AFP · 5 de marzo de 2025
La pujante industria mexicana de la frontera con Estados Unidos apuesta por volver la mirada al mercado interno para resistir el golpe demoledor de los aranceles del presidente Donald Trump, que vislumbra insostenibles.
Más de dos centenares de maquilas conforman este conglomerado que exporta su producción a Estados Unidos desde la ciudad de Tijuana y que ahora deben pagar un arancel de 25%.
Abarcan sectores como insumos médicos, semiconductores y otros componentes electrónicos, que “se van a ver afectados” por las tarifas vigentes desde el martes, dijo José Luis Contreras, presidente de la Asociación de Industriales de Mesa de Otay, en entrevista con AFP.
La industria automotriz, otro sector fuertemente enfocado en el mercado estadounidense, recibió este miércoles oxígeno del gobierno de Trump, que la exentó por un mes, hasta abril, de las onerosas tarifas.
Tijuana es sede de varias empresas maquiladoras, dedicadas a importar componentes de forma temporal para fabricar nuevos productos y luego exportarlos, principalmente a Estados Unidos.
Por esa región, que alberga unas 400 compañías en sus amplios parques industriales, se realizan cada año un millón de cruces fronterizos de transporte de carga, según cifras oficiales.

Consumada la amenaza de Trump, se debe “reorientar el mercado interno”, señala Contreras, para quien esto significa replicar las cadenas de producción del tratado comercial T-MEC (Canadá, Estados Unidos y México) en este país de 130 millones de habitantes.
También implica ofrecer incentivos tributarios, buscar nuevos mercados y romper candados legales para la industria maquiladora, como el que les exige exportar un porcentaje mínimo de su producción.
Pero se debe “obrar con rapidez”, pues la “dimensión social es muy grande” al involucrar unos 80.000 empleos de maquilas solo en este punto de la frontera de 3.100 km de largo, advierte Contreras, empresario metalmecánico.
La presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, anunciará el próximo domingo medidas frente a los aranceles, aunque de antemano delineó un plan para fortalecer la industria nacional que incluye sustituir importaciones chinas, un gesto hacia Trump que por ahora no rindió fruto.
La mandataria dijo este miércoles que, de mantenerse los aranceles estadounidenses, su gobierno está abierto a buscar otros socios comerciales.
Trump defiende las tarifas como castigo a México y Canadá por su supuesta inoperancia contra la migración legal y el tráfico de fentanilo, opiáceo asociado a decenas de miles de muertes por sobredosis en Estados Unidos cada año.
Sin embargo, su cruzada proteccionista, que persigue la reubicación de empresas en territorio estadounidense, también alcanza a China y la Unión Europea.
Analistas estiman que la medida amenaza con una recesión a México, que envía 80% de sus exportaciones a Estados Unidos, y creen que junto con las represalias también dañarán la economía estadounidense al trasladar los costos a sus empresas, trabajadores y consumidores.
Asimismo, podrían empujar a sus socios regionales a los brazos de China, su gran competidor.
“Habrá algunas perturbaciones, pero no (…) serán muchas”, afirmó Trump la noche del martes ante el Congreso.
“Las ocurrencias de Trump (…) no pueden sostenerse durante mucho tiempo”, prevé Contreras, quien duda que Estados Unidos pueda sustituir rápidamente la mano de obra y destrezas desarrolladas en México a lo largo de décadas de intercambio comercial.
“Seremos tal vez menos competitivos, pero al final de cuentas competitivos”, destaca el empresario.
La confianza de los consumidores estadounidenses registró en febrero su mayor descenso mensual desde agosto de 2021, ante temores de que la inflación repunte por las políticas comerciales y antimigratoria de Trump, según una encuesta del Conference Board.
Los mexicanos que pasan por miles a Estados Unidos a través de la garita de San Ysidro -el mayor cruce fronterizo del hemisferio occidental- tienen la certeza que la guerra arancelaria de Trump no tendrá ganador.
“Va a ser muy difícil que (Trump) hale todo para atrás”, opina Moisés Arroyo, mecánico jubilado de 72 años con nacionalidad mexicana y estadounidense, en la larga fila de carros para pasar de Tijuana a la vecina San Diego.
Su coterráneo Carlos Nava, de 58 años, también nacionalizado estadounidense, refiere una merma en su trabajo como conductor de Uber en San Diego. La atribuye al “miedo” de la gente por las deportaciones de migrantes indocumentados y un posible aumento de la canasta básica.

A este paso “vamos a parar de venir a consumir”, afirma Arroyo, quien suele ir de compras a San Diego.
En su tráiler, el camionero Juan Diego Mendoza reconoce que los aranceles que Donald Trump impuso a México afectarán su trabajo, pero lo asiste otra convicción: “Vamos a aguantar”.
Por este puerto de Tijuana cruzaron casi un millón de camiones entre enero y noviembre de 2024, según cifras oficiales.
El arancel “va a afectar, pero vamos a aguantar”, remarcó Mendoza con gesto de orgullo, mientras calentaba el motor del tráiler en el que transporta carne desde Estados Unidos a México.
La decisión de Sheinbaum de anunciar sus medidas arancelarias en un acto masivo “manda un mensaje de unión” y amplía el margen “para encontrar una solución negociada de último minuto”, señaló Diego Marroquín, especialista en comercio del Wilson Center.
Mendoza ya siente el impacto de las medidas proteccionistas, que Trump justifica en una supuesta inoperancia de México y Canadá -sus socios en el T-MEC- frente al tráfico del letal fentanilo y la migración ilegal en esta porosa frontera de 3.100 km.
Debido a los mayores controles ordenados por Sheinbaum en la zona limítrofe, este chófer y sus miles de colegas tardan hasta cinco horas en cruzar el puerto donde los vehículos son escaneados con rayos X.
La mandataria, cuya popularidad ronda el 80%, ordenó en febrero el despliegue de 10.000 soldados a cambio de que Trump retrasara los aranceles.
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Pero la medida apenas alcanzó para un mes, y el tiempo de espera en la garita está reduciendo los viajes y las utilidades de las empresas transportistas.
Aun cuando las tarifas recién se empiezan a cobrar, Ángel Cervantes, camionero de 28 años, también resiente el golpe, supuestamente por el castigo a China, país al que Trump impuso aranceles de 20%.
“Está bajando el trabajo porque la mayoría, el 50% de las empresas de Tijuana, exportan material chino. Y como los aranceles también son hacia China, baja el trabajo para las compañías” de transporte, señaló.
La empresa para la que trabaja Cervantes perdió un cliente que exportaba aires acondicionados chinos.
Se trata de empresas de capital chino instaladas en México.
“De dos cargamentos diarios pasó a uno, luego a uno por semana y a uno cada quince días, hasta que paró”, relató Cervantes, cuyos ingresos bajaron de unos 800 a 600 dólares semanales para sostener a su esposa y dos hijos.
Pese a ello, confía en que el intercambio comercial del T-MEC, de unos 776.000 millones de dólares al año, “se mantendrá” por la profunda interdependencia.
Antes de la entrada en vigor de los aranceles, como una señal a Trump, la presidenta mexicana anunció un plan de sustitución de importaciones chinas.
El trailero Jonathan Figueroa, de 26 años, cuenta que uno de los principales clientes de su anterior empleador decidió trasladar su planta de paneles solares de México a Estados Unidos, y él perdió su trabajo.
“Me había dicho mi patrón que, si ganaba la presidencia Donald Trump, la empresa a la que surtíamos se la iban a llevar para Nuevo México. Y así fue”, relató Figueroa, quien pasó cuatro meses desempleado.
En ciudades fronterizas como Tijuana -de dos millones de habitantes- los aranceles también causan preocupación en la pujante industria manufacturera.
Luego de terminar su turno de 12 horas en una maquila de parlantes para autos de una reconocida marca, María Virginia Gutiérrez admite su “preocupación”, especialmente desde que la fábrica pasó de manos estadounidenses a un inversor chino a comienzos de año.
Aunque en Tijuana muchos son conscientes de que los aranceles y la respuesta de Sheinbaum tendrán repercusiones negativas, también hay espacio para el optimismo.
“Tenemos que defendernos. Somos económicamente fuertes y autosuficientes. A diferencia de ellos, no buscamos el carro del año ni el mejor corte de carne, somos felices con un plato de frijoles y un huevo”, dice Juan Diego Mendoza.