Los lavaderos públicos de Chilpancingo, lugar de encuentro y alternativa ante la sequía

Itzel Urieta / Amapola Periodismo · 23 de abril de 2023

Los lavaderos públicos de Chilpancingo, lugar de encuentro y alternativa ante la sequía

Graciela Hernández restriega una camisa negra, le pone jabón y la deja sobre el lavadero mientras toma agua con una jícara, que después deja caer sobre la prenda. Cada ocho días, acude a lavar a los lavaderos públicos del barrio de Tequicorral, un lugar conocido como Los Túneles.

Para ella y muchas personas, los lavaderos son una alternativa en esta temporada de sequía, cuando el agua es más escasa en Chilpancingo, la capital de Guerrero.

Va desde la colonia Margarita Viguri para lavar su ropa. “Ahorita vengo, tiene 15 días que no venía; como mis hijos apenas regresaron a la escuela, ya se me van a juntar los uniformes”, comenta.

Frente a Graciela hay otra mujer. Mientras lavan, platican de sus hijos, de sus vecinos y de otros aspectos de su vida.

Este lavadero tiene una capacidad para que 20 personas laven ropa de manera simultánea, aunque Graciela acepta que por la pandemia de COVID-19 la afluencia de gente en los lavaderos bajó mucho.

“Antes eran espacios para saludarnos entre vecinos, platicar, aquí nos juntábamos todos, pero hoy ya es muy poca la gente que viene”, cuenta.

La historia de este lavadero comenzó hace 36 años y está ligada a una mujer: Ofelia Rodríguez Jiménez.

Ofelia se dedicaba a lavar ropa ajena, principalmente la de sus vecinos, y los lavaderos de la barranca Pezuapa fueron su centro de trabajo; día con día, iba a lavar ropa.

En ese entonces, la barranca Pezuapa era eso. Por ella bajaba el agua de los cerros del oriente de Chilpancingo.

El hijo de Ofelia, Fabián Ramírez Rodríguez, hoy encargado de los lavaderos, recuerda cómo era esa barranca hace casi 40 años.

Fue durante la administración del gobernador Alejandro Cervantes Delgado (1981-1987) que se creó el parque conocido como Los Túneles y las autoridades locales remodelaron los lavaderos.

Los vecinos del lugar sabían que Ofelia estaba a diario en los lavaderos; entonces, la propusieron como encargada del lugar.

Cervantes Delgado aceptó la propuesta y por 35 años Ofelia fue responsable de los lavaderos. Falleció a los 93 años, en 2015; a partir de ahí, su hijo Fabián ha sido el encargado.

“Cuando mi mamá venía a lavar y nos juntábamos muchos niños, jugábamos en el pequeño río que había, me acuerdo que a su lado había unos árboles enormes, por lo que recuerdo eran amates, guamúchiles y cazahuates, y hasta había sapos, ranas y algunos peces”, recuerda Fabián.

Fue debajo de esos enormes árboles que se construyeron los lavaderos públicos que eran alimentados con el agua de un manantial cercano.

“Jugaba a hacer presas con piedras, barcos de papel que iban se los llevaba la corriente”, recuerda Fabián.

Conforme la capital creció, la barranca fue canalizada y embovedada “y se convirtió en el parque que hoy conocemos”.

Historias de lavaderos en la ciudad hay muchas; este tipo de instalaciones son muy comunes, sobre todo en las zonas donde Chilpancingo comenzó a poblarse.

Hay un lavadero público en el barrio de San Mateo, a un costado de la Preparatoria Número 33 de la Universidad Autónoma de Guerrero (Uagro), donde también había una barranca.

Existe otro conocido como Las Cuevitas, al oriente de Chilpancingo, donde todavía emana agua. La dinámica es la misma: personas acuden con sus cubetas y bolsas de ropa y pagan por el tiempo que lavarán.

Los lavaderos públicos en la capital son alternativa para las personas que sufren el desabasto de agua en la ciudad; también fungen como una medida para cuidar el agua: las personas prefieren pagar 15 pesos por estos espacios públicos que gastar por agua en pipas.

De acuerdo con datos consultados, las pipas cuestan entre 300 y 400 pesos la chica (con mil litros), y de 700 a mil pesos la grande (con 10 mil litros). Cada tinaco tiene un costo de 120 pesos. Los costos también varían entre más apartadas del centro estén las colonias o los asentamientos.

 

Este texto se publicó originalmente en el sitio Amapola Periodismo.