Animal Político · 22 de julio de 2026
Brenda Valenzuela, mamá de Carlos Emilio, joven desaparecido al interior de un restaurante en Mazatlán, denunció de manera pública que la jueza de Distrito María Inés Camacho Martínez, del Centro de Justicia Penal Federal en Culiacán, Sinaloa, le prohibió participar mediante videoconferencia en la audiencia del caso programada para este día a las 16:00 horas.
A través de un pronunciamiento difundido en sus redes sociales y dirigido al ministro presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Hugo Aguilar Ortiz; a la presidenta del Tribunal de Disciplina Judicial, Celia Maya García; y al presidente del Órgano de Administración Judicial, Néstor Vargas Solano, la madre del joven solicitó que se garantice su intervención en el proceso legal sin la obligación de trasladarse a la sede judicial.
En el mensaje, Brenda Valenzuela señala que la autoridad judicial solicitó su presencia física en el juzgado con menos de un día de notificación previa, situación que señaló como una limitación a las garantías estipuladas para las víctimas en la legislación vigente.
“Pretender obligar a una madre a comparecer físicamente en una sala de audiencias, en el territorio de un estado en guerra, donde desapareció mi hijo, con menos de 24 horas de anticipación, y condicionar mi posibilidad de comparecer a esa audiencia a que se realice en esa forma, sin razones claras ni debidamente justificadas, desatiende todas las obligaciones del Poder Judicial con respecto a los derechos de las víctimas”, expuso.
Finalmente, la madre del joven enfatizó que su petición se alinea con el marco legal aplicable a las partes afectadas dentro de un procedimiento penal.
“Lo que pido no es un capricho. Es un derecho. Está establecido en la ley”, concluyó. “No pedimos un trato diferente, solo queremos que se respete nuestro derecho de participar en todos los procesos legales y judiciales del caso”.
Desde el 5 de octubre de 2025, cuando desaparecó su hijo, Brenda Valenzuela ha tocado todas las puertas posibles. Ha acudido a autoridades locales, estatales y federales. Ha pedido que el caso escale. Ha intentado que la desaparición de su hijo no quede sepultada bajo el ruido de la violencia cotidiana.

Carlos Emilio Galván Valenzuela entró al baño de un restaurante y nunca regresó. Ocurrió la tarde del 5 de octubre de 2025, en un fin de semana familiar en Mazatlán, Sinaloa.
Carlos Emilio había terminado recientemente su licenciatura en gastronomía. Estaba en proceso de titulación. Era deportista. Entrenaba para maratones y rutas ciclistas. Desde niño había practicado fútbol, taekwondo, atletismo, béisbol. “Tenía una vida completamente sana y normal para su edad”, dice su madre.
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El joven, de 21 años, estaba de vacaciones con su padre, tíos, primos y hermanos. Habían salido a cenar a un restaurante bar-terraza ubicado en la zona turística de la ciudad. Valentinos, uno de los establecimientos más conocidos del puerto turístico.
Dos de sus primas lo acompañaban. En algún momento, Carlos Emilio se levantó de la mesa y les dijo que iba al baño. No parecía haber nada extraño. No discutió con nadie. No recibió llamadas. No hubo forcejeos visibles. Simplemente caminó hacia los sanitarios del lugar.
Pasaron diez minutos. Luego algunos más. Carlos Emilio no regresaba. Sus primas comenzaron a inquietarse. “Era un tiempo considerable para que él no regresara del baño”, recuerda su madre, Brenda Valenzuela Gil, a partir de lo que ellas le relataron después. Una de las jóvenes decidió levantarse para buscarlo.
Caminó hacia los baños, pero antes de llegar fue interceptada por un elemento de seguridad del establecimiento, quien le ordenó que se retirara.
La prima insistió: dijo que iba al baño y que estaba buscando a su primo. El guardia le respondió que no podía pasar, que “en el baño no hay nadie”. Aun así, la joven alcanzó a asomarse y vio personas dentro: distinguió unos tenis, aunque no eran los de su primo Carlos Emilio.
Se retiró y comenzó a buscarlo mesa por mesa. Salió del restaurante pensando que quizá había salido a hacer una llamada. Marcó a su celular. El teléfono timbraba. Nadie contestó.

Cuando intentó volver a entrar al restaurante, el personal de seguridad le negó de nuevo el acceso. Pasaron entre 30 y 40 minutos antes de que le permitieran regresar. Para entonces, Carlos Emilio ya no estaba en ninguna parte.
Desde ese momento el joven se encuentra desaparecido.
Desde el primer día, asegura, la familia actuó en tiempo y forma: denunciaron la desaparición, aportaron testimonios, declaraciones y cualquier dato que pudiera servir. A cambio, dice, no han recibido respuestas.
La madre del joven insiste en un punto que considera clave: el lugar donde desapareció su hijo. Valentinos no es un sitio marginal ni clandestino. Es un restaurante emblemático de Mazatlán, con cámaras, personal de seguridad, empleados y decenas de comensales.
Uno de los elementos que más le generan desconfianza es el manejo de los videos de seguridad. Los registros del establecimiento, afirma, fueron entregados hasta cerca de 20 días después de la desaparición y, además, presentan irregularidades.