“La casa era de adobe y se hizo barro”; el devastador impacto de Otis en las colonias de Acapulco

Manu Ureste · 27 de octubre de 2023

“La casa era de adobe y se hizo barro”; el devastador impacto de Otis en las colonias de Acapulco

“Jamás imaginamos que el huracán llegaría con tanta violencia y con tanta capacidad de destrucción, ni que fuera tan voraz. Era como un monstruo que no paraba de destruir todo a su paso”.

María Dolores Bautista Medel, acapulqueña de 59 años, habla con lágrimas resbalando por su rostro sudoroso y exhausto. Se acaba de enterar de que en la casa donde vive su tía Lucía Medel, de 80 años, y otro familiar de 40, Neri Silva, el huracán categoría 5, Otis, tumbó un muro de concreto sepultando a dos personas, quienes fallecieron abrazadas.

La señora Lucía había llegado recientemente al puerto, explica María Dolores, y su familia la cuidaba porque “padecía de los nervios”. La fatídica noche del martes, cuando Otis pasó en cuestión de pocas horas de tormenta tropical a la máxima categoría jamás registrada en el Pacífico mexicano, los vientos comenzaron a arreciar a eso de las 11 de la noche, hasta que el caos se desató a medianoche.

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Daños tras el huracán Otis en Acapulco, Guerrero. Foto: Manu Ureste/Animal Político

Neri, moreno, alto y de complexión robusta, detalla María Dolores, trataba de calmar a doña Lucía, pero de pronto el techo se les vino encima.

“La casa era de adobe y con la lluvia se hizo barro, y por eso quedaron los dos ahí sepultados en el lodo”, lamenta la acapulqueña, vecina de la colonia Icacos, una de las más afectadas por el paso del huracán.

“Fue demasiado aire, demasiado viento, sentía que iba a arrancar mi casa de los cimientos”, agrega la mujer con los ojos muy abiertos por el efecto reciente de la adrenalina.

Ahora, la vecina pide a las autoridades mayor celeridad. Hasta la tarde de ayer miércoles, tan solo dos elementos de la Secretaría de Seguridad Ciudadana de la Ciudad de México realizaban recorridos por los entresijos de la colonia, por la que apenas se podía caminar debido al efecto devastador del huracán: cables tirados, aguas negras, coches aplastados por piedras y láminas que salieron volando, y casas completamente destruidas y sin techo. 

“Solo pedimos a las autoridades que nos ayuden, queremos sepultar a nuestros familiares, porque con este calor pronto se van a descomponer”, dice la mujer.

En esa misma colonia, ubicada a tan solo unos metros del hospital naval, sobre la Costera Miguel Alemán, el señor Fidel Sánchez García, de 49 años, cuenta que en tan solo dos horas y media el huracán adquirió una fuerza “inverosímil”.

“Ni el huracán Paulina fue tan malo como este”, exclama alzando las manos. 

“Todo se lo llevó. Las láminas, las bardas, los techos… Ese huracán se llevó a Acapulco entero”, añade.

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Vecinos de la colonia Icacos en Acapulco
Vecinos de la colonia Icacos exigen la atención de las autoridades. Foto: Manu Ureste/Animal Político

Por su parte, Pedro Arellano Magallón habla desde los restos que dejó el huracán de su modesta vivienda. En lo que era la cocina ahora también hay una sala al descubierto, con una maraña de ramas de palmeras sobre el suelo lleno de lodo.

El hombre de 62 años exige que las autoridades estatales se aparezcan, pues hasta el momento solo ha visto pasar a unos cuantos rescatistas de la Ciudad de México.

“Necesitamos la ayuda del presidente de la República y de la gobernadora Evelyn Salgado, y también de la presidenta municipal de Acapulco. Que vengan aquí y vean este desastre”, dice el hombre menudo, mientras pasea el brazo por la escena dantesca que tiene a su alrededor.

“¡Que vengan a Icacos! Porque aquí no tenemos ninguna ayuda y la necesitamos”, repite.

En la misma calle que Pedro, junto a un taxi completamente destrozado por el peso de un poste de concreto derrumbado, Lilia Montaño, de 60 años, camina desorientada y pide ayuda para poder regresar a la Ciudad de México.

“Afortunadamente, estamos con vida, pero creo que vamos a estar atrapados aquí al menos una semana, porque no hay transporte, y las carreteras están muy dañadas”.

“¡Ay no, fue algo horrible!”, añade y a continuación rompe en llanto. “Pensamos que nos íbamos a ir con todo y el hotel. Fue una pesadilla”.