Dalila Sarabia · 14 de febrero de 2026
El gobierno capitalino invirtió 50 millones de pesos para hacer de la Plaza de la Constitución un corredor 100 % peatonal, que ayudaría a incentivar la economía y el turismo, pero la cantidad de vallas colocadas en la zona dificulta también el cumplimiento de dicho propósito.
Desde hace al menos un año, caminar por el Zócalo se ha vuelto una prueba de obstáculos y resistencia. No se puede atravesar ni caminar por la plaza debido a que se encuentra cercada por vallas de poco más de un metro de alto, que se colocan y descolocan dependiendo de movilizaciones o eventos de gobierno.
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Tampoco es posible andar alrededor, pues en los carriles que solían ser vehiculares y que hace 20 meses fueron peatonalizados, otras vallas limitan el libre tránsito.
Para completar el cuadro, ya tampoco se permite pasar por el corredor frente al Antiguo Palacio del Ayuntamiento, donde despacha la jefa de gobierno, Clara Brugada, y que en pasadas administraciones era libre. Ahí, aunado a la colocación de barreras metálicas, hay vigilancia policiaca permanente y personal gubernamental que prohíbe el acceso.
A consecuencia de esta situación, visitantes locales o extranjeros —de cualquier edad, sin importar condición médica o discapacidad, ni bultos o maletas que carguen— se ven en la necesidad de rodear tres, cuatro o más cuadras para poder llegar a sus destinos, incluida la estación del Metro.
“Es una arbitrariedad, de plano esto no se vale”, reclamó Carlos Rodríguez, quien visitó el primer cuadro de la ciudad para realizar unos trámites. “Nos hacen caminar tres cuadras para poder rodear lo que se puede hacer directamente; (el Zócalo) no es peatonal, es para el gobierno, para los fines que al gobierno le convengan; que se pongan en los zapatos de los peatones”, recalcó.

“¡No hay paso!”. Es lo que repiten, una y otra vez, los trabajadores del gobierno capitalino quienes con sus chalecos guindas custodian cada una de las entradas al Zócalo: Pino Suárez, cerrada; 20 de noviembre, cerrada; 16 de septiembre, cerrada; Madero, cerrada; 5 de mayo, cerrada.
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En Pino Suárez, a un costado de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) y en 5 de mayo, apenas hay una pequeña rendija en donde la gente debe hacer malabares para poder acceder. Con bultos, bicicletas, carriolas y hasta motos, todos se arremolinan para intentar entrar o salir, pero sin libertad.
“Seguido está cerrado y no se entiende, entonces, realmente cuál es la función. El primer cuadro se ha ido transformando precisamente para que haya menos carros, para que se transite seguro”, señaló el docente Juan Manuel Covarrubias. “A veces no todos tienen buenas ideas y piensan que sus ideas son funcionales, pero no”, agregó.

Caminar por Madero, la primera calle convertida en andador 100 % peatonal de la Ciudad de México, significa transitar libremente hasta que, al llegar al Zócalo, vallas y carpas frenan de golpe la experiencia ciudadana de recuperación del espacio público.
“Para la gente ya grande o a nosotros como discapacitados debería ser más fácil (que nos dejen pasar) y no, ahorita nos hacen que yo camine todo y no puedo, pero qué puedo hacer”, cuestionó Gustavo García.
En enero de 2024, el entonces jefe de gobierno, Martí Batres —hoy titular del ISSSTE— publicó en la Gaceta Oficial del Gobierno capitalino un acuerdo por el que se clasificó como peatonal el Circuito Plaza de la Constitución en el Centro Histórico, con el fin de que la ciudadanía y visitantes se apropiaran de la plaza pública más importante del país.

“Es un hecho relevante, histórico porque le estamos dando a este espacio, que es el principal espacio público del país, una connotación especial. Es una conquista de los peatones que están en la cúspide de la pirámide de la movilidad. (…) Es una reconquista de apropiación social y cultural de la gente y tiene mucha relevancia histórica para nuestra ciudad”, sostuvo Batres cuando dio a conocer el acuerdo.
En el documento se explica que los objetivos de peatonalizar el Zócalo serían: garantizar el libre tránsito de los peatones en dicha plaza, resaltar el valor histórico y cultural de las edificaciones ahí albergadas; priorizar el tránsito peatonal, sobre los vehículos motorizados; y rescatar, dignificar y revitalizar el uso del espacio público para que las personas que transiten lo utilicen como sitio de sana convivencia, en el que al caminar se pueda disfrutar, admirar y sentir todas las expresiones culturales que lo rodean.
Para peatonalizar la Plaza de la Constitución, el Gobierno capitalino invirtió 50 millones de pesos, recursos públicos con los que se colocaron 13 mil 163 metros cúbicos de concreto hidráulico, 5 mil 713 metros cuadrados de asfalto, se retiraron 97 semáforos, se pintaron 31 jardineras, se nivelaron 53 accesorios hidráulicos y se pintaron 39 postes.

El proyecto de peatonalización —que nació de una consulta ciudadana— permitió la instalación de mesas y jardineras, además de la plantación de árboles y flores. Sin embargo, el mobiliario fue retirado y está en resguardo.
El 12 de mayo de 2024, Martí Batres encabezó una caminata en la zona para inaugurar la peatonalización del Zócalo, un proyecto que a 21 meses de inaugurado no cumple con la función prometida.