Dalila Sarabia · 8 de diciembre de 2025
Con 40 años de trabajo en Polanco, la Frutería Pepe tiene los días contados, pues ha perdido la batalla contra la gentrificación de la CDMX. Aunque al paso de los años resistió la llegada de franquicias y establecimientos mercantiles de lujo, el negocio familiar, ubicado en la calle Virgilio, en la alcaldía Miguel Hidalgo, se prepara para cerrar sus puertas ya que su arrendatario les ha pedido que entreguen el local que en próximos meses se convertirá, según saben, en un restaurante.

“Nos dan hasta febrero del 2026 para desalojar… para que la frutería Pepe ya no se encuentre ahí”, lamenta Sthefany Lourdes Bonifacio, encargada de la frutería.
En entrevista, la joven de 33 años compartió que hace unos meses llegó el día de hacer la renovación del contrato por la renta del local que han ocupado por 18 años. La historia de la frutería comenzó primero como un puesto en una de las calles de Polanco y después ofreciendo y vendiendo la fruta en una camioneta.
Aunque había nerviosismo sobre cuánto aumentaría la renta —cosa que cada año sucedía—, todo apuntaba a ser un día normal, pero apenas llegaron a la reunión, todo cambió.
“Nos sentamos y nos dijo directamente, ‘¿saben qué? Necesito que me den el local’”, recuerda Sthefany.
“Yo le decía que la frutería es el sustento de mi familia, de mis hijos, de mi mamá ‘y de repente viene usted y nos dice eso, ¿por qué?, ¿qué pasó?’”, agregó.
La joven solicitó que les dieran una prórroga para que tuvieran tiempo de buscar otro lugar en la zona, pero apenas consiguió algunos meses.
“Le pedíamos el año completo, pero nos dijo que no, solo nos dio hasta febrero (…) preguntamos si no había más que hacer, subir la renta, algo, pero no, nos dijo ‘me tienen que entregar el local’”, compartió la joven.
Desde ese día, ella y su esposo se han dado a la tarea de buscar opciones para no irse de la zona ni dejar el negocio que ha sido el sustento de sus abuelos, sus padres y ahora de su familia.
Opciones las hay —dice—, pero para un negocio de barrio como la frutería Pepe son inaccesibles.
“Hemos visitado locales exactamente en la siguiente esquina donde pagan una renta de 150 mil pesos al mes, con un traspaso de 3 millones y tres rentas adelantadas… Literalmente es imposible”, criticó.
A tres cuadras de distancia de donde actualmente se ubican han encontrado locales con rentas entre 50 y 60 mil pesos, que igualmente piden depósitos y contar con un terreno en la Ciudad de México o Estado de México como aval.
“Cuando este señor viene y me dice eso de que pues ya hasta aquí se acaba, pues me entró mucho coraje e impotencia porque yo decía cómo es posible que tanto trabajo y tanto esfuerzo que hemos hecho venga y lo aplaste y diga ‘se me van’”.

Hace 40 años la frutería Pepe comenzó como un puesto en la vía pública al lado de otros que también vendían frutas, verduras y flores.
“La gente venía a hacer su mandado y todo… al paso de tiempo empieza a haber menos puestos y uno de los que quedan es el que atendía mi papá (…) lamentablemente después la delegación ya no le permitía estar ahí y él se compró una camioneta blanca donde exhibía su fruta”, recuerda Sthefany.
Tiempo después el área de Vía Pública de la alcaldía le dio un permiso a su papá, don Pepe, para que pudiera colocar una estructura de metal y ahí exhibiera su fruta.
“Estuvo mucho tiempo así en vía pública, pero después pasa que de nuevo no permiten que la gente comerciante anduviera de ambulante y se le da la oportunidad de estar en un local”, detalló la joven.
Hasta 2020, cuando muere por la pandemia de Covid-19, la frutería fue atendida todos los días por el señor Pepe, padre de Sthefany.
“Lamentablemente mi papá falleció en la pandemia y me tuve que hacer cargo de la frutería… Me gusta mucho, pero sí fue una situación fuerte porque yo no sabía trabajar un negocio, pero aprendí a trabajar el legado de mi papá, que en su momento le costó mucho”, compartió.
De aquellos negocios de barrio con quienes ella y su familia compartieron, solo la frutería Pepe y un local de flores que está a un costado habían resistido al boom inmobiliario de la zona.

“A uno le cuesta mucho trabajo mantener y salir a flote un negocio (…) y de repente vienen inversionistas que dicen ‘necesito que me quites a tal’ y van para atrás los negocios”, reprochó.
“Siento un coraje horrible y una impotencia porque yo también lo valgo, yo también hago las cosas y de repente que vengan y me digan, ‘¿sabes qué? Ya no vale lo que tú haces’, pues es fuerte”.
Con el reloj corriendo en su contra, Sthefany pidió la intervención del alcalde de Miguel Hidalgo, Mauricio Tabe, a fin de buscar una opción ordenada y dentro del marco normativo, en la que la Frutería Pepe pueda seguir brindando servicio en esta zona conocida como Polanquito.
“Queremos ver si hay forma que en una esquina nos coloque con una estructura… no buscamos el ambulantaje común sino algo que no haga fea la zona”, propuso.
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“Y la otra es andar de ilegales, disculpa la palabra, así como en su momento mi papá empezó, en una camioneta”, agregó.
Aunque han acudido al Miércoles Ciudadano, en donde el alcalde y su gabinete atienden peticiones vecinales, no han tenido suerte de explicar cuál es su situación.

Solo han recibido un “ahorita no hay permisos” sin más. “Mis clientes se acercan y me dicen que no deje caer el negocio (…) son clientes que conocieron a mi papá y que saben todo el trabajo que le costó”, dijo la joven.
Ante la falta de opciones y con el tiempo encima, Sthefany reprocha que frente a fenómenos como la gentrificación en la CDMX no haya opciones para procurar a los pequeños negocios de barrio.
“Es injusto cómo pueden venir otras personas a quitarnos nuestro trabajo… Somos personas que no hacemos millones, pero valoramos lo que hacemos”, concluyó.