Carlos Arrieta · 27 de febrero de 2026
El Colegio Diocesano de Aguililla realizó este viernes una marcha para pedir por la paz en este municipio de Tierra Caliente y en el resto del país, luego de los momentos de violencia que se vivieron en Michoacán y en buena parte del territorio mexicano tras el abatimiento, el pasado domingo 22 de febrero, de Rubén Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG).
La procesión, que se realizó en el marco del 60 aniversario del Colegio Diocesano, y a la que acudieron unas 200 personas, estuvo encabezada por el obispo Cristóbal Ascencio García y sacerdotes de la Diócesis de Apatzingán.
Bajo un fuerte dispositivo de seguridad de autoridades estatales y federales, la procesión recorrió las principales calles de la cabecera de ese municipio en el que nació “El Mencho”, hace 60 años.
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La carretera Apatzingán-Aguililla todavía conserva los rastros de la quema de vehículos y de los bloqueos que realizaron presuntos integrantes del CJNG tras el abatimiento del líder criminal. Hasta el momento, y luego de consultar a autoridades locales y eclesiásticas, no existe preparativo alguno para que “El Mencho” pudiera ser velado, con misa de cuerpo presente, y enterrado en su municipio natal.

Pese a los despliegues de fuerzas federales y estatales, el miedo suele permanecer más tiempo que los retenes. Comercios cerrados, calles semivacías y familias que optan por no salir de casa forman parte de un paisaje que se repite cada vez que la violencia recrudece. En ese contexto, la marcha convocada por la Iglesia buscó convertirse en un gesto simbólico de resistencia frente a la normalización del miedo.
“La gente de Aguililla, que no la debe, es la que está pagando por lo que pasó con ese señor (El Mencho)”, dijo un vecino de nombre Gabriel durante la marcha por la paz.
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“Las cosas en Aguililla se pusieron feas desde hace días. Muy feas. Quemaron carros y casas. Y mucha gente que no la debe, está pagando. No entiendo por qué hacen eso”, agregó el señor Gabriel.
Otro vecino consideró que la presencia de militares en Aguililla es bien recibida. “Lo vemos como un apoyo en estos momentos”, señaló el hombre, que también apuntó que desde el jueves, y ante la presencia del Ejército, se siente un ambiente “más o menos” relajado.

El padre Manuel Ríos Pardo, de la comunidad El Platanal, en el municipio de Tumbiscatío, recordó que una de las principales funciones de la Iglesia Católica es la “promoción de la paz”.
“En esta marcha queremos cantar, queremos orar, queremos recordar que Dios quiere a sus hijos en paz”, señaló el sacerdote. “Todos en Aguililla y en el país hemos tenido que enfrentar esta situación dolorosa y complicada, y el señor obispo con mucha esperanza propuso esta procesión por la paz”, detalló.
Hermelinda Vázquez, otra vecina de Aguililla que vestía de blanco durante la marcha, lamentó que en el municipio se ha vivido “una violencia muy grande” desde que el domingo pasado las fuerzas armadas mexicanas anunciaran el abatimiento de “El Mencho” y de otros líderes criminales del CJNG.
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“Confíamos mucho en Dios y en que nos va a ayudar a que esta situación mejore”, aseguró la mujer.
El obispo Cristóbal García resaltó que los pastores y sacerdotes están obligados a acompañar a la ciudadanía en estos momentos de violencia en la región.
“Hay que acompañar física, moral y emocionalmente a la gente, después del brote de violencia tan fuerte que hemos tenido desde el domingo pasado”, insistió García, quien resaltó que “Aguililla, después de un periodo de cierta calma tras mucho sufrimiento, otra vez ha sido golpeada por la violencia”.

“Hay que estar con la gente, para que no se deje llevar por el desánimo y la desesperanza. La paz es posible si todos la asumimos como una responsabilidad personal”, agregó el obispo, que remató: “En mitad de la tempestad, Cristo está con nosotros”.
Aunque la convocatoria se hizo de manera abierta a toda la ciudadanía, no fue una marcha concurrida. El temor aún existe en Aguililla. Otros vecinos consultados atribuyeron la baja asistencia a que la invitación se hizo con poco tiempo de anticipación. Pero el miedo no es nuevo ni circunstancial: es el mismo que durante años ha acompañado a este municipio de Tierra Caliente cada vez que la disputa criminal se recrudece.
Aguililla, el pequeño municipio enclavado en la región de Tierra Caliente que vio nacer a Nemesio Oseguera Cervantes, ha vivido durante años bajo la sombra de la violencia criminal. Aunque en distintos momentos las autoridades federales anunciaron operativos para recuperar el control y restablecer la conectividad con municipios vecinos, la cabecera municipal y localidades aledañas han quedado marcadas por la quema de vehículos, ataques armados y desplazamientos forzados que alteraron la vida cotidiana de sus habitantes.
Los testimonios recogidos en la región en distintos periodos dan cuenta de una violencia que no es nueva, sino recurrente y cambiante.
Habitantes y líderes comunitarios han señalado que cada brote responde a disputas internas o a reacomodos criminales, pero que la población civil termina siendo siempre la más afectada. La sensación predominante, dicen, es de incertidumbre permanente: no saber cuándo volverá a estallar la siguiente ola.
