Redacción Animal Político · 6 de junio de 2026
Brenda Valenzuela Gil, madre del joven Carlos Emilio, que desapareció en un restaurante en Mazatlán, viajó a Zacatecas para entrevistarse con la fiscal General de la República, Ernestina Godoy y revisar las investigaciones del caso que cumple 8 meses.
“Ayer acudí a Zacatecas para solicitar personalmente un espacio con la fiscal Ernestina Godoy Ramos y poder exponer todo lo que esta familia ha vivido durante la investigación por la desaparición de mi hijo, Carlos Emilio”, escribió en redes sociales.
Indicó que pese “al dolor, la incertidumbre y la angustia de estos 8 meses que siguen presentes, también considero importante reconocer cuando existe apertura institucional para escuchar, revisar y corregir decisiones que podían poner en riesgo el rumbo de la investigación”.

“Agradezco la atención brindada y las acciones tomadas para dar claridad y continuidad al caso de Carlos Emilio. Porque detrás de cada expediente existe una vida humana. Existe una familia resistiendo. Existe una madre esperando volver a abrazar a su hijo”, manifestó.
Valenzuela Gil confío en que esta apertura permita fortalecer las líneas de investigación y avanzar con la seriedad, sensibilidad e independencia que un caso como este exige.
“Carlos Emilio sigue desaparecido. Y mientras eso siga ocurriendo, seguiré alzando la voz, buscando verdad y exigiendo justicia con dignidad, firmeza y amor por mi hijo”, añadió.
Carlos Emilio Galván Valenzuela entró al baño de un restaurante y nunca regresó. Ocurrió la tarde del 5 de octubre del año pasado, en un fin de semana familiar en Mazatlán, Sinaloa.
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El joven, de 21 años, estaba de vacaciones con su padre, tíos, primos y hermanos. Habían salido a cenar a un restaurante bar-terraza ubicado en la zona turística de la ciudad. Valentinos, uno de los establecimientos más conocidos del puerto turístico.
Dos de sus primas lo acompañaban. En algún momento, Carlos Emilio se levantó de la mesa y les dijo que iba al baño. No parecía haber nada extraño. No discutió con nadie. No recibió llamadas. No hubo forcejeos visibles. Simplemente caminó hacia los sanitarios del lugar.
Pasaron diez minutos. Luego algunos más. Carlos Emilio no regresaba. Sus primas comenzaron a inquietarse. “Era un tiempo considerable para que él no regresara del baño”, recuerda su madre, Brenda Valenzuela Gil, a partir de lo que ellas le relataron después. Una de las jóvenes decidió levantarse para buscarlo.
Caminó hacia los baños, pero antes de llegar fue interceptada por un elemento de seguridad del establecimiento, quien le ordenó que se retirara.

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La prima insistió: dijo que iba al baño y que estaba buscando a su primo. El guardia le respondió que no podía pasar, que “en el baño no hay nadie”. Aun así, la joven alcanzó a asomarse y vio personas dentro: distinguió unos tenis, aunque no eran los de su primo Carlos Emilio.
Se retiró y, nerviosa, comenzó a buscarlo mesa por mesa. Salió del restaurante pensando que quizá había salido a hacer una llamada. Marcó a su celular. El teléfono timbraba. Nadie contestó.