecedores de ganar el premio al público, que es la primera categoría; la segunda es una mención honorífica en la cual se reconoce la viabilidad del proyecto estratégico comunitario; y el mayor es el Premio Nobel de Agua para Jóvenes y consiste en el reconocimiento y encima 15.000 dólares para las personas ganadoras.

A unos 10 días de su viaje a Estocolmo reconocen que el idioma les causó un poco de estrés, pero este día soleado de fin de semana, caluroso, y con mosquitos invadiendo la conversación, ellas no reparan más que en los días que faltan para viajar.
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“Estamos felices, nerviosas, orgullosas de representar a nuestra comunidad, a Oaxaca y a nuestro país”.
